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14 de octubre de 2014

La reina del verano


Como decíamos ayer (uy, me siento como Fray Luis de León), ha habido una lectura veraniega destacada sobre las demás.

Y ha habido lecturas muy buenas.

Como una con las que comencé el verano. Rudin, de Iván Turguénev (1857), una joyita de Alba (ains, imperdonables algunos errores tipográficos de edición, señores de Alba, por muy Alba minus que sea; que mira que tienen cuidado y gusto con lo que editan). Una breve novela de interiores, algo bisoña, pero encantadora. Literatura del siglo XIX, señores.

Turguenev
Hola, Rudin
Otra maravilla ha sido Pandora, de Henry James (1884), editado por la infalible Impedimenta (puedes leer el primer capítulo, si quieres; te recomiendo que leas el primero y el resto). ¿Alguna vez escribió mal este hombre? No. Henry James es Henry James y punto y final. Y en Pandora es Henry James en estado puro.

Henry James
Enigmática portada la de Pandora
En esta novelita, el bueno de Henry nos muestra a Pandora, una trepa de tomo y lomo y a Otto Vogelstein, un conde alemán un poco simple al que mandan de diplomático a Estados Unidos. Coinciden en un barco y ¿qué va a pasar? Pues sí, que el barco es como el Pacific Princess de Vacaciones en el mar y surge el amor... y pasan más cosas que no te voy a adelantar, porque Otto tiene a una amiga un poco bruja... chist. ¡Chitón!

Amor y lujo
Pandora es la de la derecha y Otto el del bigote...
Pero, sin duda alguna, la reina del verano ha sido toda una sorpresa. Ha sido ella: Harriet.

Harriet (1934) es la novela más conocida de Elizabeth Jenkins. En español la ha publicado Alba (que no me da comisión -ya me gustaría-; por cierto, si vas al enlace, no leas la reseña porque destripa el libro más de la cuenta), en su colección Rara avis, con lo que el precio es un palo.


¿Quién es Elizabeth Jenkins? te preguntarás.

A mí, tengo que reconocerlo, las Elizabeth se me mezclan unas con otras y me hago un poco de lío. Que si Elizabeth Jenkins, Elizabeth Gaskell, Elizabeth Taylor... pero no es para menos: Elizabeth Gaskell escribió Cranford, en el que una de las protagonistas es la inolvidable Matilda ¡Jenkins! La mezcla de Elizabeths es tal que una noche llegué a soñar con Elizabeth Gaskell, pero para mí que era Elizabeth Taylor... o igual soñaba con la verdadera Elizabeth Gaskell, con el subconsciente puesto en alguna tórrida imagen de Norte y Sur. Ains, ese Patrick Swayze. Ainsssss ese James Read...

James Read
Norte y Sur es la novela más conocida de Elizabeth Gaskell

En fin, que me despisto...

Elizabeth Gaskell Taylor Jenkins merece pasar a la posteridad por algunos hechos.

Primero, por escribir en 1938 una biografía de Jane Austen y, dos años después, ser una de las fundadoras de la Jane Austen Society que recuperó a mi Jane Austen del olvido. Por lo dudabas, a mí es decirme Jane Austen y embelesarme, sí. Ponme delante un libro de Jane Austen y pierdo la voluntad. Cada cierto tiempo tengo que releer a Jane Austen para congraciarme con el ser humano. En especial, me derrito con Sentido y Sensibilidad. Con el libro. Con la película. Con la banda sonora.

Segundo, por haber logrado escribir y publicar Harriet. Por lo visto, a Elizabeth Jenkins le costaba todo lo del mundo dar el visto bueno a lo que escribía, por minuciosa y concienzuda. De ahí que no fuera una escritora muy prolífica, pese a vivir casi 105 añitos. Así que el hecho de que Harriet viese la luz es toda una hazaña.

Señoras y señores, Harriet es un novelón redondo. De principio a fin, lo mires por donde lo mires. El estilo es impecable. Más cuidado y preciso no puede ser. Lo que no quiere decir pedante, ni cursi. Porque no lo es, al contrario, es aparentemente sencillo. Pausado, pero sin perder el ritmo.

Elizabeth Jenkins
La portada no dice gran cosa, lo bueno está dentro

La trama resulta perfecta. Muy entretenida no, lo siguiente. Con mensaje, por si fuera poco. Una historia tremenda, digna de película de sobremesa de Antena 3. No en vano, Harriet está más que basada en hechos reales. Y los hechos son tela marinera... terror victoriano.

Sin ánimo de destripar demasiado, a medida que avanza la novela vas viendo cómo pasan cosas como sin importancia, detalles que revelan y anuncian algo terrible. Piensas que no puede ser, que algo pasará, que no puedes estar leyendo lo que estás leyendo. Pues sí. Lo curioso, además, es que comparas a los malos entre sí, y Elizabeth Jenkins te lleva, como quiere y cuando quiere, a justificar a algunos malos frente a otros. Lo mismo que los malos manipulan a Harriet a su antojo, Elizabeth Jenkins te manipula y te lleva donde quiere.

