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21 de noviembre de 2013

Cine, cine, cine; más cine por favor

Hace un tiempo, después de una temporada viendo auténticos bodrios a precios disparatados, estaba dejando de ir al cine. Mis amigos no son muy de cine y mis amigas, ya emparejadas con sus actuales maridos, tenían mejor plan y compañía. Hace poco más de un año, en una de esas medidas positivas que introduje, también decidí que, si me apetecía ir a ver una peli, superaría esa sensación de soledad que siempre me había causado la gente que iba sola al cine, que no iba a perderme algo que me gustase por estar solo, no tener con quien ir o lo que quiera que fuese.

El experimento me fue más que bien. Vi muchas películas buenas y regulares que me gustaron y no recuerdo ninguna que me dejase con mala sensación. La palma se la llevaron "Amor", las adaptaciones de los novelones del Siglo XIX ("Los miserables", "Anna Karenina", "Grandes Esperanzas"), las películas gastronómicas (en particular la dulce "El chef" y "La cocinera del presidente") y alguna comedia tipo "Una pistola en cada mano". Resultado: volví a congraciarme con el cine; ya sea sólo, acompañado o acompañando.

En las últimas dos semanas he ido tres veces al cine. ¿Alineación de los astros? No. ¿En tratos con algún director, actor, productor, etc.? Tampoco. ¿Entonces? Ahhhh.

Cómo acabé viendo "Thor, el mundo oscuro" en la semana cumpleañera es algo para lo que la ciencia jamás tendrá respuesta. Vaaaaaale, admitamos que la barbita (una pena ese cuerpo sin medio pelo) de Chris Hemsworth está de muy buen ver... Admitamos que Natalie Portman me pareció (en algún momento remoto del universo espacio-tiempo) buena actriz...

La Pataky será rubia, pero tuvo buen gusto


Pero Haddoquín, si a ti nunca te han gustado las pelis de superhéroes desde que viste en el cine "Superman 3"; no vas al cine únicamente para ver macizorros (en la pantalla); no matas por ver interpretaciones extraordinarias a lo Nuria Espert; si la única oportunidad para ejercer de repelente niño Vicente podía ser un "Mira, eso es Greenwich"... ¿Qué está pasando aquí?

Tú, marica mala sabelotodo, seguro que has acertado: la explicación estaba sentada en la butaca de al lado. Ains. Hasta ahí puedo leer. Ains. Porque no sé qué más decir. Ains. Hubiera querido que la peli no hubiese acabado nunca para que siguiese allí, con la cabeza recostada en mi hombro. Y más ains. Pero el dicho "bicho malo, nunca muere" no se cumple en esta peli, el bicho malo muere (es de superhéroes, algo te podías oler, no me acuses de spoiler) y con él la peli. Hora de coger el coche. Y en el coche, pensando en ir a tomar algo, me quedé dormido... Imperdonable.

Segundo asalto: "Blue Jasmine".

Esta vez la peli la elegí yo. Porque me apetecía verla, así de simple. Con ello, confesado queda, le di ocasión de quedar bien, tipo "qué comprensivo soy, vamos a ver esto que no me apetece; y vamos por ti" (como me pasó a mi con Thor, aunque luego la peli me gustase más a mí que a él). "Blue Jasmine" me gustó mucho, las cosas como son, sea muy de Woody Allen o no, eso me da igual. Cate Blanchett lo borda, mencanta; la peli da pie a ponerse existencialista en un debate a lo Garci posterior; Alec Baldwin, cosa rara, está tolerable, no hace de psicópta y no entran ganas de matarle; y Sally Hawkins (Anne Elliot en la última adaptación conocida de Persuasión, janeaustenadictos) también está brillante en su papel de hermana menos afortunada (o más, según se mire). Lo dicho, para mi y mis gustos: muy buena.

Pero lo que más te interesa, cotilla, es saber qué pasaba en la butaca de al lado... Zzzzz. Zzzzz. Zzzzz. Se quedó dormido, el pobre. Y con su sueño, mis ganas de ir a tomar algo después, de charlar, reír (sí, créeme, el debate a lo Garci lo hubiera dejado para otro rato) y, quien sabe, tal vez reproducir una y mil veces el beso que me dio el día anterior y que le devolví por triplicado. Ains. Ains. Ains.

