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28 de junio de 2014

Un millón de gotas

Hoy, vamos a tratar de comentar, en la medida de las posibilidades, una de las últimas novelas que ha caído en mis manos. Se trata de Un millón de gotas, de Víctor del Árbol y editado por Destino (hoy por hoy, Grupo Planeta), una editorial de tooooooda la vida, en la que publicaba Miguel Delibes, entre otros. Sí, también el sueco ese que no amaba a las mujeres, prendía fuego al bidón de gasolina y estaba en las corrientes de aire de un palacio.
Víctor del Árbol
La portada de la novela en cuestión

Un millón de gotas es un nombre sugerente para una novela. A mí me lo parece. Es un nombre opaco (Ohhh, Paco). No desvela para nada si se trata de una novela negra (es decir, lo que siempre se ha llamado novela de misterio), de un dramón romántico (que mira que me gustan los dramones del siglo XIX; sí y los cualquier otro siglo) o de una paja mental del escritor de turno. Por lo tanto, 1 puntito por el título.

El autor es Víctor del Árbol. Del bueno de Vïctor no tenía conocimiento hasta hace poco, no lo negaré. Este muchacho, con pinta de sanote, fornido y bien dotado (sí, todo influye: 1 punto más para la novela, por el macizo de Víctor) despuntó en 2008, al quedar finalista del Premio Fernando Lara (que concede ¡la Editorial Planeta!), por detrás de Emilio Calderón, que a su vez sería finalista del Planeta (te empieza a sonar, ¿verdad?). Básicamente, Un millón de gotas es su cuarta novela. La primera, El peso de los muertos, de 2006, ganó un premio de la ONCE. La segunda, La tristeza del samurai (2011) recibió en Francia el premio a la mejor novela negra europea, a la que siguió Respirar por la herida. Con esos precedentes y gracias a los afanes promocionales y publicitarios de la editorial, Un millón de gotas prometía ser un éxito comercial. Y lo está siendo. Merecidamente.

Escritor
Los escritores son gente seria y no suelen salir ligeros de ropa
Por cierto, el mozo fue seminarista (y dicen las e-lenguas que lo dejó por amor; no precisan a quien, igual eres tú y está ahí todo callado), mosso d'esquadra (poli catalán, para entendernos; de ahí, tal vez, la apariencia maciza), aunque en muchas güebs salga funcionario de la Generalitat, que suena a algo más galdosiano.

Ahora que ya sabes esto, te cuento: me compré el libro por la portada (que encima tiene mucho que ver con la trama) y porque en twitter no paraban de hablar de la novela. ¡Que todavía no te has hecho de twitter! Ya te vale... a tí por no tener twitter y a mí por los criterios de selección de novelas.

¿De qué va? Un millón de gotas es como una matrioshka (y el empleo del término no es casual; si ya la has leído, ya sabes por qué): encierra varias historias dentro de otras.

Matrushka
Matrushkas preparadas para el desfile del Día del orgullo matrioshka
Evidentemente, hay una historia principal: la de Gonzalo (como mi vecino, de cuando éramos pequeños; el primer número de teléfono que te aprendes). De profesión abogado (civil), Gonzalo es un poco lerdo, no nos andemos con rodeos. Pero tiene muchas cosas buenas y, en su descarga, diremos que es fácil que el día a día, con sus comodidades, se imponga, te acomode y te haga renunciar, sin darte cuenta, a muchos ideales de juventud. Vamos, que Gonzalo es como tú y cómo yo; solo que casado con una mujer y me da que no que tú no; yo tampoco. Esa es la única diferencia. Bueno, ésa y tal vez el hecho de ser huérfano de padre (y vaya padre; uy, que se me escapa algo), de tener una hermana que acabe como acaba, de tener un sobrino (el que abre la novela) al que le pasa lo que le pasa, de tener un marihijo que también se las trae...

¿Y qué le pasa a Gonzalo en la novela? De todo. A veces reacciona como un héroe y a veces como un cobarde. Gonzalo es un personaje creíble en el que se sustenta un cuarto de la trama: la mitad de la trama está escrita en tiempo presente. El resto de personajes del tiempo presente soportan otro cuarto de la trama. Ahí encontramos: a Tania, que va leyendo a Mayakovski por la calle; mira que estaba cantando que habría rollo entre Gonzalo y Tania. También está Alcázar, un poli bueno o malo, depende del rato. Muy buen personaje Alcázar, sí, señor. También está la familia de Gonzalo, nada destacable (ahhh, su hijo tiene un chorbo que se quiere beneficiar a su madre, el muy cerdo, para medrar; esa relación entre Gonzalo y su hijo está muy bien descrita). Y también está Agustín, su suegro, personaje que logra hacerse todo lo odioso que merece. También hay un negrito del África tropical. Un mafioso ruso, muy malo, llamado Zinóviev.
 