La trama psicológica es impecable. Los motivos que mueven a las parejas de hermanos Louis-Patrick, Elizabeth-Alice a la crueldad se van presentando en sus diversas formas a medida que avanza la novela y, al final, no sabes quién es más cruel.

No desvelaré si los buenos logran ganar a los malos o qué pasa con el final; es algo que tendrás que descubrir tú mismo cuando la leas. Porque Harriet es una novela tal vez no demasiado conocida. Porque a Elizabeth Jenkins no se la conoce demasiado en España. Pero no te defraudarán.

100% Recomendable.

13 de octubre de 2014

La decepción

Más vale tarde que nunca, dirás. Pues sí. En este caso, muy tarde. Pero las prisas no van conmigo

Apenas he dicho nada de las lecturas de este verano y ha habido algunas muy pero que muy buenas. Hoy toca hablar de la decepción del verano. Mañana (si hay tiempo), sacaremos los pompones y diremos eso de "And the winner is...". Vente con el santoral repasado, por si tienes un momento Pe. Pero eso será mañana. Hoy es hoy y lo que toca...
 
La decepción.

Porque no hay otra forma de llamarla. la decepción del verano ha sido Nathaniel Hawthorne con su famosísima La letra escarlata.

La letra escarlata
Ni la portada se salva de la quema
La letra escarlata tiene fama de ser una de las mejores novelas americanas del siglo XIX. Hasta ahí vamos bien porque, aunque la literatura americana no sea (con excepciones como mis adorados Henry James y Edith Wharton) mi preferida, mira que me gusta a mí el siglo XIX y los novelones del siglo XIX.

Pues bien, La letra escarlata está escrita a mitad de siglo XIX, pero... en el afán de recrear el Boston (y alrededores) del siglo XVII, tiene un estilo muy anticuado (el mérito del estilo retro sí hay que reconocérselo a Nathaniel). Rancio, para no darle más vueltas. Igual de rancias que las colonias inglesas del siglo XVII. Porque mira que eran rancios. Igual la traducción no ayuda, puede ser, pero es que en esta novela todo es grisáceo plomizo, excepto en un breve momento en el que triunfa el amor y (casi) todos son felices y van a comer perdices.

Además de rancios, también eran un tanto drásticos por aquel entonces. Que a la mínima que te salieses del gris dominante te acusaban de brujería. Porque quien dice Boston, dice Salem. Así que, ya sabes, Maríaeduvigis, saca las cerillas que hoy tenemos hoguera. Porque quien dice Boston, dice Salem.

Nathaniel Hawthorne
La letra escarlata: una A
Hay novelas que resisten mal el paso del tiempo y éste es, en mi opinión, una de ellas.

Sin desvelar mucho de la trama (alumno de la ESO, no confundas La letra escarlata con La pimpinela escarlata; son distintas), hay que reconocer que, hoy en día, en buena parte del mundo, las desventuras de Hester no serían lo mismo. Hester ha sido maaaaala y, entre otros castigos, los simpáticos vecinos con los que convive (ríete tú del Mirador de Montepinar) le imponen llevar una letra escarlata. Una A, para ser exactos. Por sino lo pillas: una A, de adúltera.

Hawthorne
¡Dame una A!
Lo cierto es que, desde el punto de vista del lector, la historia se hace más que predecible. Y eso, querido Nathaniel, junto con el pedazo de prólogo que te marcas en la edición de Valdemar y las notas a pie de página (oiga, estoy leyendo una novela, no una tesis), hace que el relato sea algo pesado, casi aburrido. Casi un mes para leerla (a tiempo parcial, menos mal). Aquello no avanzaba. Me da que el AMQP debió pensar que mi afición a la lectura era pura pose para hacerme el interesante.

¿Qué es lo mejor de La letra escarlata? Me quedaría con dos cosas. 

1. Con el mérito de montar una novela con tan pocos personajes: Hester, la abnegada prota; Dimmesdale, el perfecto pastor (no de ovejas) protestante; el malo malísimo de Chillingworth y la petarda de la cría. Vale, también está la bruja (literal) de la hermana del gobernador.

Letra escarlata
Hola, Demi. Quien te ha visto y quien te ve...
2. Quieras que no, el tema da un poco para pensar. Dirás tú que, hoy en día, por ser una casquivana madre soltera no le iba a caer ahora a Hester una pena como en aquel entonces. Que los tiempos han cambiado... Pues sí... y no. Y no hace falta que te vayas a algún lugar recóndito, que aquí, a la vuelta de la esquina, en el caso que nos cuenta el Sr. Ingebrethsen poco ha faltado... Vaya, pues igual no han cambiado tanto los tiempos y algo que entra únicamente en la esfera privada de cada cual resulta que acaba siendo objeto de votación popular...

En fin, una lectura... psa, psa, recomendable si no tienes nada mejor a mano (sea libro o no), que deja una sensación, al menos en mi caso, que no es la de obra maestra de la literatura universal.
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