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31 de agosto de 2016

Estados de la materia

En mis tiempos mozos, en la EGB (alumno de la ESO, la EGB es de cuando se estudiaba), estudiábamos que la materia se presenta en tres posibles estados o formas: sólido, líquido y gaseoso.

Como hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, de vez en cuando surge un nuevo estado. En el mundo de la física, ya se acepta un cuarto estado de la materia: el estado plasmático, el de los gases ionizados.

A mí, qué quieres que te diga, el estado plasmático se escapa un poco de mis entendederas  porque yo pienso en el agua y lo veo claro: hielo, agua y vapor de agua.

Helado gay
Quien dice hielo, dice helado, ¿verdad?

Gay agua
¡Agua vaaaaaa!
 
Baile gay
Supersólido

¿Pero agua plasmática o plasma acuático? No sé, no lo veo... Es más, a mí me dicen plasma y sólo se me ocurren dos cosas: el plasma sanguíneo (de las pocas entregas de bienes exentas de IVA, para que lo sepas) o las teles de plasma (que no están exentas de IVA, vaya mala suerte).

TV Rosa
¡La maritele de plasma existe!
Por otro lado, también en mis tiempos, en clase de lengua (eso que se habla y escribe, no lo que metes en la campanilla del primero que se deja) estudiábamos que los adjetivos son palabras que expresan una cualidad del sustantivo al que acompañan o que delimitan la extensión y alcance del sustantivo.

En el caso del estado, por ejemplo, se puede acompañar del adjetivo civil, relativo a los ciudadanos. Y el estado civil, como los estados de la materia, también puede cambiar.

Como me sucedió a mí a finales de abril: de soltero a casado.

No me vengas con ¡ohhhhh, qué sorpresa! Los buenos lectores de este espacio (que los hay) recordarán que hablé de papeles varios. Y si no, aquí te lo recuerdo. ¿Para qué iba a tener que hacer tanto papeleo? Pues eso, cabecita pensante.

Porque, vamos a ver, si te compras una casa con el churri (y con el banco, no lo olvides), lo suyo es hacer las cosas bien... En el caso del AMQP (que sigue siendo Algo Más Que Pretendiente, pero que muchísimo más) y mío, unos meses después de comprar la casa ya hicimos testamento. Para garantizar que, en caso de que acontezca el luctuoso suceso, el superstite respire. No es plan que a uno se le muera el churri y además las pase putas para pagar la casa. Sí, el churri se le muere a uno. La opción de morirse uno antes que el churri no se contempla, es de muy mal gusto.


¿Y con el testamento no era suficiente para dejar todo claro? Pues no. El Derecho Civil español, en materia de herencias, es muy caprichoso y, aunque haya últimas voluntades, el reparto de la masa hereditaria no es el mismo si hay vínculo matrimonial o no... Así que, no, el tema, aunque suficientemente resuelto, no estaba totalmente resuelto.

Además, ¡qué coño! A mí me hacía ilusión casarme. Que es un papel, sí. Que no garantiza que las cosas vayan a ir bien por firmar ese papel, también. Que un matrimonio sólo puede acabar mal, también, porque o hay divorcio o la muerte les separa antes o después. Pero no deja de ser un paso que me apetecía dar. De gritar como una loca que quiero al AMQP.

Gay grito
Haddoquin, gritando como una loca


Así que, lo hablamos (hablé yo, el AMQP es de pocas palabras), lo pensamos (el AMQP, a mí me entró una llorera del copón), lo decidimos (anda, una cosa que hacemos juntos), nos informamos (ejem, un plural de la primera persona con la que soy más que generoso con el AMQP) y... contra pronóstico, en muy poco tiempo, estaban los papeleos hechos y la autorización en la mano. Sólo faltaba poner fecha.

Nosotros habíamos pensado en un bodorrio de primeros de verano, con el buen tiempo; un viernes o sábado, para que la gente estuviese disponible. A ver qué decía el juzgado. Allí que se fue Haddoquin, un miércoles, a hablar con una funcionaria muy maja, para consultar agenda. El diálogo fue tal que así:

- Hola, Venancia Ifigenia, que nos casamos un viernes o sábado. Cuando nos digas.
- Pues un sábado, como que no, Haddo. Porque tiene que ir el concejal a tu finca, te cobraría más y no les gusta (ups, que además eso no está permitido). Así que un viernes aquí, mil veces mejor y gratis, que en el Ayuntamiento cobran, pero aquí no.
- Sea, un viernes.
- Pues el del puente de mayo no porque me voy de puente... El anterior.
Glups. Haddoquin, un servidor, coge el zapatófono:
- AMQP, ¿el viernes de la semana que viene tienes algo? ¿Nada especial en el trabajo? Vale. Pues te casas conmigo ese día a las 13:00.


Como quien dice de la noche a la mañana. Lo suficiente para comprar las alianzas y reservar restaurante para la familia más cercana exclusivamente. La celebración ya la haríamos en verano, con el buen tiempo y bien preparada, con detallitos y esas cosas.

Y mira, no lo voy a negar, el jueves ya me notaba algo nerviosillo. El viernes también se veía al AMQP nerviosillo. A las 12:15 salimos para el juzgado, fuimos los primeros en llegar, nos fuimos a tomar algo al bar de Sonia (que nos felicitó sin decir nosotros nada). Llegó mi hermano con mi cuñada, luego mi cuñado... luego el resto, entramos al juzgado, esperamos (atacados)... llegó un chicuelo joven... nos hicieron pasar.

El chiquito joven, con zapatillas, con unos chinos y una camisa que le quedaba grande... resultó ser el juez... que había tomado posesión unos días antes y oficiaba su primera boda.

Muy sencillo todo. Muy bonito. Alguna lágrima.

El juez nos leyó un poema al acabar. Deleznable, el poema. Entrañable, el juez.

Firmamos.

Firmaron los testigos.

Salimos a la calle, nos hicimos alguna foto todos juntos y nos fuimos al restaurante andando. Todo muy bueno. Llegaron dos familiares que no pudieron estar por la mañana y... ¡casados!

¡Y a casita a tomar unos dulces y beber champán!
(Ainssss, cómo se ve el cartón de la cabeza)


En fin, de soltero a casado; me siento feliz; igual que un gas que pasa a plasma.


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