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29 de septiembre de 2014

El desmayo

En un patio cualquiera de Madrid...

- ¡Mariaeduvigis, corre, atenta! - exclama Haddoquín desde la terraza de su cocina.
- ¿Atenta a qué, Haddoquín? - responde la solterona, entregada de forma abnegada al frota que frota la macha del café en la mantelería de lino antes de meterlo en la lavadora a agua fría.
- ¡Reina mora, corre, mira por la ventana! - insiste Haddoquín - ¡Que el vecino de enfrente ha descorrido la cortina y está limpiando los cristales! Y ábreme la puerta que voy a verlo contigo...

Limpiacristales
El vecino de Mariaeduvigis
Mariaeduvigis, que suspira por un buen machirulo y es sabedora del gusto de Haddoquín en materia de hombres, abandona sus quehaceres, abre la puerta de su piso para que pase el hombre que más llena su vida y más vacía su nevera y se lanza presta al punto de observación instalado en el comedor, ávida y dispuesta a babear los cristales que hace apenas unas horas, con esmero y absoluta dedicación, había dejado más limpios que los chorros del oro.

Haddoquín, por su parte, se cuela en el piso de su vecina, llega al telescopio (Mariaeduvigis, que nada sabe de los astros, tiene claro lo que es importante y lo que no), justo en el momento en el que excitada cuarentona, víctima de los excesos de la visión, sufre una ligera indisposición.

Siempre buena persona y atento a las necesidades del prójimo, Haddoquín acompaña a la excitada vecina a la cocina, para prepararle un tónico reconstituyente, a falta de sales revitalizantes. Mientras Mariaeduvigis da buena cuenta del anís con agua y recupera el aliento, Haddoquín, sin perder ocasión, se hace distraídamente con el dosificador del jabón de lavadora, se las apaña para dar un beso en la frente a Mariaeduvigis entre ronquido y ronquido y sale del piso de su buena vecina sonriente y triunfante.

Porque, ¿hay algo más difícil que conseguir un dosificador de jabón de lavadora?

No.

Para conseguir su dosificar de jabón de lavadora implica:

1. Que Haddoquín instale un sistema espía de escuchas en la cocina de la vecina para controlar cuándo va a poner la lavadora y sacará el dosificador (500€).

Espía gay
Haddoquín pidió ayuda a un espía experto
2. Además, fue suya la idea del telescopio de amplio alcance (3.000€) que regaló por su onomástica, como buen vecino, a Mariaeduvigis, que no cabía en sí de gozo pensando en lo que podría ver...

Sexy en pijama
Unos de los vecinos que ocupan los tórridos sueños de Mariaeduvigis
3. Y por último, Haddoquín tuvo que apoquinar 5.000€ al vecino del bloque de enfrente para que se dejase ver (¡y qué bien se dejó ver!) en la hora H del día D. Además, caprichos del vecino, tuvo que cerrar el acuerdo de rodillas y con la boca llena.

Hombre sexy
El vecino mientras cerrábamos el trato
¿Pensabas que ir a Marte era difícil? ¡Conseguir un dosificador de jabón de lavadora lo es todavía más!

Porque ya no van con el detergente.

Antes sí; ahora no. 

Ahhh, haberlo comprado antes. Que te acabas de independizar y eres consumidor nuevo, vas a descubrir lo dura que es la vida... Que lo has perdido... así aprenderás la lección y lo conservarás mejor que tu colección de Barbies.


Admitamos que es una medida ecológica, vale. Vamos a creernos que con este "pequeño gesto" evitamos emitir chorrocientas toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera y tropecientos mil millones de kilos en residuos. Pero, digo yo, las empresas químico-cosméticas dueñas del cotarro jabonero podían dar alguna facilidad para no tener que robar el dosificador a la vecina. Por ejemplo: distribuir dosificadores a los hipermercados, supermercados, ultramarinos, etc. para que dispongan de unos cuantos para los usuarios novatos.

O más fácil todavía: responder a los mensajes de Twitter que les escribes, lloroso, suplicando por un dosificador. Pues no te molestes, querida, porque Henkel, Procter&Gamble y Unilever no atenderán tus ruegos. 

Ni tus amenazas. Ni tus sobornos.

Te harán sufrir lo indecible y jamás te responderán.

El dosificador es su tesoro.

