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31 de enero de 2014

Gracias, contribuyente



Sí, querido contribuyente. ¡Gracias! A ti, que sufres (en silencio) ierrepeefes y demás engendros del sistema tributario


Muito obrigado!

Porque todos los meses me llega un sueldo que está relativamente bien, sobre todo considerando que me pagan por hacer algo que me encanta: hablar y hablar dar clase. Si hasta lo haría de gratis… (como puta no me iba a ganar la vida).


Desde luego, el inglés no es el idioma del amor

Porque todos los meses me costeas una parte del abono transporte anual. Dicen que los funcionarios de la Comunidad de Madrid lo tienen gratis, pero no les guardo rencor. Con mi 20 por 100 de descuento estoy más feliz que la familia Bosé despellejándose en la tele.

video
Se sospecha que son Las Ketchup. La cuarta de murió de vergüenza antes del Aserejé


Porque cada lunes y cada jueves iba a una estupenda piscina municipal (la historia de cómo se pasa del "voy a la pisci" al "iba a la pisci" la dejamos para otro día), con una estupenda compañía septuagenaria (historia para otro día: vecinos de calle piscinil) por lo mismo que el té y el cruasán que me tomo en la cafetería de enfrente del poli.


Merci dass es dich gibt

Danke schön!
Porque cada martes y cada jueves, por 50€ todo el curso académico, gracias a ti, ¡tengo clase de alemán! Sí, ich habe Deutschkurs!

La clase de alemán se está convertiendo en la actividad semanal. Ya no es la tortura de la semana. Nooo. ¡Es el cachondeo de la semana! Es el momento ansiado de martes y jueves.

Así es como se siente uno en clase


¡Porque mi rutilante curso de nivel A1 ist super! Mi Leherin, tan sajona, tan germánica ella, es un amor. Ya ha debido captar la naturaleza del grupo y ha desistido de cualquier aviesa intención de seriedad: se ríe con nosotros, no de nosotros. Y últimamente las clases están siendo un choteo.

Un update rápido: a principios de curso, un compi de departamento-amiguete comentó que se iba a apuntar a alemán en el trabajo, nivel 0. El horario era estupendo: hora y media antes de comer, dos días a la semana y yo estaba pasando por la parte final de mis nueve meses semisabáticos. Y también... ¿adivinas quién es lo más fácil de convencer para lo que sea si de hacer algo inútil se trata? Das ist Haddoquin!
Inglés y alemán: dos por el precio de uno. Atención a Fitness Freddy (min. 1:16).

¡Qué adorablemente ochentero es Nico!

Así que a principios de octubre comenzaron las torturas clases. Con esas palabras interminables, llenas de consonantes. Con die Grammatik: todo lleno de Artikel, Pronomen, Verben, Akkussativ, Trennbaren Verben, Präteritum. Y la profa, sacó su lado sado con algunas torturas refinadas:

  • Die Zahlen. Cojona, ¿por qué dicen los dos últimos números al revés? Ahh, ese fünfundfünzig!
  • Die Uhren. Para cuando has pensado cómo se dice la hora que es ya han pasado cinco minutos y se dice de otra forma. Vuelta a pensar.
  • Die Daten. Menos mal que de siempre ha sido de mala educación preguntar la fecha de nacimiento porque no hay quien diga una fecha completa.
40 segundos son suficientes… Totalmente de acuerdo, ¿no?
A veces hay que decir sí (vg: ¿Te apetece? Ja!) 
A veces toca decir no (vg: Si estás cansado, lo dejamos para otro día… Nein!)
Y sí, a veces hay que pedirlo por favor, que hay necesidad… Bitte!

De los 30 valientes que comenzamos, algunos cayeron por el camino.
  • El neno chino, el pobre no sabía español, pero iba a clase de alemán por si se le pegaba algo (que fue que no).
  • Todos los estudiantes de Másteres y Doctorado, que debieron pensar que der Kurs no les servía para sus curricula científicos (alumno de la ESO, curricula no es ninguna guarrindonguería; es latín, esa lengua muerta: la de Carpe diem).
  • Como los soberbios, incapaces de soportar trabarse más de siete veces para decir el nombre de su carrera.
¿Quiénes quedamos? ¡Los valientes! Léase:

  • Las niñas de Traducción e Interpretación; unas fieras de las lenguas que hasta saben poner aceto. Las cabronas, además, estudian y hacen los Hausaufgafen.
  • Los que no tienen más remedio que aprobar para acabar la carrera porque ya se les ha hecho tarde para cambiar la matrícula. Aquí incluyo a un neno que jeden Tag nos sorprende con el color del pantalón (verde, rojo, morado), sus cuellos imposibles y su pronunciado mariacento (incluso en alemán).
  • Categoría especial: un neno barbitas rubito, recio, desaliñado, despistado. Muy pero que muy achuchable. Ains. Si no abre la boca, hasta pasa por alemán. Ains. Total, si sólo debe tener 18 años menos… eso no es nada.
  • Y claro, también estamos mi compi y yo. Los más valientes, atrevidos y osados (me da que él es más bien lampiño; pero hago media por los dos).
¿Barbita rubia? Y morena, pelirroja, caoba. Elija usted, oiga
Porque… si hay que hacer el ridi, ¿quiénes son los voluntarios Nummer 1? Sasto: la maripareja de profesores (que doblan en edad a sus compis), que monta un chou a la mínima que les dejan. Lo que hace la edad.

