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31 de diciembre de 2013

No apto para alumnos de la ESO

La lectura de "Herejes", de Leonardo Padura, con autógrafo suyo incluido, me está gustando mucho pero avanza pausadamente. Porque leo menos de lo previsto (muchas tardes no paro en casa); porque lo estoy simultaneando con al menos otras dos novelas más (una de ellas, Muu, de David Safier, con la que tampoco avanzo demasiado); y sobre todo, porque considero que es un libro para leer despacio, con calma, pensando (en especial en el Libro de Elías) y dejando reposar.

Mientras, además de la magistral "La solterona", de Edith Wharton, he leído otras dos novelas con un denominador común. Tachaaaaaán: libros para mujeres.

1. La felicidad es un té contigo, de Mamen Sánchez. Una cómoda edición de Espasa. Me encantan el título y la portada florida, para qué negarlo.

Tiene un punto cursi, pero mencanta

¿Cómo se te ocurre tirar el dinero en eso? pensó algún familiar cercano. Porque los antecedentes que teníamos con Mamen Sánchez eran gloriosos, reconozcámoslo. Hace unos años regalamos "Juego de Damas" (su novela anterior) a mi seño madre poco antes de ir de viaje al lago Mayor (la novela transcurre en el lago de Como, al que pensábamos haber ido inicialmente, aunque cambiamos para ir a Stresa). Lo leyó. No hizo ni un comentario. Raro. La hermanísima, con la mosca detrás de la oreja, lo leyó. Tampoco comentó nada. Más raro aún. Lo leí ... casi de lo peor que he leído (y recuerde). Dos historias: una en tiempo presente (infumable; más mala que pegar a un padre con un calcetín sudado), otra en tiempo pasado (esta sí, bastante aceptable). Lo curioso es que nos dio mucho juego y un sin fin de risas allá en Verbania: en el lago Mayor nos llamábamos entre nosotros Pelusina, Lady Morgan y Doménico.

Con ese antecedente, hacerse con "La felicidad es un té contigo" era una locura. Pero un buen día vi la banda promocional con un comentario de Ana María Matute que me dejó K.O. Palabras de mi seño madre: "lo habrá dicho después del gin-tonic". Ya te figurarás lo que pasó... soy fácilongo (a quién voy a engañar a estas alturas): ¡caí!

¡Sorpresa de las buenas! Me gustó, me divirtió y algo más: hay momentos muy tiernos. Y a mi los momentos tiennnos me ganan. La historia es simpática, ocurrente (también con un final previsible, cierto), hay momentos con chispa, protagonistas adorables (aunque sean muy tipificados, al igual que cae en algunos tópicos españoles), hay buenos y malos. En resumen, se trata de una novela entretenida, dinámica, recomendable para pasar un buen rato, sonreir y no darle vueltas a la cabeza (vaya, no apto para niñas demoníacas), y que deja muy buenas sensaciones (salvo por la madre de Atticus, detestable y demasiado protagonista en la parte final).
 
 También sería una felicidad tomar un té con leche contigo
Pero antes, lava la taza... tacita

2. El despertar de la señorita Prim, de Natalia Sanmartin (sin acento, por mucho que lo he buscado por todo el libro) Fenollera. Su página oficial, muy cuqui, donde puedes leer el primer capítulo (que no es el mejor, pero no te van a destripar el libro por la mitad) y algunas cosillas cuquis más.




Lo tenía entre ceja y ceja  (es lo que tiene no depilarse el entrecejo, otra confesión más) desde que hacía meses. Lo vi un día de compras compulsivas de mi seño madre y la hermanísima: mientras ellas veían tiendas y más tiendas en el oukelele de Las Rozas Village donde sólo ven y ven pero nunca compran, yo resistía sin hacerme el harikiri, estoicamente, ojeando libros (y al dependiente buenorro también, lo admito; librero buenorro y marilistillo también).