Jasmine se toma la copa que yo no pude...

A la tercera... llega el desatino. Porque "¿Quién mató a Bambi?" es un desatino y grande. Vale, ya sabía que iba a ser gamberrada pero es que, en mi opinión, está mal llevada. La idea puede ser original, puede haber escenas graciosas, pero en su conjunto... no pasa de ser peli para sesión de cine a 3,50€.

Vale, igual mi opinión algo crítica tiene otros motivos. Además de que la peli no daba para mucho, no había calefacción en la sala (tampoco hacía demasiado frío, debía ser el calor humano) y la butaca de al lado estaba vacía. Y eso sí era frío.

Lo dicho: cine, cine, cine; más por favor


16 de noviembre de 2013

Los años en Júpiter

¡¡¡Por fin, llegó la semana cumpleañera!!!

El tiempo vuela y nos hemos plantificado con 3,2 años si estuviéramos en Júpiter. Un crío. En la Tierra, eso se traduce en 38 añitos de nada. ¿Hay mejor edad que esta? No. No volvería atrás en el tiempo, ni querría adelantar el reloj biológico, estoy feliz como una perdiz con 19 años en cada pierna. (¿Eso no suma 57? Sólo a ratos)

Enlazando con la anterior, semana con actividades. Estuve en "Qué desastre de función", de Michael Frayn y versión de Paco Mir (que triplica en los escenarios de la capi; castellaniza nombres y españoliza algunas situaciones) en el Teatro Caser Calderón (ya no es de los helados, eso sólo en verano por lo visto, que son de temporada). Muy divertida. Divertidísima.

¿Dónde ha puesto el plato de sardinas la señora Clackett?

Iba yo algo encabronado con el universo. Culpa mía: ir al centro en el 5 no suele ser buena opción y lo sabes Haddoquín... Esta vez no fue una excepción y acabé crispado antes de llegar. ¿Por qué el autobuseros se para si el semáforo está en ámbar? ¡Estamos en Madrid, no se para si no está la policía delante! ¿Por qué el autobusero se para si el semáforo está en rojo? ¡Estamos en Madrid; que te van a ocupar el cruce y nos va a tocar otro semáforo más! ¿Por qué el autobusero se para si el semáforo está en verde? ¡Sí, sorpresa, los coches han invadido el cruce y el autobús no puede avanzar! Más de media hora de retraso, mal humor. Nunca positifffo, siempre negatifffo.

Pues bien, una vez allí, en el quinto piso del gallinero (entradas gratis, no pidas más) comenzó el milagro. Porque "Qué desastre de función" no te va a descubrir la verdad de la vida; no te va a llevar a una sesuda discusión existencialista. Nooooo. Pero va a lograr que te olvides de todos tus males durante un buen rato y salgas de buen humor y contento del teatro.

Para qué negarlo, yo empecé frío (aún maldiciendo), pero acabé sin parar de reír. El montaje me gustó y entre el elenco puedes encontrar a: Anna Barrachina (ex Amar), muy correcta en el único papel cabal; Carmen Conesa (también ex de Amar), genial en su eterna búsqueda de las sardinas y reconduciendo el desastre de función; Josep Linuesa, muy bien, aunque me figuraba (influencias de la peli) a su personaje algo más mayor.

Mención especial 1: Juli Fábregas. Ains, ains, ains y más ains... ¡Qué director! Para comérselo y repetir. Mi acompañante me miró mal cuando le dije que era muy achuchable. ¡Qué falta de gusto! Pero mejor, si el no lo quiere, todo para mí.

A mi me pareció acuchable, en el cartel y en persona

Mención especial 2: Vanesa Romero, la rubia tonta. Los momentos más hilarantes corrieron a cargo suyo. Y siendo un vodevil, a lo que se va es a reírse. Papel muy agradecido, sin duda. Ella lo aprovecha y lo borda. Las escenas con/sin la bolsa, son de pura carcajada.