Este fue el antepenúltimo chou que montamos en clase
Era en inglés, pero ¿a nos quedó mono y salimos guapas?

¿Quiénes no tienen, visto lo visto, sentido de la vergüenza? Natürlich! Y yo siempre pensando que era (y sigo siendo) más que tímido.

¿Quién se hizo con unas frutas de juguete para ambientar un diálogo de compra en un mercado? ¿quién se puso el delantal para hacer de Vërkaufer y despachar al Kunde? Klar.

¿Con quiénes se descojonan la profesora y el resto de la clase y acaban llorando de risa? Ja!



Pensaba que le iba a costar horrores, que iba a ser imposible… Pero según se va introduciendo y empieza a hacerlo poco a poco, se da cuenta de que le encanta y siempre quiere más y más...¿Hablamos de lo mismo?

Ahora, maricamala, llega el momento en el que te relames y dices: Haddoquín, pero ¿has aprendido algo de alemán o vas sólo para dar rienda a tu instinto (básico) de ponerte en ridículo y sacar la vena teatrera a la mínima que tienes ocasión?

Agárrate, que vienen curvas: las notas de los tests hablan: 40/40 - 43/44 - 35/35 - 34,5/35 y 34/35. Con los pies en la Tierra, igual ha habido sobredosis de suerte y muuuucha trampa: me da que, hasta ahora, los tests eran muy fáciles, para que die Studenten no nos desanimásemos.

Eso sí, la sombra amenaza: el martes, examen parcial de verdad. De esos que, desde ese lado de la barrera, no hago desde hace 17 años. ¡Qué miedo! Así que este Wochenende toca estudiar un rato, para desesperación del Pretendiente, al que, en rigor, hay que cambiar de estado, porque ha evolucionado.

Eso sí, ¡que me quiten lo bailao! ¡Que estoy como loco con mis notas y mis gamberradas alemanas!

Como la especie humana se perfecciona, hoy ha sido ¡l'apoteosis!
(Y me contengo para no poner un vídeo guasapeado, que ya van unos cuantos)

¿Quiénes han puesto a toda la clase, llena de timoratos púberes, a cantar Heidi en alemán en una presentación sobre Suiza? Alles zusammen Singen Sie.  


Heidi, Heidi, Deine Welt sind die Berge

Heidi, Heidi, denn hier oben bist Du zu haus

Dunkle Tannen, grüne Wiesen im Sonnenschein

Heidi, Heidi, brauchst Du zum glücklich sein

Holalahidi...

Heidi, Heidi, komm nach haus, find Dein Glück

Komm doch wieder zurück
 

27 de enero de 2014

Una de libros: Herejes y El cielo ha vuelto

Como si de un adolescente con alegrías o penas del corazón que piensa que todas las canciones se han compuesto expresamente para él se tratara, así me sucede a veces con los libros. ¿A vosotros también?

En niveles muy distintos, dos de las últimas novelas que he leído estas semanas se relacionan entre sí y me han tocado en algo, mucho o poco, coincidiendo con mis pensamientos sobre un tema: la libertad.

1. Me ha tocado un poco. El cielo ha vuelto, de Clara Sánchez. Rutilante Premio Planeta 2013. Un Planeta que se une a un Premio Nadal de 2010. Ahí es nada, que eso es mucho decir.


La portada me gusta, pero ¿encaja con la trama?

Como sucede con algunos Planeta (y no pocos), ha sido una decepción. Sin llegar al extremo del bodrio de "Lituma en los Andes" (en serio, ¿eso lo escribió Vargas Llosa?). A ver si con el finalista tengo más suerte, que me suele pasar (debe ser por lo de consolación que tiene el premio del segundón).

Me lo regalaron por mi cumpleaños, porque me apetecía. Lo primero que leí de Clara Sánchez fue "Lo que esconde tu nombre" (Premio Nadal 2010). Me gustó: muy dinámico, con una prota que bien podría haber sido una amiga que vive precisamente donde transcurre la trama y ambas se asemejan tanto física como psicológicamente. Además, tenía una parte tremenda que me enganchó.