Pero, tú, al igual que yo, valiéndote de alguna treta ingeniosa, ¡lo lograrás!

Mi tesoro
¡Mi tesoro!


22 de septiembre de 2014

¡La leche!

- ¿Qué sucede? ¿Qué pasa Haddoquín? - Te preguntarás, profundamente preocupado por mi bienestar psico-físico.

- Que tengo un problema de la leche... - Te respondo, pausadamente, con una leve e insinuante caída de párpados.

Gay milk
¡Vaya problema doble!
-  ¿Cómo así? ¿Qué sucede? ¿Qué urgencia perturba el pulquérrimo orden de los mechones de la peluca? Y Haddoquín, no ligues conmigo, ¡que eres una fresca!- Sigues preguntando, querido lector, cercano compañero de penas y alegría por vía blogguera, sin intuir que has dado con la clave del asunto.

- Pues eso, que tenemos un problema de la leche, que parece que no entiendes el español o el castellano, como prefieras llamarlo, Maríaeduvigis. ¿Durito de mollera? Que pareces alumno de la ESO, de verdad, todo te lo tengo que explicar...

- Vamos a ver, Haddoquín, no te pongas ofensivo. Tú sabes que me desviviría por ti, que suspiro por ti. Me quieres decir de una puñetera vez ¿qué pasa? ¿de qué problema hablas?

- Lo dicho: que tenemos un problema de la leche...

Gay  lechero
Tú también tiene un problema con la leche, cariño
Un problema de la leche.
De la leche fresca.
(Que no: de la leche, fresca)

De la leche fresca. Fresquísima.

Y no seas guarra que bastante soy yo, que nos conocemos, y seguro que piensas en lo que no es...

Gay leche
¿Seguro que es un problema, Haddoquin?
Cuando Haddoquin era un mozalbete sagaz, apuesto, imberbe y llevaba pantalón corto de lana tejido al calor del hogar, venía puntualmente a casa el lechero. Ni falta hace que diga que no malpienses, que eso que estás pensando sólo pasa en el porno.

El lechero dejaba en la puerta la leche fresca, recién ordeñada (y pasteurizada el día anterior) de las vaquitas que pacen y mugen alegremente por la verde campiña matritense. Y Haddoquín se bebía la leche, claro, para convertirse en un buen mozo.
Lechero a la puerta de casa. Va a tocar el timbre
La modernidad quiso que el lechero tuviera que abandonar su antigua ocupación. Desconocemos su paradero actual. Ahora tienes vía libre para pensar que el lechero se reconvirtió en astronauta, peluquero o bombero o, más probable, no llegó a cambiar de sector, se mantuvo en el campo de los lácteos y se hizo actor porno.

Sea como fuera, desde aquel entonces, en casa siempre se ha comprado leche fresca.

Dirás tú, marisabidilla, que eso de comprar la leche fresca es una antigualla. Pues sí, lo es.

Que es muy de señora que va a la peluquería todos los jueves por la mañana. O cada dos jueves, que con unos apaños en casa, me ahorro unos euros para el bingo

Y sobre todo, que es un auténtico coñazo. Porque, bien lo sabes tú, la leche fresca caduca en nada. En todas sus variedades: de vaca, de oveja, de cabra, de hombre. A los pocos días se estropea, se corta, se agria.
Gay lechero
¡Que se te escurre la leche por todos lados, criatura!
Y tienes razón... pero como los tiempos adelantan que es una barbaridad (Haddoquín, te repites), desde hace unos años, la leche fresca dura y dura y dura... más que el conejito de Duracell.

Desde que la coges en tu super de confianza (den la parte del fondo del frigo, of course, que la de delante caduca antes) hasta que caduca pueden pasar tranquilamente doce o quince días.

Milkman
En el super, cogiendo leche
Y digo yo: algo raro pasa aquí.

No soy un experto, pero diría que la leche fresca no dura quince días ni de coña. Vamos, que en el pueblo de mis abuelos, si dejabas quince días la leche fresca en la nevera te podías encontrar especies animales vistas por última vez por Darwin en las selvas de Papúa Nueva Guinea.

No sé si la pasteurizarán, la uperizarán o qué le harán; pero, vamos, quiero suponer que algo le hacen a la leche. Pero, a fin de cuentas, ¿quién no hace algo con la leche?