Oso gay
Ejemplar de chorbo sonriente benefactor y/o beneficiado
Si hay personajes en tiempo presente, lumbrera, eso significa que hay personajes pasados (que podrían ser futuros, según cuál consideres historia principal). Ahí destaca Ramón, el padre de Gonzalo. Otro cuarto de la trama reace sobre sus espaldas. Ramón es un joven que cae bien y al que empiezan a pasar cosas; cosas, así, sin más, no: cosas terribles, en las que Stalin tiene mucho que ver. Y te recuerdo que Stalin (que mira que salía mono en esta foto), tiene algo que ver con las palabras purga, deportación y exterminio, entre otras lindezas. Por si fuera poco, Beria también se cruza en su camino algo después. Total, que Ramón, el padre de Gonzalo, se vuelve un ser "especial" por todo lo que le toca pasar. Que es mucho y muy fuerte. Los sucesos de Názino y de Argelès-sur-Mer, por ejemplo. Y el día a día después...

Ígor Stern, un malo muy malo, muy malo; Alcázar, padre (del otro Alcázar), Laura (de niña, la hermana de Gonzalo; en una historia espeluznante que se adivina pronto y se confirma mucho después), Esperanza (madre de Gonzalo), Velishko, Anna y el fantasma de Irina son los otros personajes que completan el relato pasado (en el que también hay gayses; a veces uno piensa si tanto surtido cuétara de especies humanas no será premeditado). Y es esta parte la que tiene más fuerza y garra de la novela. ¿La más terrible también? No. Porque la maldad es atemporal.

Oso gay psicina
Tú también tienes mucha garra, di que sí
El relato, a ratos, es espeluznante. Ya desde las primeras páginas, para que no quede duda. Pero se trata un relato muy bien llevado. Muy bien dosificado. Terrible, pero muy entretenido. Víctor del Árbol se mueve como pez en el agua en este tipo de novelas. En el entrelazado de las historias y en la sucesión de secuencias. Para quitarse el sombrero.

Una matrioshka de historias sórdidas, de culpas y culpables, para un relato duro que, además, se ceba con el conflicto psicológico de los protagonistas "fuertes" de la novela: Ramón, muy especialmente, Alcázar, Esperanza, Anna y el propio Gonzalo.

¿Algo malo que destacar? Poco. El libro presenta algunas aristas en su forma. Chocan algunas expresiones y construcciones que se repiten muy seguidas y, tal vez más que nada, el pudor que suscitan algunas palabras (como sería el caso de "mear" o "cagar", cuando no se evitan algunas tremebundas; lo del uso de "defecar" no tiene nombre). Nada llamativos estos matices, pero ahí están. Por otro lado, hay algunos secundarios que rayan en la caricatura: como Luisa, la secretaria de Gonzalo, que tiene la doblez propia de todos los personajes de la novela (fiel a Gonzalo hasta que busca trabajo en otro buffete si la cosa se va a pique). Por último, si la trama está muy bien llevada, la resolución... a mí me ha gustado, pero puede parecer poco si se enmarca en el conjunto.

En definitiva, una buenísima opción para este verano, entre chapuzón y chapuzón.

Gay bear
El mismo barbitas guapo, ahora de chapuzón

24 de junio de 2014

Maldición retrasada



Que no "Maldición, retrasada". Sutilezas de una coma.

Como siempre, con retraso. El pasado viernes era 20. Lo que significa que la semana anterior era… exacto: viernes 13.

A mi no me amenaces con la sierra, neno
Para que los pelillos del lomo se te ericen más que a Espinete
Y como mi sino es llegar tarde, la maldición (so yanqui; que en las Españas la superstición es el martes, no el viernes) del día 13 me alcanzó una semana más tarde, el viernes 20. Es decir, el viernes pasado.

¿Qué pasó?

Cosa desafortunada 1. Un encuentro para olvidar.

Vamos a hacer historia… Hace ya unos meses, ains, el ViET todavía no era AMQP (Algo Más Que Pretendiente). Apenas habíamos quedado un par de veces, cuando me pilló con los manos en la masa. Literalmente. Haciendo sobaos pasiegos para la fiesta del polvorón. Que un día ya estaré menos Bree van de Kamp y te daré la receta pero, de momento, es mi tesoooooooro y te tendrás que contentar con los tesoros culinarios de un-angel y del Sr. Mocho, que también son un tesoro más allá de lo culinario. 

Marcia Cross
Haddoquin, en modo Bree van de Kamp cocinera
Pocas semanas antes, en el pleistoceno medio, había conocido a un chico muy simpático y divertido. Sí. Con barbita también. Muy majo y dicharachero. Pero como el marimundo no es un cuento de príncipes y princesas, hice saber al buen mozo que no era el amor de mi vida, aunque eso no quitaba para vernos, hacer vida social e ir de bares al caer la noche y antes de despuntar el alba.

