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20 de marzo de 2014

La felicidad es...

Por si no lo sabías, hoy es el Día Internacional de la Felicidad.

Primera noticia, para qué negarlo. Claro que la cosa, más que nueva es novísima: la ONU decretó en julio de 2012 que el 20 de marzo fuese el día internacional de la felicidad. Vamos, que hoy es tu segundo día internacional de la felicidad, para que lo sepas. Aunque esperemos que, salvo que nacieses hace dos días, hayas tenido más de dos días felices.

Guapo
Muy guapo y muy feliz, Fede


Me entran ganas de torturarte con Al Bano y Romina (si quieres, puedes torturarte aquí) o con Palito Ortega (tortúrate aquí), pero no, que la cosa es seria. Es más, dado que Al Bano y Romina lograron quedar segundos en San Remo en 1982, la cosa se ha puesto superseria.

Superserio
Superserio
La cosa es superseria porque, muy posiblemente, la búsqueda de la felicidad sea la mayor pérdida de tiempo jamás habida, sólo por detrás de todos los intentos de todos los megalómanos de pacotilla de todos los tiempos para arruinarnos la vida a todos con guerras, conquistas, invasiones, campos de concentración, exterminios, torturas y demás lindezas.

Iósif, fue quitarte la barbita y entrarte unos delirios de grandeza cosa mala











Que digo yo, a raíz de la foto del amigo Iósif, que no puede ser casualidad: ¿cuántos megalómanos malos ha habido con barbita? Pues ninguno. Ni Stalin (que, oye, en esa foto tiene su punto), ni Adolfo, ni Napo, ni Julio César... Ni uno. Así que, conclusión científica publicable en Nature y Science: está claro, la felicidad es un hombre con barbita... Si se la quitan o se dejan un bigotillo, mira cómo acaban.

A lo que iba, que me despisto.

Sin pretender dar lecciones ni soltar la teórica, sino únicamente expresando mi opinión (jorroña, para algo es mi blog), soy de los que tiende a pensar que no hay que obsesionarse con la búsqueda de la felicidad, con pensar en ser feliz. Que se trata más de estar/ser feliz.

Felicidad
Estando feliz (y algo bizco)

Y dirás, cabrón socabrón, eso es fácil si las cosas te van bien. Pues sí y no. Evidentamente si las cosas (si no todas, sí las que más valoras) van viento en popa a toda vela; eso ayuda mucho. Pero, ojo, no resulte que seas una mariprotestanta a la que le va todo estupendísimamente pero que a la mínima se amarga y le corroe la bilis. Así que, si eres así, una mariamargada y mariamargadora, que sepas que hay que saber valorar lo que se tiene (más aún si lo que se tiene es bueno). Y si no sabes valorarlo, ¡aprende, coño!

Y ¿qué pasa si las cosas se ponen feas? ¿Hay que vivir en el mundo flowerpower? No. En el mundo flowerpower, no hay que vivir (la única que tiene permiso para vivir en el mundo flowerpower es Heidi) y tampoco hay que autoengañarse para no ver la realidad por triste que sea.

Divino de la muerte
Truly flowerpower, yeah

Evidentemente, hay situaciones que son malas; malos absolutos (malos per se) que por mucho que (si no acaban contigo antes) te puedan hacer madurar como persona, etc., siempre es mejor que no acontezcan (por ejemplo, que se te muera un hijo) y es mejor no vivirlas ni de refilón. Pero, afortunadamente, quiero creer, la mayoría de las situaciones feongas son malos relativos, en las que puedes obcecarte en ver el lado negativo (que estás en tu derecho), pero tienes la opción de cambiar de registro. Eso que queda tan bien de no ver problemas sino retos y ver una oportunidad en todo lo que se te pone por delante. Pues sí, pero sin pasarse de alucine (¡qué guay, me ha dejado mi churri, ahora me puedo cepillar a todo quisqui!) y, sobre todo, repito, sin dejarse arrastrar al mundo flowerpower.