Después vendría "Entra en mi vida", que también me gustó, aunque se repite buena parte del esquema y estructura de "Lo que esconde tu nombre". También está bien llevado y resulta entretenido.

Pero, ains... "El cielo ha vuelto" es más de lo mismo. Eso ya cansa. No hay evolución. Cierto, son libros distintos. Pero éste luce poco. Porque es más de lo mismo pero en peor. En resumen (nada que no salga en la contraportada): a una chica mona le dicen que tiene una sombra negra detrás y le empiezan a pasar cosas malísimas.

Ahhh, pero Patricia, la superprota, saca fuerzas de flaqueza (lo que, siendo modelo, no es un decir) es una protagonista muy rancia. Un poco tontaina. Sus otras heroínas tenían algo, pero Patricia es boba de principio a fin. Además de tontaina es lenta (¿cuánto tarda en leer "El amante de Lady Chatterley?). Se supone que es modelo pero el tema de la agencia queda deslucido, por no decir los sinsentidos del viaje a visitar a Heidi y el rododendro negro.

La escena de las florecitas es la más recordada de la novela.
¡Ella es Sylvia Emmanuelle Kristel!

La segunda prota, Viviana (con dos uves, que ya pensabas tú que Viviana se escribía siempre Bibiana Fernández), es un personaje muy poco creíble. Eso sí, su tragedia es uno de los puntos fuertes de la novela. Por algún motivo le puse la propia cara de la autora. Porque le pega (la cara).

El marido de Patricia, el marchante del marido, la mujer del marchante y la doméstica conforman una historieta bastante ridícula. Puede que real, pero novelada queda ridícula. Como Mayra, más no puedo leer.
 
La trama no ayuda mucho. Está cogida con alfileres y es más lenta de lo habitual en Clara Sánchez, lo que no deja de ser una falta grave en las novelas de aventuras, que es lo que es. Por si fuera poco, se hace previsible.

¿Tiene algo bueno o la quemamos en la chimenea? Dale una oportunidad; se hace amena y se lee muy rápido en una edición muy correcta. En cuatro ratitos se liquida y te sirve para resetear entre dos novelas buenas.

Y algo bueno más tendrá, ¿no? Sí. Que pese a que es flojita, la lerda de la prota se hace algo más libre. Y esa evolución del concepto de libertad sí me ha gustado y me tocó un poco.

Porque, en ocasiones veo muertos, ¡me siento como Joan Fontaine!

- Hola, Cary.
- Hola, Haddoquín. Te había confundido con Joan, carita de mono, Fontaine

- ¿Por qué? ¿Por qué tienes un ama de llaves más siesa que la señorita Danvers en Rebeca?

- No. Mi Néstor, alias la chachilla, es muy servicial y complaciente (si yo te contara...). Además, me siento como Joan Fontaine en Sospecha, no en Rebeca.

Mi Néstor, plumero en mano

- ¿Por qué Cary se enamora de ti?
- Maricalista, lo has cogido a la primera.

- ¿Por qué tienes su mismo pelo?
- Oso, casi aciertas. Ella lleva trenza en la cabeza, yo sueltos y repartidos por todo el cuerpo.

- ¿Por qué ambos sois premiados?
- Mariculta, sí, a ella le dieron el Óscar. Mi premio, querido lector, es que me leas. ¡Ohhhhh, qué bonito!

Porque la Fontaine, en la parte inicial de la peli, se siente ahogada y en su propia casa por sus padres. Un tanto controlada y falta de libertad, que es algo que, en parte, cree conseguir de la mano de Cary Grant. Luego ya la peli, excelente, toma otros derroteros. A veces, soy consciente, me puede suceder algo parecido que a Joan Fontaine. Pero no es éste el momento de hablar de mis cosas (to be continued...), sino de los libros.

Reading is sexy, Cary. Mucho te interesaban a ti los libros de Isobel en Sospecha...


La liberación de Patricia, muy de andar por casa, aunque no sea nada del otro jueves, en definitiva, me tocó un poco. Por eso no me resisto a condenar por completo esta novela, prescindible por lo demás. Si un libro, sea cual sea, por la circunstancia que sea, te hace pensar, reflexionar, reír, llorar, sentir, aprender, pasar un buen rato o interesarte por una historia, considero que es más que suficiente para que merezca la pena dedicarle tu tiempo y atención. Y éste, a pesar de que en general es malongo, ha logrado su objetivo.

2. Me ha tocado un mucho: Herejes, de Leonardo Padura (2013). De la editorial Tusquets que tiene el detalle, que es de agradecer (a ver si cunde el ejemplo, señores de otras editoriales) de poner el primer capítulo (click, aquí) a disposición de todos los interesados en su página web.

Presta mucha atención al cuadro de la imagen...