Sea lo que sea, el problema no viene porque le hagan algo para que dure más sino por el hecho de que llevo una temporada en la que raro es el mes sin que salga una botella mala. Avispado lector, seguro que puedes hacerte una idea de la gracia que hace escupir el desayuno por las mañanas porque la leche se ha cortado. O que la leche te arruine el exquisito, delicioso y ansiado Pu Erh imperial que te has preparado para dormir plácidamente la siesta.

Todo por la puta leche que ha salido mala.

Y lo peor de todo, tener que confesar... ¡he perdido la confianza en mi leche!

Lo dicho, ¡un problema de la leche!

¡La leche! 

Lecheros gay

18 de septiembre de 2014

Fenómenos sin explicación

Tú, que tienes una edad, que ya estás talludito -palabra altamente erótica-, que eres veterano, o directamente vejestorio, seguro que lo recuerdas.... 

Tú, alumno de la ESO, aprende la lección, que buena falta te hace...


Seguro que te has fijado en el estilismo imposible de Stevie Wonder. Y, sí, tienes razón: sólo por llevar esa camiseta merecería arder en el fuego eterno para toda la eternidad. Ni siquiera en los ochenta se podía ir de esa guisa, buen hombre.

Pero como este blog tiene una re-puta-ción de muy riguroso y sesudo, vamos a centrarnos en el mensaje, en el trasunto de la cosa, en la chicha...

Hairy gay
Mucha chicha, sí
Efectivamente, ya lo decía el bueno de Stevie, si bebesssss no condussssscasssss

Veamos, neno, el alcohol, en según qué cantidades, es cosa mala para según qué cosas.

Entre ellas, dicen algunas malas lenguas, que, en estado de embriaguez, pasado el punto en el que ves doble, es posible que tengas problemas de empalme. Ya digo, una mera posibilidad; pero vaya mala mera posibilidad. Conste que sólo hablo de oídas, que a mi eso no me ha pasado nunca, a ver qué vas a creer tú, Maríaeduvigis.

Borracho
Si has llegado a este estado, mala cosa; ya no tiene remedio, sigue bebiendo
Ahora bien, en honor al rigor científico característico de este espacio divulgativo del conocimiento (el mariblog, cateto), también hay que decir que si eres de natural tímidito y reservado, una pequeña ingesta alcohólica puede tener el efecto contrario, pudiendo acabar a noche triunfando más allá de lo esperado (el siempre acogedor esquijama). Que a mí esto tampoco me ha pasado nunca, de nuevo hablo de oídas y después de una exhaustiva labor de documentación previa.

Dualidades inexplicables para la ciencia, está claro.

Al mismo tiempo, por si no lo sabes, el conducir como una cuba también está encarecidamente contraindicado. Además de prohibido y multado. Que por menos de nada hallas un control de alcoholemia y te ves multado. Y de ahí, tras un exhaustivo cacheo por parte del agente de la Ley, al que ni osas poner resistencia, al calabozo. Y ya sabes, es una regla universal que el calabozo siempre se comparte con una caterva de chulánganos sudorosos, macizorros salidos dispuestos a... Igual he perdido el hilo...

Gay sex
Malo malote que podrías encontrar en el calabozo...
Pero lo que, hasta ahora, no había descubierto la ciencia (y mira que ya decía don Sebastián que adelantan que es una barbaridad) es que si el piloto no ha probado ni una gota de alcohol en toda la noche, por algún extraño proceso invisible, el pedal que lleve el copiloto se contagia al que maneja los pedales. ¿Cuestión de pedales tal vez?

Sí, amiga mía (Alejandro Sanz dixit), eso me ha pasado. Lo he sufrido en mis lorzas carnes. Carnes cada vez más generosas, por cierto, pero ese es otro tema...

De vez en cuando hay que dejar que el AMQP se desfogue y pegue muchos berridos por minuto. Porque cuando el señorito quiere, canta muy bien, pero hay días que el hombre necesita desahogarse guturalmente. Y lo mejor para esos días nada mejor que ir al karaoke después de cenar con más amigos cantarines. Todo premeditado, nada casual.

No diremos que el AMQP perdió la compostura con el alcohol, que luego me casca, pero admitamos que iba algo achispado; tal vez algo más que achispado porque se jugó la vida. Algo que supuestamente (sin confirmar) sucede cada vez que cojo el coche, y me dejó conducir. A mí, que me había mantenido a base de tonics, sin gin, durante casi toda la noche.