Nunca Hacienda cayó tan bien

Para quien no sepa de qué va, hay una adaptación cinematográfica de Peter Bogdanovich de 1993, que es la que yo llevaba en mente, con Michael Caine, John Ritter, Christopher Reeve y... ¿quién hacía de llamaba Mrs. Clackett? Momento estelar, en el descanso, hablando con mi invitante de la película, sin recordar la actriz, la mitad de una pareja de ositos sentados en la fila de atrás, que debía estar con la parabólica desplegada, nos lo chivó: Carol Burnett. Según mi invitante, la otra mitad de la pareja previamente le había pasado una mirada escáner descarada que ni Superman.

Sinceramente, la obra teatral es mucho más divertida y está más lograda que la película. Así que, si estás en Madrid, quieres olvidar las penas y reír bien un buen rato, es una muy buena opción.

Viernes: ¡¡¡Cumpleaños feliz!!!

11 de noviembre de 2013

A falta de polvo, ¡polvorón!



Es una verdad universalmente conocida que los domingos pueden venir llenos de deliciosas promesas de momentos de paz, sosiego y tranquilidad, tan necesarias para el alma. Un despertar ideal para escuchar el trino cantarín de los pájaros mientras el Sol entra por la ventana (¡Marisol forever) y calienta paulatinamente los pies en la cama. Crean un ambiente igualmente propicio para iniciar el día a un ritmo pausado, dulce y mimoso. Además, para los más afortunados (esa mala gente que no comparte el secreto de su éxito con el resto de la humanidad, tan necesitada), también incluye oportunidades para cómplices y juguetonas escaramuzas en la cama, sin prisa, con todo el día por delante.


Improbable pero posible amanecer

Mi domingo de la semana pasada ni fue tan pastoril, ni romántico ni tuvo tintes romático-austenianos. Vino con niebla, sin Sol; sin escaramuza amorosa (so lelo, eso te pasa por no haber querido aprovecharte de la debilidad de un amiguete). Nada de amanecer bucólico, en estado zombi, algo perrete y lamentando no haber tomado una cerveza más, ya fuese para olvidar o para traicionar a la conciencia. Un estado calamitoso, vamos (no hay testimonio gráfico, se sienteeeee).

Es lo que tienen dos noches casi sin dormir a estas edades, que dejan huella. Mucha huella si uno es diurno y acostarse tarde no implica despertarse más allá de las 8 o de las 9.

Aún remoloneando, el día salió adelante y todo estuvo preparado para “La fiesta del polvorón”.

Que nadie malpiense; no hay connotación erótico-festiva alguna (igual había que pensar en hacer una que sí lo tuviera). Se trata de una mera excusa inventada este mismo año para vernos media familia, liando a mi sobrina para que invitase a polvorones y celebrar las notazas que está sacando. Ella ponía los polvorones; yo casa, cafés y tés (y unos sobaos pasiegos que hice el sábado -más de una hora haciendo moldes de papel, también- y que triunfaron); el resto ganas de charla y pasarlo bien.


Había doce sobaos, pero uno se precipitó por la rendija del horno y el otro...

Todo para culminar con una timba de Monopoly salvaje. No pienses (en general; ni cosas raras en particular); únicamente se trata de multiplicar por 10 todo lo que hay que pagar (se facilitaba calculadora para las víctimas de la LOGSE), para que acabe rápido. 


El Monopoly de mis sobrinas es más convecional, por eso no gano

¡Inmejorable preludio de la semana cumpleañera!

8 de noviembre de 2013

La ocasión la pintan calva

De noche de Halloween a noche de los difuntos. Muelto difunto casi me quedo yo...

Parte 2. Noche del viernes: Carmen Maura.

