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Mostrando entradas de octubre, 2013

Como Kate Winslet

Cosa curiosa: últimamente parece que cuanto más confundido estoy, mejores me parecen las novelas que leo.
Si ya comentaba que andaba algo desorientado, el grado máximo de desorientación ha llegado. Después de unos días escribiéndome con un mozo, quedamos para vernos una tarde. Lo imposible se hizo realidad. ¡Oh! Era todavía mejor de lo que parecía. Guapo, buen tipo, con una sonrisa embaucadora y una mirada para hacerte sentir como si fueses lo único que existe en el mundo. Mil proyectos en marcha, inquietudes, pinta de buena persona, interesante, dulce, cariñoso. Para perder la cabeza. Encima con barbita y buen besador. Definitivamente, la cabeza perdida y las palpitaciones a mil.

 Otro ejemplar de don Perfecto
¡Sorpresa, la atracción del primer encuentro fue mutua! Buena señal. Volvimos a quedar pocos días después. Plan en mente: pasear, cenar fuera, tomar algo, charlar, ver qué tal. Sin saber bien cómo, me dejé liar y acabé preparando una cena ligera en mi casa. Me seguí dejando li…

¡Vaya días! Mientras tanto, unos Huéspedes inesperados y Dostoievski

En estas últimas semanas he estado algo desorientado. Bueno, igual un poco más que algo... bastante, tal vez. Bastante, sin el tal vez. Sin llegar a ser excesivo, aunque perseguir a una barbita rubia que se cruzó un día por la calle no es buena señal de nada, me temo (fue sólo un pequeño desvío al llegar a casa un día a la hora de comer, tampoco fue para tanto). El primer sorprendido he sido yo mismo, que no me esperaba comportándome de forma tan irracional. Pero así han sido las cosas. 
Esta barbita (y el cuerpo que la acompaña) también es muy perseguible.
Mientras las cosas se ordenan, mejor me limito comentar las dos de las últimas novelas que he leído, muy distintas entre sí.
"Huéspedes inesperados", de Sadie Jones, es una graciosa novela que transcurre plácidamente (en parte) en una apartada casona de la campiña inglesa en las primeras décadas del Siglo XX. Bastante bien llevada (con una salvedad), una narración amable y cordial, con fina ironía y un punto extravagante…

Verano tardío

Esme Lennox

Un poco de todo

Después de poco más de un mes, se acabó lo que se daba: nos dejamos, mutuamente. Pacíficamente y con una sonrisa, como siempre. Él lo había visto venir hacía una semana y aguantó mis inseguridades y vacilaciones, aunque fue preparado con un regalo de despedida. A mí, me costó más darme cuenta, pero acabamos estando de acuerdo. Una vez más. Una vez admitido el final, los dos nos sentimos mejor.
Si es verdad eso de que el primer amor deja huella, la que él me va a dejar va a ser inmejorable. Me parecía y me sigue pareciendo una persona estupenda. Porque es bueno; no hay otras palabras. Cuando estábamos con sus amigos, se notaba. A solas, también. Conmigo se ha portado como nadie, más no puedo pedir, sólo agradecer; me ha ayudado a ser mejor persona, a superar algunos miedos.
Miedos irracionales, como diría él; incluyendo el miedo a dejarle. Me ha dado fuerza para mirar de cara los miedos, aunque luego vengan otros y otros. Porque eso, entre otras cosas, es la vida. No sólo las risas. …

Una de libros: En caso de felicidad

¡1 Año!