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31 de octubre de 2013

Como Kate Winslet

Cosa curiosa: últimamente parece que cuanto más confundido estoy, mejores me parecen las novelas que leo.

Si ya comentaba que andaba algo desorientado, el grado máximo de desorientación ha llegado. Después de unos días escribiéndome con un mozo, quedamos para vernos una tarde. Lo imposible se hizo realidad. ¡Oh! Era todavía mejor de lo que parecía. Guapo, buen tipo, con una sonrisa embaucadora y una mirada para hacerte sentir como si fueses lo único que existe en el mundo. Mil proyectos en marcha, inquietudes, pinta de buena persona, interesante, dulce, cariñoso. Para perder la cabeza. Encima con barbita y buen besador. Definitivamente, la cabeza perdida y las palpitaciones a mil.

 Otro ejemplar de don Perfecto

¡Sorpresa, la atracción del primer encuentro fue mutua! Buena señal. Volvimos a quedar pocos días después. Plan en mente: pasear, cenar fuera, tomar algo, charlar, ver qué tal. Sin saber bien cómo, me dejé liar y acabé preparando una cena ligera en mi casa. Me seguí dejando liar: diez minutos de cena en el sofá, besos y juegos de sofá hasta las tantas, más besos, juegos de cama y descanso hasta el despertar del día siguiente. Alguna reflexión (que la hubo) tipo "esto va muy rápido para tí, Haddoquín" fue ahogada a base de sensaciones, también me sentía cómodo, a gusto. Mucho.

Pasó lo que tenía que pasar: el nuevo día llegó y, con él, el hombre perfecto se marchó. La Tierra se lo tragó. No hay que ser un científico eminente para tener la certeza de su huida. Él quería una cosa; yo, muy gustoso, se la di. Nada que objetar, conste; los dos o pasamos bien y, en una noche fría, siempre es gustoso encontrar el calor de las mantas y el de otro cuerpo. Entonces, ¿qué pasa? Únicamente que mi perfeccionada psique janeausteniana (que reina en mi yo más profundo; lo reconozco y no me avergüenza reconocerlo) elaboró cientos de ilusiones románticas, todas acordes con mis esperanzas. Él no era ajeno, lo sabía. Resultado: no pude haber leído peor la situación y, totalmente cómplice, dejé que mis sueños invadiesen la realidad. Ahora toca penar un poco.

¿Por qué muchas veces la gente no va siempre de cara, dice las cosas claras desde el principio y, si quiere algo distinto no lo aclara para no llevarse a engaños? Está claro, cada uno es como es. Por mi parte, no voy a dejar de ser como soy porque haya quien sea de tal o cual manera y procuraré (otra cosa es que lo consiga) tener la cabeza más fría en el futuro. Pero ahora, me siento como Marianne Dashwood después del abandono de Willoughby. Ya se me ha puesto cara de Kate Winslet.

Precisamente el cambio de forma de ser y de actitud es parte, no la fundamental, de la última novela que he leído estos días: "Reencuentro", de Fred Ulhman, una novelita fascinante, escrita en 1960 y editada (muy bien, por cierto) por Tusquets. Una vez leído el libro, he sabido que el libro tiene algo de biográfico y algo más de la vida de Ulhman, que se acabó haciendo pintor.

Magnífica novela. Impecable

Tengo este ejemplar gracias a ¿SomosNovios? Es su novela preferida y fue su regalo de punto y seguido. Muy buen gusto. Formalmente, la novela está escrita en una prosa muy sencilla, justo lo que necesita la narración. Los saltos en el tiempo, necesarios. Por lo que se refiere al fondo, la novela se desarrolla en la Stuttgart de entreguerras. Son muchos los aspectos que me han gustado:
  • El amor por la ciudad, la región (Suabia, Wurtemberg), el país, los ríos, el campo.
  • No cae en sensiblerías ni sentimentalismos.
  • Uno de los puntos fuertes es el sentido de amistad de los protagonistas, en especial de Hans. De Konradin no diré nada para no adelantar una sorpresa. La necesidad que tienen los dos de tener un amigo y de cómo lo consiguen. Algo que, además, se puede generalizar a los pequeños grupos de alumnos, como el "Caviar" o, incluso, a la sociedad.
  • También es muy destacable cómo se recogen cuestiones como la diferencia de clases (por abolengo o renta) o las diferencias entre el comportamiento individual y colectivo. El comportamiento de los padres (del padre de Hans, en particular) y de Konradin son buenísimos ejemplos. La experiencia del ingenuo Hans permite ver todos estos detalles.
  • No se centra en los nazis y crímenes nazis, pero no evita afrontar el tema y acusar a buena parte del pueblo alemán de entonces de haber permitido lo que sucedió, pero también admite que hubo quienes plantaron cara. Curiosamente, en Inglaterra Ulhman estaría bajo sospecha por ser alemán.
En definitiva, se trata de una novela magnífica.
Una de las pinturas de Ulhman