La libertad es uno de los pilares de Herejes, una novela protagonizada por Mario Conde. ¿Mario Conde, el banquero y/o chorizo? Nooooo. El ex-policía de La Habana que vertebra unas cuantas novelas del bueno de Leonardo Padura.

Herejes es, para mí, de lo mejorcito dentro del panorama literario de finales de 2013. Una novela escrita en tres partes o "libros" (libros de Daniel, Elías y Judith; sí, nombres bíblicos, tiene su motivo), cada uno con su historia y su estilo. Los tres con un denominador común: son impecables, una gozada.

Compré mi ejemplar (aunque no es el que leí y conservo; en un sorteo de la editorial gané un ejemplar firmado por Padura) al poco de salir, con muchas ganas porque El hombre que amaba a los perros, la anterior novela de Padura (sin Conde), es extraordinaria y ya tenía pensado ir hacia atrás y leer otros Paduras anteriores. Pero se coló una posterior. Charlando con algunos puristas de Mario Conde, según ellos, ésta no es su mejor historia. Por mi parte, no puedo opinar, pero si esta no es la mejor... ¡cómo deben ser las otras!

En Herejes, bajo la apariencia de una historia única, la de un cuadro cuyo autor podría ser Rembrandt y que pertenecía a una familia judía de Cracovia, se enlazan varias historias y en varios momentos del tiempo, a la que se suma la del propio Conde. Todo ello perfectamente documentado y con una confesión previa de Padura indicando dónde la exigencia literaria se impone al rigor histórico. En el Libro de Daniel se rememora una historia espeluznante: la desgracia de los pasajeros del Saint Louis. En el libro de Elías se recrea la historia de un joven judío con vocación de pintor en la Amsterdam de Rembrandt. En el libro de Judith la acción se centra en las pesquisas para encontrar a una emo desaparecida.


Personalmente, la segunda parte, el libro de Elías, el más intimista, me ha parecido fabuloso. La primera parte (Daniel), el más trágico y humano, está muy bien llevada y eso que, en general, a mi el tema judío me cansa. El único pero que se le puede poner a todo el libro está en que el círculo se cierra un poco forzado en la historia de Judith. En realidad, a veces pensaba que esta tercera parte sobraba. Pero al final reconoces que tiene su razón de ser y, aunque los emos y demás tribus urbanas (excepto los ositos guapos) ni me van ni me vienen, se comprende que el capítulo esté. No se puede negar que el enlace con la primera parte esté forzado pero no había mucha más opción.

Herejes conmueve. Conmueve la historia de los judíos del Saint Louis (ahora, ¿volvería a suceder algo así?; es más, ¿está sucediendo?) y la de los judíos en La Habana. En especial, la del tío Joseph. La historia de Elias Ambrosius y Rembrandt es maravillosa y roca en detalles. Se vive desde dentro. Ya digo, para mí, la segunda parte es prácticamente perfecta. Y a pesar de toda la pereza que me diese el mundo emo y postmodernista de Judy en la tercera parte, su tragedia (y la de unos cuantos protagonistas más que no voy a decir para no estropearte el libro) también te lleva a pensar.



La libertad, individual o colectiva, sus avances y retrocesos, su búsqueda y respeto, el libre albedrío, son algo esencial a Herejes, incluso en la vida doméstica de Mario y Tamara, que aparece casi como algo anecdótico pero que aporta mucha chispa a la parte final.

Hoy, disfrutamos de libertades y derechosconseguidos hace siglos, otros hace décadas, mientras que algunos son mucho más recientes. Nos parecen  indiscutibles, que forman parte de nuestro a día a día. Pero, atención, las libertades son frágiles y los derechos son sustituibles; se pueden perder en cualquier momento. Basta un cambio de aires motivado por alguna circunstancia molesta (el dinero, o para ser más exacto, la falta de dinero, suele ser un buen desencadenante, junto con la envidia) para que otros derechos se impogan echando por tierra los anteriores, para que las libertades de unos arruinen y, frecuentemente persigan, las libertades de otros.

En Herejes, a través de la historia de los judíos en su Nueva Jerusalén, en Polonia, en el Saint Louis, en La Habana, en el pasado y en la actualidad, queda muy bien ejemplificado el vaivén de las libertades colectivas. Y en la historia de sus protagonistas, que no sólo están sino que son, se plantea la cuestión de las libertades individuales y el libre albedrío.

En definitiva, una novela muy recomendable. Ahora tú, libremente, decidirás si la quieres leer o no.

Tú. Leyendo seguro que ganas mucho

Muy reflexivo estaba yo con estos temas de la libertad, en mi pequeño mundo, cuando El cielo ha vuelto y, sobre todo, Herejes se cruzaron en mi camino. ¿Pura casualidad o pura sugestión?

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