Estos días está siendo en Madrid el Festival Internacional de Cine LGBT de Madrid LesGaiCineMad. A mí, sinceramente, lo de ver una peli porque sea muy gay, como que no; yo voy al cine si me apetece la peli. Por el motivo recóndito que sea: desde que sale Debbie Reynolds, a que está rodada en Venecia o a que se trate de una peli iraní en versión original muy intimista y yo tenga el día meditabundo. Me gustan películas la mar de variopintas y me apetece ver unas u otras según el estado de ánimo, el día. La única constante es que nunca diría que no a una adaptación de Jane Austen.

Cosas de la vida, héte aquí que el viernes proyectaban Let My People Go!, una comedia francesa de Carmen Maura (en cartelera ya hay otra). Hacía unos días había hablado con un amiguete algo loca (promotor de la idea del Rocky) que Carmen Maura ¡vuelve al teatro! Así que, aprovechando que él tenía acreditación para el festival (igual es algo más que uno poco loca), que era comedia, viernes y no teníamos nada mejor que hacer, ¡allí que fuimos! Previo paseo-charla-risas de dos horas y pincho de tortilla engullido a última hora.

Ains, l'amour

La peli está dirigida por Mikael Buch (libro en alemán; ups, que se me va la pinza, esto no son los Hausaufgabe de clase alemán), autor también del guión. Según el propio Mikael, que estaba de cuerpo presente, es una película muy personal, sobre cosas que le gustan, divierten, etc. Así es: hay escenas que tienen mucha gracia y te hacen sonreir (algunas reir abiertamente) y otras... no tanto, probablemente porque formen parte del mundo íntimo de Mikael y sólo sus amigos y familiares capten ese código secreto. En general, la película funciona. No cuenta prácticamente nada, pero es muy llevadera (a pesar del rato en el que hablan en finés) y resulta graciosa.

El metraje es el adecuado. A mi se me pasó volando. Tal vez si llega a durar cinco minutos más igual salgo del cine con ganas de asesinar a Ruben (Nicolas Maury). Su interpretación del francés apocado de familia judía al que echan del sueño que está viviendo está bien. Sin duda, las apariciones de Carmen Maura, totalmente exageradas y cómicas, eclipsan al resto. Memorable la escena del gimnasio judío con Golda Meir, las escenas de tinte...

El neno finlandés sale poquito. Ésta es la pareja protagonista

El que sale poco, ains qué pena (suspiros de fondo), es el novio finlandés, Teemu (Jarkko Niemi).

¿Antes o después de tropezarse con el guardabosques?
Por las ojeras, diría que después

Terminada la película, huímos del debate con el director (a lo Garci, pero en espacio libre de humos). Adiós a las posibilidades de lucimiento en el momento cultureta de la semana, votamos la peli (un 7, que me reí) y emprendimos a ritmo de paseo lento el camino hacía un bar (repetición del día anterior: dos días de dos) donde este amiguete había quedado con sus amigos. La música era menos petarda que el día anterior (ç'est la vie; lo único reconocible fueron Sonia y Selena; ¿es grave?), pero igual de lleno de ositos guapos y achuchables (dos días de dos). Ains. Y más ains. 
 
Y como parece que todo iba de repeticiones... ¡Oh, sorpresa! Ni me acerqué a nadie, ni nadie se me acercó. Igual soy un agujero negro del espacio sideral o una nube de antimateria me rodea. Ésta vez sí bebí la suficiente cerveza (más de una ya lo es), pero nivel de ligue: -2.
 
Pese a todo, la noche iba de risas. Hasta que la cosa empezó a cambiar. Sus amigos se desvanecieron por arte de magia. Fuimos a pedir a la barra unas cervezas y, viendo uno libre, me senté en un taburete (¡mi tesoro!). Error: posición vendida; pared al fondo, a un flanco la barra, al otro un gentío, sentado... Convertido en antílope y sin escapatoria, con mi amiguete encerrandome entre sus brazos y cuerpo y su boca rozando la mía. Mira que había barbitas apetecibles y sólo un amiguete con quien no habría querido nada. Pensaba que ya estaba todo aclarado entre nosotros. Pero no. No me lo esperaba. Tal vez debería haber percibido algo antes, pero lo cierto es que me pilló de sorpresa.
 