25 de octubre de 2013

¡Vaya días! Mientras tanto, unos Huéspedes inesperados y Dostoievski

En estas últimas semanas he estado algo desorientado. Bueno, igual un poco más que algo... bastante, tal vez. Bastante, sin el tal vez. Sin llegar a ser excesivo, aunque perseguir a una barbita rubia que se cruzó un día por la calle no es buena señal de nada, me temo (fue sólo un pequeño desvío al llegar a casa un día a la hora de comer, tampoco fue para tanto). El primer sorprendido he sido yo mismo, que no me esperaba comportándome de forma tan irracional. Pero así han sido las cosas. 

Esta barbita (y el cuerpo que la acompaña) también es muy perseguible.

Mientras las cosas se ordenan, mejor me limito comentar las dos de las últimas novelas que he leído, muy distintas entre sí.

"Huéspedes inesperados", de Sadie Jones, es una graciosa novela que transcurre plácidamente (en parte) en una apartada casona de la campiña inglesa en las primeras décadas del Siglo XX. Bastante bien llevada (con una salvedad), una narración amable y cordial, con fina ironía y un punto extravagante; muy inglesa.

Un crítico del Wall Street Journal reseñó que es inevitable compararla a Downton Abbey. ¿Qué queréis que os diga? Se ha retratado el crítico. Antes de Downton Abbey ya existía gente como Nancy Mitford (entre otros), a la que evocan tanto la propia serie como el tono que emplea Sadie Jones. Cosas de la vida, en la lectura del primer capítulo (que la Editorial Tusquets pone gratuitamente a disposición de todos los interesados aquí; una iniciativa de varias editoriales que me parece muy acertada), el nombre de Sadie me hizo recordar al personaje de la genuina tía Sadie, de Alconleigh, en la saga de "A la caza del amor". Y lo que leí de la novela también tenía ese aire Mitford, así que decidí comprar el libro y probar.

La amiga Sadie (Jones, no Radlett). ¡Melena estupenda!

En términos generales me ha gustado. Inicialmente me gustaba mucho; una vez concluido el libro lo dejo en un "me ha gustado", sin el mucho. La relación entre los huéspedes esperados y miembros de la casa, su evolución, los detalles sueltos que va revelando sobre los huéspedes inesperados y la intriga y tensión que va generando está muy bien. Emerald, Charlotte, Clovis, Ernest, Buchanan, Florence, Charlie (muy cargante) son personajes muy cinematográficos y no cuesta nada imaginárselos (la novela es muy peliculera, lo que no es necesariamente malo ni bueno). Ahora bien, en un determinado momento (no revelable) la novela pincha estrepitosamente. Una revelación clave que es más o menos previsible, pero que me parece que sigue un camino algo decepcionante para los lectores. Casi llega a dejar una sensación de tomadura de pelo. Hay que reconocer que el juego desagradable que plantea, lo es y mucho; y consigue su objetivo. También, una vez pasado el "No me puedo creer que sea esto", la narración se recupera para poner el punto y final y lograr dejar una sensación positiva.

Tal vez sea ese tono optimista (ya digo, una vez pasado el juego y sacado lo peor de todos) lo que me haga ver "Huéspedes inesperados" con buenos ojos. Al final, quieran o no, acaba saliendo lo bueno de todos. Hay a quienes no convencerá el giro que toma. A mí, en conjunto, sí. Hubiera podido ser mejor, sin duda; pero es lo que hay y está más que bien. Me resultó muy entretenida y amena..