Pareció aceptarlo (que no entenderlo, tal vez porque no fui pródigo en explicaciones; pero digo yo que si no le molas a alguien, no es algo tan díficil de entender ni se necesitan cienes y cienes de explicaciones), a veces intentando algún roce... hasta que apareció el AMQP, momento en el que  reaccionó inesperadamente como un gremlin. Así las cosas, con malinterpretaciones por ambas partes (que no me libro de la parte de la culpa que me toca), la historia se acabó. Y me dio pena, pero es lo que había.

Pero el marimundo, además de cruel es muy pequeño; el viernes en un bar donde el AMQP y otros parroquianos son felices cantando y el resto de los asistentes somos felices escuchando, viéndoles cantar, charlando y tomando algo, coincidimos, nos vimos (y saludamos; se acercó), pero me pilló ya cansado y me vino a la cabeza su último desprecio. No me molesté en disimularlo. Si pocas semanas antes me escribió un mensaje ridículo, me tragué el orgullo y ni me cogió el teléfono ni devolvió la llamada, me parece que poco se podía arreglar ya. Y ya has llegado a ese grado de deterioro, no hay marcha atrás. No hay que engañarse.

Lo que no quita para que, por unos minutos, uno tenga un poco de mala sensación. Sin dramatizar.

Cosa desafortunada 2. El pirata patapalo está en casa.

O lo que es lo mismo: mi seño madre se cayó y está escayolada. Con una fractura en la base del quinto metatarsiano. ¡6 semanas con muletas sin poder apoyar el pie! ¡¡6 semanas!!

Así que toca hacerse cargo:

  • De la patapalo, que se está portando bien. Por suerte no le duele y todavía no se aburre. Un hurra para Antonio Meucci por inventar el teléfono. ¡Hurra!
  • De mi señor padre, que, muy de otra época él, no sabe absolutamente nada de la casa. Y cuando digo nada es nada. ¡Otro hurra para Graham Bell, que siempre habíamos creído que era el inventor del teléfono!
  • De los desayunos, comidas y cenas de fin de semana, si no quiero que los progenitores me dejen la herencia antes de tiempo.
Pirata gay
No sabemos si la pata es de palo o no...

Momento óptimo para lucir los resultados del curso de resiliencia, ¿verdad? Eso es lo que se esperaría de mí.

¿Y qué es lo que he hecho? Tomármelo regular, con muchos nervios. ¡Hasta me dio por hacer flan el día en el que la Mamma patapalo y mi padre volvían de Manhattan Kitsch (más conocido por Benidorm)! Ni que decir tiene que el flan no estuvo, ni de coña, para la comida. Ni para la merienda. Nota: 24 horas en el frigo le sientan de maravilla al flan.

A juicio del AMQP, el flan estaba bueno. Pero, claro, este finde el AMQP ha hecho todo un derroche de tacto, paciencia y dulzura. ¿Lo habrá hecho consciente o inconscientemente?

Tal vez él no sepa ni cuándo ni qué, pero, sin despeinarse y con los pies en el suelo, dijo algo que me encandiló. Uno de esos momentos en que, casi por sorpresa, te sientes querido, muy querido; con tus cosas buenas y tus cosas malas. Querido; sin ambages.

Gracias. Por eso y más.

18 de junio de 2014

Se fue, se fue...

Sí. Muy a lo Laura Pausini. Se fue, se fue... Un dramón. Se fue, se fue... Mi vida se quedó vacía. Ainss.

Su sonrisa de fábulaaaaa. ¡Qué bonita la palabra fábula!

¿Quién se ha ido? Si piensas que vamos a expandirnos como los gases a lo largo y a lo ancho (especialmente a lo ancho) sobre el reinado de Juan Carlos I, vas mal encaminado. Muy mal.

Además, irse, lo que se dice irse, no se ha ido nadie. Lo que sucede es que se ha acabado un evento. ¡El Mundial! No, no caerá esa breva. Todavía sigue la tortura futbolera.

Nos ha dejado (porque poca gente dice la primera en morirse; nos resistimos a conjugar el verbo morir, casi siempre acabamos en algún sinónimo o eufemismo) la Feria del Libro.

Y lo reconozco: la Feria del Libro de Madrid mencanta.

Porque es en el Retiro. Capitalinos, adosados o vecinos cercanos diréis "Pues vaya cosa, Pichi". Pues sí, Pichi. Pero reconoceréis que el Retiro a finales de mayo y principios de junio está espectacular. En octubre también, pero aún queda un largo y tórrido verano de por medio. Hala, ya lo he soltado; tórrido, ¡tan Kathleen Turneresco! Y el Retiro es de los pocos parques de Madrid dignos de ese nombre.