Momento delicado. En ese instante, sé que él está pasando un mal momento en su vida; sé (es palpable) que el quiere que pasemos toda la noche juntos ya en la cama; sé que no merece que yo le haga daño sólo por eso; pero también sé que, para mi, seguir un paso más (muy gustoso, la verdad; a mi también me lo pide el cuerpo, también es palpable) implica embrollar la situación y, en definitiva, poner fin a una amistad, todavía frágil, que valoro. Así que, a media máquina, enfrié la mente, le tranquilicé, procurando no hacerle sentir ridículo pese al rechazo, y salimos a una calle en la que, tal vez por efecto de la cerveza, el suelo no era tan estable ni estaba tan nivelado como cuando entramos.

Mi cuerpo no se quedó contento con esa decisión, pero mi cabeza sigue pensando que hizo lo que debía. Así que, a la espera de que el tiempo diga si hice bien o perdí una ocasión (que pintan calva), tan feliz.
 
Feliz como una perdiz y calvito.: ¡Qué feliz ocasión!
 

7 de noviembre de 2013

I wanna be dirty

Vamos a decir que siempre he sido una persona con una vida social limitada (sin llegar a nula, pero algo reducida), por lo que estos últimos días han sido fuera de lo común. Ha habido de todo: momentos cultureta, momentos feeakies, momentos tiennnnos...

Parte 1. Noche del jueves: Rocky Horror.

Cartel del evento. Rocky y Halloween; vaya combinación

Ni que decir tiene que yo era virgen del Rocky, pero no el único del grupo que íbamos (hay testimonio de la V en la frente; es Top Secret). Quien me invitó a ir lo hizo con algunas cautelas y advertencias, no sin un tono un tanto malicioso; a mi juicio, precauciones exageradas. Que uno ya tiene canas (y no me las tiño con Grecian 2000) y, de todos es sabido que los capitanes somos gente aguerrida, valiente y que se crece ante la adversidad. Además, también tenemos nuestro punto gamberro y desenfadado. Así que ¡a pasarlo bien!

Y lo pasamos genial. Por si no lo sabías, la peli es mala, mala, mala. De lo ridícula y absurda que es, acaba teniendo gracia. Súmale la música (momento épico el Touch-a touch-a touch-a touch me, I wanna be dirty, Thrill me, chill me, fulfill me, Creature of the night!), la divertida animación de la compañía, las interacciones estelares del público... es imposible no pasárselo en grande. Más aún si vas estás entre una panda de fanáticos del Rocky que se saben los diálogos.

Lo único malo: el suelo. Era duro, como buen suelo que se precie. En especial, se hace pesado durante la laaaaarga espera hasta que comienza. Que no hace falta tener a la afición esperando una hora. Lo bueno, como estaba hasta arriba, nos tocó apiñarnos un poco y mezclarnos algo con un grupo muy majete que había delante y se amenizó la dilación entre risas y comentarios. Eso sí, al salir, no sabes dónde tienes el culo, los pies o la cabeza. Son todo uno, una masa informe.

Después de la aventura Rocky, sin saber ni cómo ni por qué (alguna sospecha hay, tiempo al tiempo), acabamos en un bar en Chueca. Mi primera experiencia de bares en Chueca, si no me falla la memoria. Había mucho osito guapo y achuchable. Ains. 

Más guapos y más achuchables, si cabe
 
Y empezó la aventura: dos del grupo intentaron cazar a dos antílopes que parecían interesados entre sí. Caza infructuosa, hasta donde yo sé. Por mis partes mi parte, cómo no, ni me acerqué a nadie, ni nadie se me acercó. Nivel de ligue: -1. Tal vez no bebí la suficiente cerveza. En fin. No comment.

Y así pasaron las horas cantando animadamente a Yuri, Miguel Bosé (Don Diablo) y otras glorias de años mozos. Sólo debió faltar Rubi. Hasta que nos echaron. No porque desafinásemos animadamente (que también), sino porque echaban el cierre por ese día. Como yo con esta primera parte de las aventuras y desventuras de estos días.

¡Ella no era rubia de peluquería!
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