Amena, entretenida y, sobre todo, fabulosa es "La dulce", de Fiódor Dostoievski, una novelita muy corta escrita en 1876, editada por Funambulista, que es una verdadera maravilla. Puedes leer un fragmento aquí, también por cortesía de la editorial.



¿Se puede escribir mejor? No, igual sí; mejor, imposible. Más, también, porque el relato se devora en un bocado lector. Da igual el tema; la forma que tiene Dostoievski de entrar en la mente humana es magistral. El relato no tiene desperdicio; ya desde la nota del autor, donde deja caer una alusión a la condena a muerte (en el texto habrá otra), ¡como si el propio Dostoievski hubiera sido ajeno a algo así!

El soliloquio trágico del protagonista es memorable. Sus idas y venidas, sus remordimientos y justificaciones. Sus silencios, la incomunicación. Y el azar, o las ganas de culpar al azar de nuestras faltas. A bote pronto, con el cuerpo del cónyuge presente, la referencia más próxima que me viene a la cabeza es "Cinco horas con Mario", también genial, aunque los temas de fondo son distintos: la obra de Delibes tiene doble fondo, es un pretexto, frente a la concreción e intimidad de "La dulce", también muy intensa y algo inquietante.

¡Fabulosa!

18 de octubre de 2013

Verano tardío



Que en la Feria del libro compres (aunque luego te regalen) una novela de mediados del Siglo XIX (para los de la ESO: equis, palito, equis equivale a diecinueve en números romanos) no es algo del todo frecuente. Eso mimso me ha pasado este año y fue un acierto. “Verano tardío” de Adalbert Stifter, de la editorial Pre-textos, es una auténtica maravilla.


Antes de “Verano tardío” sólo había leído “El sendero en el bosque”, gracias a la recomendación de Marisa (ains, La Regenta; os queremos). Para mi hermana, hace unos cuatro o cinco años; un detalle por algún arreglo textil de casa, imagino. En casa de la hermanísima, la novela pasó a formar parte del caos apilado de su biblioteca. Sin pena ni gloria. O eso pensaba yo. Hasta que un día, hará un año, estando en su marquesado y con ganas de meterme con su desorden librero, le pregunté si ya había leído “El sendero en el bosque”. Sorpresa. Sí. Le había gustado y ya empezaba a entrar en detalles sobre la relación del protagonista con la naturaleza antes de que la cortase. Me llevé el libro, lo leí y también me gustó (algo normal, tratándose de Impedimenta), incluyendo el protagonismo que concede a la naturaleza. Así que nota mental: leer algo más de Stifter. Y la ocasión llegó en un paseo por la Feria del libro.

“Verano tardío” es una novela de apariencia sencilla. Siendo francos, lo que más impone de su apariencia no es la sencillez, sino las casi novecientas páginas del tocho. A quien no le gusten las novelas largas y lentas, que no se atreva con ésta (ya está avisado). A mí, personalmente, me parece que el tamaño no importa (tratándose de cuestiones literarias; en otros temas, a ver…) y que si la historia es buena y necesita espacio, hay que dárselo.

La sencillez formal se percibe principalmente debido a una estructura de cánones muy clásicos (ni rastro del romanticismo de la época), una escritura muy sencilla (muy buena la labor de traducción), que, además, se refuerza con la escasez de personajes (menos de diez) y con el juego de evitar los nombres de los dos protagonistas principales de la trama hasta las últimas cien páginas (sí se cita a von Risach en alguna ocasión en la primera parte, pero de Heinrich no conocemos su nombre hasta casi el final). Por evitar se evita mencionar que la ciudad: Viena, según la contraportada.

Tal vez ese marco de sencillez permita a “Verano tardío” simbolizar también la búsqueda del propio ser, el perfeccionamiento de uno mismo, como algo sencillo, como una evolución natural. Podría ser. Evolución natural, en parte; al mismo tiempo que es convenientemente guiada. Porque tanto en el caso de Gustav (de forma expresa, von Risach es su preceptor, lo que podría verse como la formación precisa en la infancia y juventud), como en el de Heinrich (más sutil, no formativo; el desarrollo personal y no sólo gracias a von Risach, Eustach, Mathilde, su padre, sino también por el efecto de la montaña, omnipresente), se da un proceso de aprendizaje del ser humano, en particular de sus bondades y virtudes. Podría ser.