Así pues, conducía Haddoquín (c'est moi) plácidamente en la madrugada madrileña, de retirada a casa, a la ansiada cita con el lecho, cuando... 

 
Gritona
¡Haddoquín, vamos a morir!
... inexplicablemente, del todo inexplicablemente, después de una suave curva, situóse el coche sobre la acera y por la acera anduvo no un breve tramo, sino una generosa cincuentena de metros de acera adoquinada (¿o es haddoquinada?). Y más hubieran sido si la acera no acabare abruptamente en forma de verja en su encuentro con la calle Príncipe de Vergara.

Palabra de niño bueno: no conduzco mal (AMQP, por si estás tentado de responder si lees esto: nadie te pide opinión) y no tomé ni una gota de alcohol.

Gay sex
Haddoquín, un chico formal
Otro fenómeno inexplicable para la ciencia.

7 de septiembre de 2014

Vuelta a la a-normalidad

¿Qué pensabas? ¿Que aun seguía de vacaciones?

Pues no. El 25 de agosto ya aparecí por el páramo desértico que era (hasta que lleguen las masas, mañana mismo) mi sitio de trabajo. Que casi ni un alma había, oiga.

Priscilla
De camino a mi páramo desértico laboral
¡Lo bien que se trabaja y lo mucho que se avanza sin gente incordiando al lado para ir a tomar café! Ah, que tampoco había casi cafeterías abiertas. Igual por eso casi no había gente. No sé que va antes, si el huevo o la gallina.

Unas vacaciones que comenzaron el 25 de julio para desconectar del todo. Con una única interrupción, ese mismo día, que tuve que dar largas a la secretaria del departamento, que me llamó para apagar un fuego nada urgente mientras estaba arreglando unos papeles (ajenos, que los míos están felizmente en orden) en la Agencia Tributaria. No, no eran los papeles de Jordi Pujol, por si tenías dudas.

Disfraz
Máscara para ir a arreglar papeles a la Agencia Tributaria
Pero no temas, mi querido e intrépido lector, porque no tengo intención de torturarte (sólo por ahora; aviso, no te librarás de alguna reflexión sobre las vacaciones) con mis andanzas vacacionales. Y menos aún pienso date la murga con si Pujol ha robado mucho o poco o si lo ha hecho (robar; aunque la expresión también valga para las cuitas amorosas con la Ferrusola) más o menos que otros, etc.

Lo que vengo a contar es:
1 - Que he vuelto. Como Terminator. Igualicos.
2 - Que he vuelto a la normalidad. Es decir, a la vida ordinaria.
3 - Que he vuelto a la a-normalidad.

Teatro Lara
Divertida y en uno de los teatros con más encanto de Madrid
Con ello quiero decir a tener un día feongo. En realidad han sido un par de días demasiado reflexivos. Y mira que empezó bien el fin de semana, con entradas en el Teatro Lara para ver Los miércoles no existen con el AMQP. Y por si fuera poco, descubriendo cosillas que no sabía en la exposición de Le Corbusier en CaixaForum

Le Corbusier
Muy bien montada y amena la exposición de Le Corbusier
Pero ni con esas.

¿Y qué hay que hacer cuando uno tiene la regla un par de días feongos y está meditabundo?

Cada uno sabrá lo que le funciona. A mí, algo tan simple como dar un paseo y una vuelta por el centro (AKA #putocentro), para ver gente y congraciarse con la humanidad.

Así que, aprovechando que hacía una tarde fabulosa para andar por la calle, eso he hecho. Mientras pululaba Castellana abajo, poniéndome al día con la Mamma, ex-patapalo, notaba cómo las aguas volvían a su cauce y los pensamientos se serenaban. Y
algo más adelante, en Recoletos, te llevas la sorpresa de encontrarte con las fotos de la celebración del 70 aniversario de Hola. La gente, el buen rollo, las fotos (algunas, las más antiguas, es imposible que no te arranquen una sonrisa), el paseo, el buen tiempo obraron el milagro de hacer que la vuelta a la a-normalidad no tenga mayores consecuencias que el retorno a la normalidad.

70 Aniversario HOLA
¡Hola, Elizabeth!
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