Típica librería y típico dependiente-librero de centro comercial
 
¿Y quién es la señorita Prim? Porque a mi Prim sólo me suena al nunca tuve claro si político o militar o las dos cosas a la vez que salía en las clases de historia en los tiempos de Isabel II. Aclaración pertinente para los sufridores de la ESO: Isabel II fue primero una reina de España; luego resucitó y ahora es la abuela política de la hermana de Pippa Middelton. ¡Atiza! Resulta que la señorita Prim es... ¡como yo!
  • Todo delicadeza y finura: ella tampoco eructa.
  • Poseedora de buen gusto: le gusta el té y me da que también le gustan las barbas.
  • Culta: ella más, que para eso se sabe de memoria a Tácito, Virgilio, Horacio, Suetonio y Flavio Josefo; yo no paso del "Asno de oro" de Apuleyo.
  • Moderadamente atractiva... bueno, igual me gana; seguro que tengo más muslamen que ella, pero ¡ella no tiene barbita!
  • ¡Y bibliotecaría! Ains, si la hermanísima y yo estuvimos a puntos matricularnos a Biblioteconomía por la UNED hace unos años...

En definitiva: un personaje de otro tiempo. Igual que como me siento más veces de las deseables, que debería haber vivido en el siglo XIX, entre las clases muy acomodadas, preferiblemente en Inglaterra.

Digamos que esperaba poco de él (del libro, no del dependiente, por si te habías quedado en modo bucle): un "libro para mujeres". Y sí, la trama del libro no tiene mucha ciencia, en particular por lo previsible del desenlace, pero el relato está bien llevado y, para mi gusto, mejora mucho a medida que avanza. Además, al final me ha dado una posible idea para el próximo destino primaveral con la seño madre y la hermanísima: Norcia, Umbria, Italia (alumno ESO: el país con forma de bota). Bueno, siendo un poco más realista, Gubbio (que sí es algo conocido), Perugia (donde el chocolate es el rey) y Asís, cuna de San Francisco.


¿Y de qué va? (Modo alumno ESO: on) Pues de que (Modo alumno ESO: off) a la señorita Prim le pasan cosas... Algunas casi inauditas: cruzarse con un capitán leñador en el bosque encontrar trabajo (vaaaale, en ningún momento sabes en qué país estamos, se admiten apuestas; lo que es seguro es que no es España). Otras cosillas más comunes: recaer en un pueblo idílico (que mantiene gran parte del atractivo de la novela), en una casa idílica alejada de la civilización. Se cruza con unos personajes encantadores, incluyendo el jefe-dueño (mente sado, no van por ahí lo tiros), que la llevan a un mundo de luz y de color a reflexionar. Y de nuevo, sorpresa, porque esas reflexiones, con las amigas (inevitablemente a una le pongo siempre cara de Bette Midler), con la madre (fantástica), con el dueño de la biblioteca (hmmm), con el amigo (es gay, ¿verdad?), con el monje (¿cuántos años tiene?), hasta con la cocinera (bruja), están más que bien. Mucho más profundo de lo que esperaba, a mi me dejó algo tocado durante unos días.

Curiosamente, entre otras cosas, ... se habla de los "libros para mujeres". Lo que vendrían a ser novelas escritas normalmente por mujeres (al menos nominalmente; algunas son a cuatro manos), no especialmente buenas, pero no malas del todo (algunas sí); libros dignos, normalmente dulces (en ocasiones tiennnos) con final casi siempre feliz (sí, ése también). Y es curioso porque a mi ese tipo de libros, con relativamente pocas pretensiones pero que van de frente, casi siempre me gusta.

En mi caso, tiendo a negar esa división de "libros para hombres" (o "libros serios") - "libros para mujeres".
  • A los lectores nos suele importar cero si quien escribe es hombre, mujer o medio-pensionista; si el libro es bueno y te gusta, es bueno y . 
  • La mujer es el género bobo (bien, de todos es sabido; mujer, cuanto antes lo asumas, mejor), pero hay que presumirle cierta capacidad lectora, incluso más que a los alumnos de la ESO, que no tienen división "libro para productos de la ESO"
  • Igual que los mariescritores aceptan lectores heterosexuales (tal vez por si se cambian de bando), los escritores hombres (buenorros o no) no escriben sólo para los hombres y las escritoresas mujeres sólo para las mujeres... por mucho que el negocio editorial tenga y diseñe nichos raros (si hasta Belén Esteben tiene libro para su público).

Puede que la forma de narrar de unos y otras sea distinta (por los motivos que sea), pero habría tantos contraejemplos... Emilia Pardo Bazán, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Sor Juana Inés de la Cruz o Antonio Gala, por limitarnos al español.

En definitiva, lo que hay es buena literatura (escrita por hombres o por mujeres), mala literatura y productos de ocasión para alumnos de la ESO.

 * * * * * * * * * * * *

FELIZ 2014

 
¡Esta noche una buena copita de champán!