La práctica ausencia de los nombres de los protagonistas también podría pretender dotar de carácter universal a la novela. Algo que también tiene sentido si se considera la sucesión (casi diría el círculo virtuoso) entre von Risach, el mejorado Heinrich y, un paso por detrás, a la siguiente generación, a Gustav (en formación aún). Un círculo muy bonito y logrado, en mi opinión.

Resulta fabuloso el doble diálogo (en la práctica monólogo), entre von Risach y Heinrich, en los que el barón explica su experiencia y los motivos que le llevan a ser la figura magnética que es durante toda la novela y su relación con Mathilde y Nathalie. Relato en el que se ponen de manifiesto los paralelismos y las contraposiciones entre las historias von Risach-Matilde y Heinrich-Nathalie. Es una historia deliciosa y toda una lección de cómo decir las cosas sin decir nada. Como son fantásticos la mayoría de diálogos (infrecuentes, no es su fuerte) y reflexiones que tiene el personaje principal o sus interlocutores. Reconozco que algunas reflexiones sobre ideales artísticos se me pudieron hacer algo extensos. Una tara menor (más mía que de la novela).

Se puede decir que la acción es lenta. Muy lenta. En una cincuentena de páginas puede que sólo se describa un paisaje de montaña, el glaciar del Simmi, parte de la Casa de las rosas, la ninfa del Sternenhof o algún otro elemento decorativo. Ahora bien, esas descripciones profusas proporcionan el envoltorio perfecto para colar unos sentimientos y unas reflexiones muy intensos, que el autor va deslizando poco a poco y con los que, al menos en mi caso, logra dejar una sensación optimista, positiva; fondo y forma van de la mano y, página a página, Stifter ensalza valores en ámbitos muy diversos: desde el arte, a las personas; valores universales y que siguen vigentes ciento cincuenta años después.

Una “pequeña” joya de novecientas páginas a la que sólo podría la objeción de su precio (por encima de los cuarenta euros, casi cincuenta), lo que justifica que sea una buena opción para pedir como regalo.


11 de octubre de 2013

Esme Lennox



Estos días, en un par de ratos de tren y otros de reposo casero, he leído “La extraña desaparición de Esme Lennox”, de Maggie O´Farrell, editado por Salamandra. No había leído nada de esta buena mujer hasta que me dieron el primer capítulo de “Instrucciones para una ola de calor”, que me gustó. Como la semana pasada no estaba el libro que quería, para ahogar las penas amargas, me llevé otros cuatro, éste en edición de bolsillo a muy buen precio.
Tranquilidad: no voy a desvelar nada relativo a la trama; no como la contraportada, que cuenta más de lo debido.
La extraña desaparición de Esme Lennox
El título me gusta, la portada también. Pero no lo compré por eso

“La extraña desaparición de Esme Lennox” es una novela corta muy recomendable escrita en femenino, no por la trama sino porque los tres personajes son mujeres: Iris (algo deslucida, su historia interesa poco), Esme (la Norma Duval, la vedette, de la novela) y Kitty (real como la vida misma).
Son tremendas las relaciones que unen los vértices de este triángulo de hermanas, abuela y nieta y tía abuela y sobrina. Ahí es nada lo que va saliendo a la luz. Si pensabas que tu familia tenía trapos sucios, ésta te hace parecer Don Limpio.

Cuerpazo
Un moderno ejemplar de Don Limpio. Tengo las ventanas están algo sucias, debería llamar.
 