No es cosa de resilience ni gaitas por el estilo, sino de quererse a uno mismo; de ver que si hay algo que no te gusta, puedes intentar cambiarlo (si no lo intentas, malamente lo vas a cambiar; y si sigues haciendo todo igual, difícilmente algo cambiará); de dejar lo que no te gusta y hacer lo que te gusta y lo que te hace sentir bien. Y si no sabes bien cómo hacerlo... ¿pensabas que estás solo sólo en el universo? Recuerda que tienes amigos (y si no los tienes, te los buscas; mira ya tienes tu primer reto); siempre hay a quien pedir ayuda, profesional o no (no me refiero a hombres o mujeres de compañía; pero vamos, que si es lo que necesitas, pues también).

Mañana, 21 de marzo, Día mundial de la Poesía, no olvides pararte un segundo; si te sientes feliz, sé consciente de tu felicidad y compártela con los demás, que algo me dice que puede que tengan relación con tu estado de felicidad; y si no, ningún momento será mejor para empezar a serlo.

En definitiva, Sartre estuvo muy inspirado en eso de "Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace". ¡Parece mentira que eso lo dijera quien escribió La náusea!

Guapo
Feliz como una perdiz

Lo dicho, no te pierdas buscando la felicidad, feliz. Mucho.

17 de marzo de 2014

Resilience: la cosa esa, muy dura

Grrrrrr. ¡Lunes!

Guapo
Sí, los lunes son muy Grrrrrr. Ains, barbitas...


Ohhhhmmmmm. ¡Relájate!

Relajación
¡Que tienes una edad! ¡No intentes hacer esto en casa!
Si quieres relajarte, mejor tomamos unas cañitas


Como a veces me gusta decir, eso significa... ¡que ya queda un día menos para el viernes!

Barba
Esa es la actitud para esperar al autobús y al viernes


Y el viernes podrás estar tranquilamente con tu AMQP o ViET. O churri o mari o como le quieras llamar. Que no vamos a poner etiqueta a la gente, que no es bonito.

Guapos
Ains, la felicidad es un hombre guapo con barbita.

Y puedes dedicarte a dormir.  O a lo que quiera que hagas en la cama; como quedarte inconsciente en 0,1 segundos y dar codazos al churri. O tener una noche de amor y lujuria. O tener una noche y una mañana de amor y lujuria. O sólo de amor. O sólo de lujuria. O todo a la vez o de forma alterna.

Amor y lujuria
¡Que bonita noche de lujuria! ¡Que nooooo, que ha sido de lujuria!

Ah, que no tienes AMQP o ViET, pues el viernes es un buen momento para salir de fiesta y buscar uno. O dos, por si acaso.



¿Vosotros otra vez aquí? Sí, nos conocimos en una fiesta. Ahora somos AMQP mutuos. Y mamarrachas también

O puedes ir a explorar y disfrutar la naturaleza salvaje. Que no es lo mismo que ir a explorar y disfrutar la naturaleza, salvaje.

Guapo
Eso, tí sigue explorando la naturaleza en el lago


Pero todo eso será un viernes y durante el finde, pero hoy es lunes.

Un lunes atípico, pero lunes.

Atípico porque durante toda la mañana he tenido la segunda parte de un curso. Y mirá tú por dónde, ha estado muy bien. Mucho mejor que la primera parte, algo tediosa, que fue el lunes pasado.


Para que veas que uno es más que un cuerpo 10 (momento porque yo lo valgo) y que el tinte rubio no tiene efectos secundarios (debería considerar un tinte castaño, que la barbita cada vez sale más blanca)... ¡lo bueno ha sido que el profesor y los compis estaban buenorros el contenido del curso!

Porque hoy he descubierto que tengo resilience, término que alguna marica anglófona acuñó (en lugar de acuñar moneda; sería una marica anglófona fea, para evitar pasar a la posteridad de perfil en las monedas). Resiliencia. O lo que es lo mismo: que tengo alta resistencia al estrés (y a más cosas también).

¿Cómo así? Porque soy chupiguay, sí, y porque aúno, como en Fuenteovejuna (todos a una), tres conceptos existencialistas que, como el poder de tres de las Embrujadas, son lo más de lo más.