Mapa
Un buen mapa de bolsillo
Este año venía, ya con el tono dorado de la Malta experience, no ha habido efecto langosta.

La Feria del Libro también me gusta por algo inevitable: nunca falta la lluvia. Esas últimas gotas de agua que apura la Primavera antes de la llegada del estío. ¿Y hay algo más bonito que el color azul y gris oscuro que tienen las nubes primaverales antes de una tormenta, con sus matices de tonos blancos de algodón? Ains... como si de una acuarela de Turner se tratara...

Venice, a Storm
Joseph Mallord William y Kathen, ¿serán familia?
Haddoquín, sólo te falta preguntar a qué huelen las nubes para que esto se convierta en un anuncio de compresas...
Pero, sin duda, la Feria del Libro me gusta por el ambiente: estupendo.

Y no me refiero al ambiente, si no al buen rollo librero. Vale, hay mucho público y de todos los tipos: los hay interesados en los libros de tal o cual temática, en las editoriales, en los escritores que firman, en los famosos que ¿escriben? y firman y con los que se quieren hacer l'afoto, los paseantes... Sí, pero no me quiero referir a ellos, al público, sino a los que, para mí, son la joya: los libreros, editores y escritores, consagrados, conocidos o noveles.

Este año sólo he estado en la Feria cuatro veces, dos de ellas sábado. ¡Sábado! Con todo Madrid metido en el Retiro (la masa tiene manía persecutoria, pienso; que vas a IKEA, allí está medio Madrid; que vas a dar una vuelta al centro, otra vez medio Madrid...). El primer sábado estaba casi imposible. Pero había que saludar a algunos libreros y editores conocidos. Ahhhh, y ya lo sabrás a estas alturas (y si no, ya te vale), también estaba el Sr. Mochez, firmando ejemplares de su divertido (50%) - malévolo (50%) ¿Quién es quién? (ains, esa ilustración de la musculoca... ¡tórrida!). El segundo sábado, esta vez por la mañana, más masificación humana y más celebrities dándose un baño de multitudes. Dos horas y media para ver media Feria. Sin rastro de John Connolly, que le quería haber hecho un robado para enviárselo a un ángel que anda suelto (alias Silicon Blue).

Los otros dos días, entre semana y a una hora razonable, sin demasiados enemigos en el camino. Los únicos de verdad aprovechados para ferierar. Y para estrenar la temporada de granizados de limón.

Porque la Feria, ¿para qué es? ¿Para lucir palmito, ver y dejarse ver? Si vas a firmar, no diría que no. Si vas de público, o llevas zancos o no destacas entre la masa aunque vayas disfrazado de Lady Gaga.

Ha nacido una estrella
Vestido sencillo a la par que discreto para la Feria del Libro
La Feria del Libro es poder charlar (con más o menos acierto) con un escritor poco conocido, que te cuente entusiasmado de qué va su libro. A veces (no pocas) es para salir corriendo; otras veces, le das una oportunidad a su novela: por pena, porque sea de Bilbao (sí, la Mamma hace esas cosas) o porque sea guapo. Otras veces es un editor o un librero con criterio quien te recomienda un autor o una novela si te gustó tal libro que leíste. A mí, ese rato de charla con alguno de ellos me parece algo genuíno y maravilloso, un rato en el que me evado por completo.

Que sí, también te puede pasar algo macarrónico. Como confundir a Jorge Edwards con el marido de tu librera (¡ay, Marisa, cuánto te echamos de menos!), que, error, te lo presenta como si supieses de siempre quién es. Y la cosa puede empeorar cuando te aclara, casi azorada, que no es su marido sino ¡Jorge Edwards! Y, lo adivinaste, tú, inculto, sin palabras y sin saber qué decir por no saber ni quien es tal Jorge Edwards y sin haber leído nada suyo ni saber de qué hablar con el buen hombre, del que lo único que te has sonsacado en ese rato es que habla con acento argentino o chileno. De los momentos más bochornosos que haya vivido.
De todo se aprende. Ahora ya sé quién es Jorge Edwards y he leído recientemente su última novela "El descubrimiento de la pintura", una preciosidad llena de cariño y ternura.

El descubrimiento de la pintura
Novela breve, con una preciosa historia. Muy recomendable
En fin, que la Feria del Libro 2014 ya ha acabado. Pero las librerías siguen ahí, cerca, todo el año.

No lo olvides.

A mí, mezcla de animal de costumbres y caprichoso, me pirran las librerías pequeñas, con libreros entregados, y me entristece ver como varias de las que frecuentaba han echado el cierre. Algunas otras han ocupado en su lugar. Algún día hablaré de ellas.

Y tú, ¿tienes alguna librería predilecta?
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