23 de diciembre de 2013

Es complicado ser adulto



Adriana bien podría ser su nombre ficticio, pero es real, como toda esta historia. Tan simple y compleja a la vez.

Adriana se despidió en un gesto rutinario e inocente. Con una sonrisa, moviendo la mano. Todas las sonrisas son bonitas si las pones en la cara de una joven que apena supera los veinte años. Y la sonrisa de Adriana era completa y sincera; incluía también la sonrisa en su mirada.

Hasta ahí, todo normal. Una chica que se despide de sus amigos y algunos compañeros. Lo menos habitual es que en su despedida también me miró, a mí, sonrió y agitó su mano. Contenta, se despidió de mí.

Debió de ser el movimiento de la mano lo que desató la ráfaga de pensamientos. Un movimiento habitual, frecuente, mil veces visto. Pero también infantil; algo impropio para una veinteañera ante uno de tantos profesores. Un detalle que desvela, pensé, lo complicado que es ser adulto. Dejar de ser niño, joven, pasar a ser adulto, pero manteniendo rasgos de los tres estadios. Siendo cabales, ningún adulto ni adolescente rebelde se despediría jamás así de uno de sus profesores al salir de un examen.

Ese gesto con el que ninguno de sus complementos circunstanciales armonizaba me conmovió. Por el cariño y la ternura fuera de contexto que desprendía. Por su candidez. Por su rastro infantil. Porque es difícil ser adulto las veinticuatro horas del día con la mezcla de comportamientos que ya lleva registrada una joven de veinte o veintiún años, que se mueve entre un mundo conocido y uno desconocido.

De niño a adulto

Desde mi atalaya de la treintena avanzada, pensaba ufano y confiado que cada día, cada paso y cada experiencia definen más el carácter, alejándolo del infantil y adolescente, formando el adulto en el que uno se convierte, entrando en un mundo, el adulto, en el que las incertidumbres van quedando atrás y las dudas encuentran certezas.

Pocas horas más tarde, sin saber cómo, los pensamientos se volvieron turbios y me movía en las arenas movedizas de la indecisión, del temor a lo desconocido. No fue una buena tarde.

Ya apuntalada en apariencia mi estructura, restablecida la fachada que hace de máscara, afrontando de nuevo el mundo exterior, en una conversación poco relevante, un detalle inocente, también desveló mi zozobra. Un detalle que, como el de Adriana, alguien también apreció y que fue la génesis de una conversación amarga que acabó con un “te quiero”.

Para terminar, como en las pelis, un buen beso

11 de diciembre de 2013

Exceso de tinte rubio



Este fin de semana largo constitucionalista (y de Madbear, con lo que me gusta una barba y todo lo que la acompaña) ya había amenazado con ir al cine el sábado a ver una peli francesa, así que el de la butaca de al lado contratacó y propuso ir a un concierto el viernes. A él la música le chifla. Él canta mucho y bien (en cambio, uno sólo sirve para dar el cante), por lo que el plan musical no era de extrañar.

Distintas razas de osos presentes en el MadBear 2013
 
Buena pinta ¿verdad? Pues sí, salvo por dos detalles menores:
  1. Era un concierto de jazz. Que sí, que me gusta; pero no siempre y, sobre todo, si es un día en el que has acumulado cansancio, los párpados se vuelven muy pesados y Zzzzz. Pero nada de excusas, el viernes era festivo (y no infernal viernes laboral). ¡Adelante!
  2. El plan incluía ir con una amiga suya. En realidad fue ella quien le propuso a él ir y él pensó que a mí me gustaría el concierto. Aunque tú no eres una rubiatonta (o sí, que hay días buenos e igual lo disimulas) y el tinte no te ha afectado demasiado (si logras seguir el elaborado guión de una peli porno, tu cerebro puede absorber más tinte rubio por ósmosis), por si no lo captas, se trataba implícitamente de la presentación del partenaire.
Rubiatonta ... ¿qué te llevó a aceptar este papel?

¿Pánico? Nada. Al fin y al cabo pasar por el trago de presentarme en sociedad a una amiga (que luego resultaron ser dos y un amigo de la amiga acoplada; ¡el género humano cómo se multiplica, oiga!) era cosa más bien suya. ¡Adelante!

Como suele suceder cuando menos vueltas le has dado a las cosas... Mencantó. De principio a fin.