Poder de 3
¡El poder 3! Digooo, los conceptos existencialistas
Estos conceptos clave son:

1. Compromiso. ¡Toma ya! Que me veo ya un día de estos con el AMQP y, como quien no quiere la cosa, Bruno Mars sonando de fondo. Un poco precipitado, me parece a mí, pero sí lo dice el profe, no se discute.


 2. Control. Que hay más marcas, digo, pero es lo que dice el curso. Igual lo patrocinaba, vayausteasaber. Muestras gratis no daban, que he estado atento, porsi.

3. Reto. Que sí, que soy muy complicado, vale; vaya descubrimiento. Pero percibo los cambios como oportunidades, no como amenazas. No sé, cambios tengo pocos, pero cuando me cambie de modelo de faja, ya os cuento.

Pues eso, que estos tres componentes vienen a ser el no va más de lo más. La rehostia, para entendernos. Alumno de la ESO, para que lo entiendas todavía mejor: algo así como el Cristal de Plata de las Sailor Moon, pero en versión psicología del estrés.

Deja el alcohol
El paso del tiempo no sentó demasiado bien a las Sailor Moon
Y para que lo sepas: compromiso, control y reto hacen de uno un machote con personalidad de resistencia al estrés. O lo que es lo mismo, una hardy personality o hardiness. Que ya digo yo que sí, que muy dura, sí.

En fin, que es lunes, sí, pero no te estreses, que es mejor tener la cosa esa hard y pensar que en nada, ya es viernes.

Guapo
Este también tiene pinta de tener hardiness, se le nota

10 de marzo de 2014

Oferta: 2 x 1 (= 2)

O lo que es lo mismo, dos libros comentados en la misma entrada.

Ganga
¡Vaya dos joyas!


Por si no lo imaginas ya, mi vida es más bien tranquila (no me quejo, conste). Apenas tengo nada contable y lo poco que ha habido últimamente es o bien tirando a negativo (junta las puntas de los pulgares e índices de cada mano y di Ohmmmmm) o bien necesita todavía desarrollo (una idea que me ronda hace un tiempo, pero es supermegahipersecreta; me voy a hacer puta, ya tendrás noticias) o bien tiene que ver con el AMQP (que sólo el sábado logró desconectar y estuvo muy amoroso y achuchable; no como el viernes, que estuvo en nivel arisco avanzado).

Así que me voy a cobijar en el refugio de dos libros leídos recientemente, más que recomendables y que merecen la pena.

Todo lo que una tarde murió con las bicicletas es una maravillosa novela íntima de Llucia Ramis. A esta buena mujer (todavía en edad de ser llamada moza) no la conocía de nada; me enteré de su existencia y de la novela por Twitter, donde recibía buenas críticas. Para que luego digan que no sé salirme de los papeles del siglo XIX en los que me encasillo y vivo tan cómodo: Twitter, blog... La editorial es Libros del Asteroide, que tiene varias joyas en su catálogo (Nancy Mitford, por ejemplo; ya puesto, si quieres reirte, Trifulca a la vista) y que no suele defraudar.

Llucia Ramis
Todo lo que una tarde murió con las bicicletas

Con una narración con saltos en el tiempo, narra la historia reciente de una treintañera de la que sabemos que se queda sin trabajo y vuelve a casa de sus padres en Mallorca. Pero éste no es el asunto principal de la novela, apenas si resulta relevante; de hecho, sólo lo sabemos de refilón y te acuerdas si lees la contraportada (#noleernuncalascontraportadas; peligro de despelleje).

Por historia reciente léase: de padres y abuelos, además de algún que otro personaje anterior. Y también de la narradora, que tiene sus momentos. Es decir, un libro idóneo para que treintañeros y cuarentones se sientan identificados en espacio y tiempo. Tranquilo, no es "Cuéntame" y no parece una operación de mercadotecnia (el sábado tiré parte de mis apuntes de la carrera, incluyendo ésos). Aunque la autora tiene la edad de la narradora y el tipo de libro hace pensar en tintes autobiográficos, la propia Llucia ha dicho que no. Una pena, porque la familia del libro es entrañable.