Ya desde el principio está claro que la historia que sostiene la novela es la que corresponde a Esme y Kitty. La parte de Iris flojea por todos lados, resulta menos creíble, aporta poco y se hubiera podido prescindir de su historia con Alex y Luke. Que sí, que el triángulo amoroso tiene lo suyo (muuuucho) y podría haber dado para otra novela, pero lo cierto es que se queda en nada comparado con el trío de reinas. Con una historia tremenda en doscientas páginas ya hay más que de sobra y con lo se va desgranando de la relación Esme-Kitty (de la bruja de su abuela y la boba de su madre) es más que suficiente para enganchar al lector. Porque esta novela engancha.
El final no es sorprendente; el desenlace final en sí mismo mismamente no lo es, aunque sí hay sorpresas y de las gordas (lo que queda muy bien porque explica el título de la novela). De hecho, éste es uno de los puntos fuertes de la novela: saber qué va a pasar; porque algo tiene que pasar, ¿no?; el ámbito temporal de la novela, en la historia presente, es muy corto. El misterio del silencio que (no siempre) ha rodeado la existencia de Esme. El otro punto fuerte son los sentimientos. Destacaría el amor fraternal y la traición.
La novela tiene una prosa rápida y suelta (además, la edición es cómoda y se lee muy bien); es útil y muy efectiva; no roba protagonismo a la trama; tampoco es particularmente seductora. Se prescinde casi por completo del espacio, sabemos que estamos en Edimburgo y la India, pero podríamos haber estado en cualquier otro sitio. El tiempo tampoco es algo especialmente relevante, pero sí el contraste de los marcos temporales presente-pasado. Las transiciones entre las tres protagonistas se suceden muy convenientemente y los silencios, muy oportunos, acaban siendo explicados. La trama está muy bien llevada, paso a paso y bien dosificada.

Guapo
Estamos en Edimburgo, está claro

Personalmente, la narración de Kathleen es la que más me ha gustado. Es verdad que es la parte del relato que acumula y resuleve más tensiones (ojo, a Esme le tocan partes muy duras también), pero también es la que se percibe más real.
Todo el mundo puede ser Kitty y convertirse en Kathleen. Sin quererlo. Eso es lo más inquietante.

7 de octubre de 2013

Un poco de todo

Después de poco más de un mes, se acabó lo que se daba: nos dejamos, mutuamente. Pacíficamente y con una sonrisa, como siempre. Él lo había visto venir hacía una semana y aguantó mis inseguridades y vacilaciones, aunque fue preparado con un regalo de despedida. A mí, me costó más darme cuenta, pero acabamos estando de acuerdo. Una vez más. Una vez admitido el final, los dos nos sentimos mejor.

Si es verdad eso de que el primer amor deja huella, la que él me va a dejar va a ser inmejorable. Me parecía y me sigue pareciendo una persona estupenda. Porque es bueno; no hay otras palabras. Cuando estábamos con sus amigos, se notaba. A solas, también. Conmigo se ha portado como nadie, más no puedo pedir, sólo agradecer; me ha ayudado a ser mejor persona, a superar algunos miedos.

Miedos irracionales, como diría él; incluyendo el miedo a dejarle. Me ha dado fuerza para mirar de cara los miedos, aunque luego vengan otros y otros. Porque eso, entre otras cosas, es la vida. No sólo las risas. Que las ha habido y muchas.

Y las habrá, además, porque seguirá a mi lado. Como amigo. Ya sin tensión y en una nueva situación. He perdido un novio, el primer amor, pero he ganado un amigo en quien confiar en las buenas y en las malas. El tiempo dirá si sé conservarlo o no.

Hoy no me siento lo triste que se supone que debería; sí un poco tocado por el cambio. Porque sé y siento que hoy soy mejor que ayer. Que no me engaño, ni le engaño. Que ha sido maravilloso y así tenía que ser. Ahora, que venga lo que tenga que venir. Estoy más preparado.

Una canción necesaria: Proud, de Heather Small, la vocalista de M People. No te quedes en el título, lo importante, seas como seas, es la letra.


No es el vídeo original, lo sé. Pero en éste se ve Londres y eso siempre es una alegría.

Por él y por mí. Para vosotros, si queréis compartirla.


4 de octubre de 2013

Una de libros: En caso de felicidad



Mientras termino  “Verano tardío” (en mi caso el verano ya es otoño), os comento uno de los últimos libros que he leído. Tachaaaaán.
 