Bravo por O Sister, un grupo de jazz vocal de Sevilla. (Para que veas que soy güeno, un enlace a su güé donde puedes escuchar algunas cosillas; duda ¿por este enalce no se va a la cárcel, no?)

 Una sorpresa y una delicia

Mencantó todo. La música con ese sonido antiguo años 30, según ellos inspirado en la hermanas Boswell. Ahhhh, maricainculta, te he pillado... ¿no sabes quiénes son? Yo tampoco hasta hace cuatro días. Pero salen en la Wikipedia, así que alguien deben ser; las canciones, tanto las alegres (especialmente) como las melodramáticas; el impresionante scat (hala, googlea, pero no te vayas a lo guarro, que te veo...) que se gastan los tres vocalistas a lo largo de dos horas; la puesta en escena, la ropa, los bailecillos; las risas de Paula y Helena al presentar las canciones (ya he incorporado a mi vocabulario la palabra partenaire, como habrás notado), el buen feeling que había en el escenario, entre el público y en nuestra mesa... si  hasta se olvidaron cobrarnos una ronda de cervezas.

En definitiva, muy recomendable para pasar un buen rato, con una música que ya no se escucha.

Ya tengo pensados tres CD para regalar en estas entrañables fechas navideñas: los dos discos de O Sister y un single con el anuncio de la lotería.

Está claro que no me dormí en el concierto. Ahora bien, ¿superaría la prueba de la presentación en público del partenaire? Ains. ¡Diría que sí!

Pero te preguntarás, ¿no ibais el sábado a ver una peli? ¿Qué pasó? ¿Qué oculatas? Ains, la peli francesa del sábado igual fue demasiada tortura para una relación incipiente.

Aquí una de las dos cosas buenas de la peli: los libros del fondo en esta escena
La otra es que, aunque parece que no lo va a hacer nunca, termina
(y con suerte sigues vivo)

Porque Le week-end no es que sea mala, ¡no! Es un coñazo que ni llega a ser mala porque te da igual si es buena o mala de lo aburrida que es. ¡Sólo quieres que el de al lado te achuche la peli se acabe! ¡Sólo quieres que el de al lado te meta mano tener a mano un cuchillo (cerda, a ver qué habías pensado) para sacar a la dramaqueen que llevas dentro y acabar con ese tostón insufrible! Y sino … atacar al de al lado un yoyó para ahorcarte con la cuerda. Cualquier cosa es mejor que eso.

Habrá que decir que los actores están muy en su papel. Vale, lo admito. Pero ¿qué papel? ¿Es que hay guión? Cualquier peli porno tiene más y mejor guión. ¿O es que lo hay y no lo capté por algún motivo? Exceso de tinte ...

Colin, tú también sabes que el tinte rubio hace mucho daño...

2 de diciembre de 2013

¿Por qué los japoneses no se han extinguido?

Llevo un tiempo desaparecido por aquí. Me han pasado varias cosas; ninguna importante, a decir verdad; pero sí lo suficiente para tenerme más ocupado de lo que quisiera.

Laboralmente, un jefe me sorprendió con una proposición deshonesta. No, no me va a poner un pisito y mantener a cambio de mis favores sexuales (que, oye, igual no era mala cosa). Nooo. Una oferta para un puesto que, me parece, tiene trampa. Es decir, una oferta trabajar como un condenado para que él ponga su firma. Lo triste es que muy posiblemente vaya a aceptar su oferta (la del trabajo). Porque en el panorama no se divisa nada mejor, me temo, y el plazo para darme a la buena vida acaba con las uvas y el Año Nuevo.

Posible ejemplar a quien mantener a cambio de un favor

Socialmente, el experimento de mezclar al acompañante de cine (¿con ciertos derechos?) con un amigo (y pretendiente insistente) no funcionó. La idea era que el amigo se diese cuenta de cual era su sitio. Ingenuo de mi, pensaba que era buena idea, que el trato sería mejor, más fluido. Pero no. Las secuelas han sido peores, incluyendo un "No quiero que nos veamos más si está X". Y mira, chico, a mi ya nadie me dice a quien tengo que ver y con quien. Eso sí que no. Por ahí no paso.

¡Si sigues pesado, le pido ayuda a Sean y verás tú!