Y pensarás ¿esta novela es interesante? Pues sí. Y mucho. Porque en esta vuelta al pasado familiar, la mirada es tierna, sin llegar a ñoña y sin evitar momentos duros. Con sentido del humor. Ayuda mucho que una de las dos mitades de la familia no sea 100% española y sea más bien peculiar y tenga sus excentricidades. Pero salvo algunas cuestiones concretas, en general, podría ser tu familia o la mía, porque la narración se centra en aspectos muy cercanos, normalmente vistos desde la prota en edad de niña, sin añoranza del pasado, conste. Y la amiga Llucia, señores, narra francamente bien.

Guapo
Sí, Bradley, tú también eres muy interesante


A juzgar por lo cuidado de los detalles, el libro está escrito con mucho cariño a la familia protagonista. Se hace tierno y contagia muy buenas sensaciones.

¿Algo malo que destacar? Poca cosa. Los guiones; mediada la novela, comienzan a aparecer varias palabras guionizadas. Otra cosilla es que se hubiera traducido algún parrafo (canción o verso) que permanece en catalán, igual no todo el mundo lo entiende. Última crítica, minúscula: se pasa volando.

En definitiva, una maravilla, muy recomendable, de la que puedes encontrar aquí su primer capítulo (minipunto a favor del Asteroide, para compensar el desaguisado de los guiones).

También muy recomendable es David Foenkinos en Estoy mucho mejor, editado por Seix Barral., que también pone, se supone, un fragmento (el inicio) a disposición del buen lector, para dejarle ver la mercancía. Aquí tienes el enlace. Lo de fragmento es un suponer: se me abre un pdf con cuadraditos en lugar de letras. Igual es algún tipo de juego de encriptación o, me temo, mi versión de Acrobat, que estoy tocando configurando el ordenador nuevo del trabajo.

Estoy mucho mejor
Estoy mucho mejor

Con Foenkinos, creo yo, conectas o no conectas. Tencanta o te aburre mortalmente. A mi, mencanta, ya lo he dicho alguna vez. En esta ocasión, manteniendo la marca de la casa Foenkinos, con sus detalles, ocurrencias y un tono siempre humorístico, desgrana la aventura de un protagonista que logra superar sus miedos y angustias. La enfermedad (y la aprensión del prota) sirve de excusa para contar una historia sobre cómo la vida puede dar mil vueltas para bien, de cómo los malos momentos pueden tornarse en oportunidades. Cuando parece que la desesperación y lo peor llaman a tu puerta, puedes darles esquinazo y descubrir un mundo nuevo y feliz.
 
Si ya lo decía Karina.

¡Ains, qué bonita es la vida!

Inspirado (o no) en Karina, lo cierto es que el relato de Foenkinos es dinámico, oportuno, muy amable, gracioso, claro. Plantea situaciones cómicas y dramáticas que resuelve a la perfección y se entretiene en pensamientos ocurrentes. Siempre desde una óptica positiva. Porque es una novela transmite muy buenas sensaciones y acabas siempre con una sonrisa de oreja a oreja.

En plan trascedente, alguien podría decir que no es una novela seria y profunda. Habría que verlo, que si uno se pone, no dejan de salir muchos temas graves y universales; otra cosa es que el autor opte por constatar su existencia y bordearlos o darles una solución benévola para avanzar en la narración (y no ensimismarse y ponerse denso y pesado regodeándose en lo bien que escribe y medita sobre nada en particular).
 
Una novela optimista y positiva, que se lee con agrado y transmite ganas de vivir y aprovechar la vida.
 
¡Así que ya estás tardando en leerla y disfrutar de la vida!

Moto
Sí, Bradley, tú también transmites optimismo

3 de marzo de 2014

Basado en hechos reales

¡Cuatro meses!

Hoy se cumplen precisamente cuatro meses desde la primera vez que vi al AMQP (Algo Más Que Pretendiente; alias ViET).

Que no son nada en el tiempo infinito del espacio sideral; ya, lo sé. ¡Pero para mi son tanto que ni te lo imaginas!

Lector, si por un casual eres ViET,  aquí tienes algo que ya sabes; pero también encontrarás cosas que sólo sospechas cuando me limito a mirarte o cuando me pierdo dando vueltas para decir algo que me cueste sacar a la luz; también leerás algunas otras cosas que ni te figuras que pasan por mi mente en algún momento de silencio (sí, has leído bien: de silencio) y que, de algún modo u otro, algunas veces te voy diciendo cuando comparto un pedacito de mi vida contigo.