Foenkinos
 La portada es bien fea, reconozcámoslo

Sí, yo también he comprado algún libro por la portada (que levante las dos manos del teclado quien no lo haya hecho nunca) y el resultado ha sido dispar. Algunos han estado bien y otros han sido un bodrio o un pestiño. Pero este asunto de las portadas lo dejamos para otro día. A lo que iba…

“En caso de felicidad” es una novela cortita de un 190 páginas de David Foenkinos, muy conocido por ser el autor de la “La delicadeza”, esa delicia de libro que llevó de la mano de su hermano a una también deliciosa película. Además, Foenkinos está de moda en las librerías estos días; hace poco ha salido su última novela “Estoy mucho mejor”, que ya está oportunamente en el rincón de libros pendientes y de la que ya tendrás la crónica oportuna. Estas dos últimas novelas, junto a una publicada entre ambas, “Los recuerdos”, han sido editadas por Seix Barral.

La delicadeza

Markus también es una delicia

Probablemente “En caso de felicidad”, “El potencial erótico de mi mujer” o “¿Quién se acuerda de David Foenkinos?”, sus tres novelas previas editadas en español (por Kailas) hayan tenido un repunte de ventas por el efecto de la adptación al cine de “La delicadeza”. Al menos, a mí fue lo que me llevó a comprar “Los recuerdos”, que me gustó (y mucho), aunque la gente con la que la comenté siempre añadía un “pero me gustó más La delicadeza”. De ahí, a echar para atrás... con la suerte de que “En caso de felicidad” me encontrase ocioso en La Casa del Libro de la calle Maestro Victoria a principios de septiembre.

“En caso de felicidad” presenta varios de los rasgos foenkinianos habituales: la ternura, los detalles de la vida cotidiana, la escritura ágil, la falta de linealidad del tiempo o las manías u obsesiones que se repiten y ayudan a estructurar y redondear la historia.

En esta ocasión, sin engañar a nadie, desde el principio queda clara la situación: el matrimonio aparentemente idílico que viven Jean-Jacques y Claire no tardará en saltar por los aires, lo que permite que entren en escena algunos personajes no poco curiosos y divertidos, como Igor e Ibán, y se vivan situaciones cómicas.

Mientras la vida de Jean-Jacques y Claire se separa y sabemos de sus aventuras y desventuras (que de todo hay), cobra protagonismo la vida de los padres de ella, René y Renée, muy caricaturizados (marca de la casa Foenkinos); lo que podría verse como la versión futura de Jean-Jacques y Claire. Son ellos, con el triste Edouard, Sabine (un personaje del que se podía haber sacado más) y Sonia, y junto con Igor e Ibán y los dos protagonistas, quienes dan cuerpo a una novela en la que cada uno avanza en búsqueda de su felicidad y de dar sentido a su vida, con aciertos y errores.

En mi opinión (particular y subjetiva, claro, como todas), hay un pequeño bajóncillo hacia la mitad. Nada preocupante. La novela repunta en un final con alguna que otra sorpresa, deja una buena sensación.

Muy guapo
Una sorpresa final

No será el mejor libro escrito sobre la faz de la Tierra y tendrá una portada feonga, pero sí está bien planteado y resuelto. Lo que ya tiene su mérito. Entretiene, está lleno de detalles (Ginebra o Cielo sobre Berlín, por ejemplo), muy cuidada la narración y hace pensar en algunas ocasiones. Por si fuera poco, la edición, además, es cómoda, muy legible y apenas contiene erratas.

En suma, lectura recomendable.

2 de octubre de 2013

¡1 Año!


Hace un año (día arriba, día abajo) decidí reconducir mi vida. En ello sigo.

Para celebrarlo, abro este blog y una buena tarta.
Guapo
¡Rica tarta!

Primer paso dado a la hora de reconducir la vida de uno: decir “NO” a lo que ni sumaba ni aportaba nada y que sólo restaba; a lo que me hastiaba. Hora de confirmar una dimisión que rumiaba desde antes del verano.

Así empecé a cambiar ese "NO" rotundo por un "SÍ" a lo que me gusta. A cosas sencillas, como los calcetines de colores.
Guapo
Éste pobre sólo tenía blancos; nadie es perfecto

A ir al cine, a hacer el ganso sin importarme nada, a darme algún capricho en forma de libro o de chocolate. Ya lo descubriréis (o no). Y sobre todo: A SER YO MISMO.


Está claro, si puedo evitarlo...


¡No quiero más dramas en mi vida!
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