Además, entre cenas (con la compañía cinematográfica una de ellas, ains; de trabajo otra), tés (el té es diurético, empiezo a parecer una fuente), cumpleaños y demás, no tengo casi tiempo para leer. Casi no avanzo con ninguna de las tres novelas con las que estoy. Por cierto, "Nadie quiere saber" la última entrega de Alicia Giménez-Bartlett y su Petra Delicado me ha gustado bastante. Obviamente, tratándose de una novela negra no puedo comentar gran cosa de la trama, que sorprende, aunque, comparada con la realidad, mucho me temo que se queda corta. Me ha gustado ver a una Petra algo más doméstica y también algo irascible.

De lo más destacable de la semana: "Una familia de Tokyo". Se trata de un remake, pero como no vi el original, a mi plin. Mira que a mi lo oriental (excepto la versión más occidental y comercial de la comida japonesa, las tiendas Muji y poco más) no me tira demasiado, pero esta película japonesa me gustó mucho. Puede que en parte porque me sintiese cercano o identificado con varias situaciones de los personajes. Muy posiblemente, pero además la historia (algo larga quizás) está muy cuidada, a la par que es extraordinariamente sencilla.

El papel de la madre, del padre, del hijo pequeño y su novia son geniales
pero no me pidas que diga los nombres en japonés

Una reflexión de la peli. Sigo teniendo claro que la cultura japonesa no me convence, por muchas cosas buenas que tenga (que las tiene). Pero esa falta de contacto físico entre familiares (padres e hijos; madres que no dan un abrazo o un beso a los hijos)... me puede. Y mira que yo puedo ser arisco, pero no deja de chocarme.

¡Con esa forma de ser lo raro es que los japoneses no se hayan extinguido hace siglos!


21 de noviembre de 2013

Cine, cine, cine; más cine por favor

Hace un tiempo, después de una temporada viendo auténticos bodrios a precios disparatados, estaba dejando de ir al cine. Mis amigos no son muy de cine y mis amigas, ya emparejadas con sus actuales maridos, tenían mejor plan y compañía. Hace poco más de un año, en una de esas medidas positivas que introduje, también decidí que, si me apetecía ir a ver una peli, superaría esa sensación de soledad que siempre me había causado la gente que iba sola al cine, que no iba a perderme algo que me gustase por estar solo, no tener con quien ir o lo que quiera que fuese.

El experimento me fue más que bien. Vi muchas películas buenas y regulares que me gustaron y no recuerdo ninguna que me dejase con mala sensación. La palma se la llevaron "Amor", las adaptaciones de los novelones del Siglo XIX ("Los miserables", "Anna Karenina", "Grandes Esperanzas"), las películas gastronómicas (en particular la dulce "El chef" y "La cocinera del presidente") y alguna comedia tipo "Una pistola en cada mano". Resultado: volví a congraciarme con el cine; ya sea sólo, acompañado o acompañando.

En las últimas dos semanas he ido tres veces al cine. ¿Alineación de los astros? No. ¿En tratos con algún director, actor, productor, etc.? Tampoco. ¿Entonces? Ahhhh.

Cómo acabé viendo "Thor, el mundo oscuro" en la semana cumpleañera es algo para lo que la ciencia jamás tendrá respuesta. Vaaaaaale, admitamos que la barbita (una pena ese cuerpo sin medio pelo) de Chris Hemsworth está de muy buen ver... Admitamos que Natalie Portman me pareció (en algún momento remoto del universo espacio-tiempo) buena actriz...

La Pataky será rubia, pero tuvo buen gusto


Pero Haddoquín, si a ti nunca te han gustado las pelis de superhéroes desde que viste en el cine "Superman 3"; no vas al cine únicamente para ver macizorros (en la pantalla); no matas por ver interpretaciones extraordinarias a lo Nuria Espert; si la única oportunidad para ejercer de repelente niño Vicente podía ser un "Mira, eso es Greenwich"... ¿Qué está pasando aquí?

Tú, marica mala sabelotodo, seguro que has acertado: la explicación estaba sentada en la butaca de al lado. Ains. Hasta ahí puedo leer. Ains. Porque no sé qué más decir. Ains. Hubiera querido que la peli no hubiese acabado nunca para que siguiese allí, con la cabeza recostada en mi hombro. Y más ains. Pero el dicho "bicho malo, nunca muere" no se cumple en esta peli, el bicho malo muere (es de superhéroes, algo te podías oler, no me acuses de spoiler) y con él la peli. Hora de coger el coche. Y en el coche, pensando en ir a tomar algo, me quedé dormido... Imperdonable.