Hechos reales
Hechos reales, como un telefilm de domingo


Lector, si no eres el AMQP, que es lo más probable, toma lo que sigue como lo que es. Hoy es el yo que guardo más dentro de mí el que se manifiesta, si bien parcialmente. Hoy no habrá exageraciones, ni ficciones. Como si estuviéramos viendo una peli de sobremesa de domigo, esta historia está complemente "basada en hechos reales".

* * * * * * * * * *

Recuerdo la mañana de domingo que nos conocimos. Los dos sabemos dónde fuimos, qué tomamos. Por cierto, hace tiempo que no volvemos y te recuerdo que tenemos una cena pendiente desde ni sé sabe cuando.

Tú en la ventana
En una de las mesas de la derecha


Llevábamos unos pocos días hablándonos; no recuerdo quién comenzó a charlar con el otro. Dices que fui yo. Puede ser. Lo cierto es que, por algún motivo, alguna palabra que dijiste, la frase de tu perfil (ains, internet), vete tú a saber, me caíste bien y me diste una buena sensación, indefinida, para que nos viéramos (¿quién lo propuso?).

Ese día, como otros, no supe qué pensar de ti. Y menos aún qué pensaste tú de mí. No fue la última vez que me ha sucedido eso de no saber qué piensas de mí. ¿Será algo que sucede siempre?

También recuerdo la vez que mejor te he escuchado cantar Stars. Un viernes, llorando mientras te grababa en un bar. Poco más de seis metros pero un abismo de incomunicación entre nosotros. Una semana después, una llamada que pudo haber sido la última, a deshoras, casi demasiado tarde y también me acordaba de Stars. El día siguiente era 18 de enero.

Bar de los Musicales
¿Te suena de algo?
En estos cuatro meses me noto algo distinto. En parte, parte grande, es por ti. Hemos compartido cines, teatros, conciertos, cafés, bares, dulces, comidas, cenas, más desayunos, chocolates, paseos y descansos. Risas, ideas, alegrías, proyectos, ilusiones. También decepciones, temores, llantos. Algunos han sido momentos cotidianos; otros, muy especiales.

También hemos descabezado un oso de chocolate e indultamos a otro que espera paciente su turno. Con su corazón rojo al cuello. Tal vez en algún momento aparezca en mi llavero. Y ahí se quedará ese corazón mientras esto dure.

Lindt
Oso de chocolate a la espera de su destino final

También he aprendido a no caer rodando a tu lado de la cama (que realmente es mi lado, pero soy bueno y te lo cedo). Y a dejarme caer para soplarte en la oreja, darte un beso, un abrazo o para buscarte o acosarte. Y lo fundamental, para que no pongas los subtítulos para sordos.

Sólo cuatro meses y ya hemos hecho un viaje. Para descubrir que los toros de Guisando no están en Guisando, sino en El Tiemblo (que habrá que ir a verlos). Pero ese viaje por esa carreterita desde Candeleda, inigualable, mereció la pena. Como la cena romántica en la cabaña., los paseos matinales y esas lecturas que no llegaban ni a diez segundos antes de caer inconsciente sobre tu hombro.

Ahora, el próximo destino me toca elegirlo a mi (y también toca ahorrar, por culpa de la caldera). Ya sabes que Londres espera. Les Mis, también. Al musical invitas tú.

Londres
Próximo destino: Londres

Hoy no estás aquí conmigo, sino de viaje. Y mientras protestas porque apenas has comido una sopa de tomate y un trozo de pollo en todo el día, te hago rabiar, me acuerdo de ti y, desde aquí, te digo que te quiero un poquito.

Pero sólo un poquito. Porque mañana igual te quiero más o igual te quiero menos o igual eres tú el que me quiere más o me quiere menos; quien sabe qué sucederá, ya acepto que no se puede saber. Lo que sí sé es que, después de estos cuatro meses, me alegro de que compartas pedacitos de mi vida. Cada vez más.
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