Segundo asalto: "Blue Jasmine".

Esta vez la peli la elegí yo. Porque me apetecía verla, así de simple. Con ello, confesado queda, le di ocasión de quedar bien, tipo "qué comprensivo soy, vamos a ver esto que no me apetece; y vamos por ti" (como me pasó a mi con Thor, aunque luego la peli me gustase más a mí que a él). "Blue Jasmine" me gustó mucho, las cosas como son, sea muy de Woody Allen o no, eso me da igual. Cate Blanchett lo borda, mencanta; la peli da pie a ponerse existencialista en un debate a lo Garci posterior; Alec Baldwin, cosa rara, está tolerable, no hace de psicópta y no entran ganas de matarle; y Sally Hawkins (Anne Elliot en la última adaptación conocida de Persuasión, janeaustenadictos) también está brillante en su papel de hermana menos afortunada (o más, según se mire). Lo dicho, para mi y mis gustos: muy buena.

Pero lo que más te interesa, cotilla, es saber qué pasaba en la butaca de al lado... Zzzzz. Zzzzz. Zzzzz. Se quedó dormido, el pobre. Y con su sueño, mis ganas de ir a tomar algo después, de charlar, reír (sí, créeme, el debate a lo Garci lo hubiera dejado para otro rato) y, quien sabe, tal vez reproducir una y mil veces el beso que me dio el día anterior y que le devolví por triplicado. Ains. Ains. Ains.

Jasmine se toma la copa que yo no pude...

A la tercera... llega el desatino. Porque "¿Quién mató a Bambi?" es un desatino y grande. Vale, ya sabía que iba a ser gamberrada pero es que, en mi opinión, está mal llevada. La idea puede ser original, puede haber escenas graciosas, pero en su conjunto... no pasa de ser peli para sesión de cine a 3,50€.

Vale, igual mi opinión algo crítica tiene otros motivos. Además de que la peli no daba para mucho, no había calefacción en la sala (tampoco hacía demasiado frío, debía ser el calor humano) y la butaca de al lado estaba vacía. Y eso sí era frío.

Lo dicho: cine, cine, cine; más por favor


16 de noviembre de 2013

Los años en Júpiter

¡¡¡Por fin, llegó la semana cumpleañera!!!

El tiempo vuela y nos hemos plantificado con 3,2 años si estuviéramos en Júpiter. Un crío. En la Tierra, eso se traduce en 38 añitos de nada. ¿Hay mejor edad que esta? No. No volvería atrás en el tiempo, ni querría adelantar el reloj biológico, estoy feliz como una perdiz con 19 años en cada pierna. (¿Eso no suma 57? Sólo a ratos)

Enlazando con la anterior, semana con actividades. Estuve en "Qué desastre de función", de Michael Frayn y versión de Paco Mir (que triplica en los escenarios de la capi; castellaniza nombres y españoliza algunas situaciones) en el Teatro Caser Calderón (ya no es de los helados, eso sólo en verano por lo visto, que son de temporada). Muy divertida. Divertidísima.

¿Dónde ha puesto el plato de sardinas la señora Clackett?

Iba yo algo encabronado con el universo. Culpa mía: ir al centro en el 5 no suele ser buena opción y lo sabes Haddoquín... Esta vez no fue una excepción y acabé crispado antes de llegar. ¿Por qué el autobuseros se para si el semáforo está en ámbar? ¡Estamos en Madrid, no se para si no está la policía delante! ¿Por qué el autobusero se para si el semáforo está en rojo? ¡Estamos en Madrid; que te van a ocupar el cruce y nos va a tocar otro semáforo más! ¿Por qué el autobusero se para si el semáforo está en verde? ¡Sí, sorpresa, los coches han invadido el cruce y el autobús no puede avanzar! Más de media hora de retraso, mal humor. Nunca positifffo, siempre negatifffo.

Pues bien, una vez allí, en el quinto piso del gallinero (entradas gratis, no pidas más) comenzó el milagro. Porque "Qué desastre de función" no te va a descubrir la verdad de la vida; no te va a llevar a una sesuda discusión existencialista. Nooooo. Pero va a lograr que te olvides de todos tus males durante un buen rato y salgas de buen humor y contento del teatro.

Para qué negarlo, yo empecé frío (aún maldiciendo), pero acabé sin parar de reír. El montaje me gustó y entre el elenco puedes encontrar a: Anna Barrachina (ex Amar), muy correcta en el único papel cabal; Carmen Conesa (también ex de Amar), genial en su eterna búsqueda de las sardinas y reconduciendo el desastre de función; Josep Linuesa, muy bien, aunque me figuraba (influencias de la peli) a su personaje algo más mayor.

Mención especial 1: Juli Fábregas. Ains, ains, ains y más ains... ¡Qué director! Para comérselo y repetir. Mi acompañante me miró mal cuando le dije que era muy achuchable. ¡Qué falta de gusto! Pero mejor, si el no lo quiere, todo para mí.

A mi me pareció acuchable, en el cartel y en persona

Mención especial 2: Vanesa Romero, la rubia tonta. Los momentos más hilarantes corrieron a cargo suyo. Y siendo un vodevil, a lo que se va es a reírse. Papel muy agradecido, sin duda. Ella lo aprovecha y lo borda. Las escenas con/sin la bolsa, son de pura carcajada.

Nunca Hacienda cayó tan bien

Para quien no sepa de qué va, hay una adaptación cinematográfica de Peter Bogdanovich de 1993, que es la que yo llevaba en mente, con Michael Caine, John Ritter, Christopher Reeve y... ¿quién hacía de llamaba Mrs. Clackett? Momento estelar, en el descanso, hablando con mi invitante de la película, sin recordar la actriz, la mitad de una pareja de ositos sentados en la fila de atrás, que debía estar con la parabólica desplegada, nos lo chivó: Carol Burnett. Según mi invitante, la otra mitad de la pareja previamente le había pasado una mirada escáner descarada que ni Superman.

Sinceramente, la obra teatral es mucho más divertida y está más lograda que la película. Así que, si estás en Madrid, quieres olvidar las penas y reír bien un buen rato, es una muy buena opción.

Viernes: ¡¡¡Cumpleaños feliz!!!

11 de noviembre de 2013

A falta de polvo, ¡polvorón!



Es una verdad universalmente conocida que los domingos pueden venir llenos de deliciosas promesas de momentos de paz, sosiego y tranquilidad, tan necesarias para el alma. Un despertar ideal para escuchar el trino cantarín de los pájaros mientras el Sol entra por la ventana (¡Marisol forever) y calienta paulatinamente los pies en la cama. Crean un ambiente igualmente propicio para iniciar el día a un ritmo pausado, dulce y mimoso. Además, para los más afortunados (esa mala gente que no comparte el secreto de su éxito con el resto de la humanidad, tan necesitada), también incluye oportunidades para cómplices y juguetonas escaramuzas en la cama, sin prisa, con todo el día por delante.


Improbable pero posible amanecer

Mi domingo de la semana pasada ni fue tan pastoril, ni romántico ni tuvo tintes romático-austenianos. Vino con niebla, sin Sol; sin escaramuza amorosa (so lelo, eso te pasa por no haber querido aprovecharte de la debilidad de un amiguete). Nada de amanecer bucólico, en estado zombi, algo perrete y lamentando no haber tomado una cerveza más, ya fuese para olvidar o para traicionar a la conciencia. Un estado calamitoso, vamos (no hay testimonio gráfico, se sienteeeee).

Es lo que tienen dos noches casi sin dormir a estas edades, que dejan huella. Mucha huella si uno es diurno y acostarse tarde no implica despertarse más allá de las 8 o de las 9.

Aún remoloneando, el día salió adelante y todo estuvo preparado para “La fiesta del polvorón”.

Que nadie malpiense; no hay connotación erótico-festiva alguna (igual había que pensar en hacer una que sí lo tuviera). Se trata de una mera excusa inventada este mismo año para vernos media familia, liando a mi sobrina para que invitase a polvorones y celebrar las notazas que está sacando. Ella ponía los polvorones; yo casa, cafés y tés (y unos sobaos pasiegos que hice el sábado -más de una hora haciendo moldes de papel, también- y que triunfaron); el resto ganas de charla y pasarlo bien.


Había doce sobaos, pero uno se precipitó por la rendija del horno y el otro...

Todo para culminar con una timba de Monopoly salvaje. No pienses (en general; ni cosas raras en particular); únicamente se trata de multiplicar por 10 todo lo que hay que pagar (se facilitaba calculadora para las víctimas de la LOGSE), para que acabe rápido. 


El Monopoly de mis sobrinas es más convecional, por eso no gano

¡Inmejorable preludio de la semana cumpleañera!
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