Subscribe

24 de diciembre de 2015

Los gemelos te desean feliz Navidad

 ¡FELIZ NAVIDAD!




Increíble pero cierto: el que va disfrazado de el Zorro es mi doble (o yo el suyo, a saber). ¡Tengo un gemelo! Somos clavados. Misma pose desaguisada, igual de pavisosos moviéndonos, sin saber qué hacer ahí o con los brazos... la única diferencia (visible) es que el tiene la barba y el pelo más negros, en lugar de mis malditas seductoras canas y melena al viento pelo castaño claro.

Así que, de parte de mi gemelo y mía...

¡FELIZ NAVIDAD!

19 de noviembre de 2015

Popular

Tranquila, María Eduvigis, que no vamos a hablar del partido, ni de política ni cosas parecidas...

A veces, tras mucha preparación, cuidando los detalles y comprobando todo una y otra vez, las cosas salen bien. Es lo suyo, ¿no?

Happy sexy
Carita feliz que se te queda al salir todo bien

En cambio, otras veces, por mucho empeño que le hayas puesto a algo... no termina de salir bien.

En otras ocasiones, no se sabe cómo ni porqué, las cosas salen muy bien de forma casi insospechada. No diré que salgan sin nada de preparación pero sí que el resultado está muy por encima de lo esperado para el esfuerzo, justito, casi de última hora, que se ha realizado.

Otras veces, no. Haces una chapu y la chapu se ve por los cuatro costados. Como muestra de la chapu, este cartel del chino de al lado de casa es un buen ejemplo. No da pie con bola. "Liberaciónes", "Liberaciónes el momento", "movil" y, lo mejor... "cambiar el pilar de relojes".

Reflejo es Haddoquín hace unos días. No son los kilos es el chaquetón
Pues bien, ultimamente los astros parece que se han alineado porque casi todo me sale bien. Me está pasando con mucha frecuencia. Que las cosas salgan bien, tanto las preparadas como las no tanto.

Debe ser la madurez.

O la cosecha, a muy largo plazo, de frutos de algo que hice cuando todavía era una joven promesa (porque hubo un tiempo, hace muuuuucho, en el que era como Judy Garland, como Shirley Temple, una joven promesa). No lo sé. Pero es cierto que últimamente parece que estoy en racha.


Por ejemplo, en el nido de víboras (léase, en el trabajo), para algunos tengo buena fama. Y eso que antes de la dimisión en octubre, me ocupaba de una de las áreas más impopulares de mi trabajo. También tengo a algún archienemigo, cómo no...

Ayer hubo elecciones a representantes en órganos colegiados (en mi trabajo somos así, votamos mucho; igual por eso estamos como estamos) y, de forma algo inesperada, porque suelo ser algo sincero (sin llegar a ser crudo), un tanto autista y no especialmente sociable, salí elegido.

¡Soy popular!


Idina, ese verde matador...

Salir para la representación colegiada en el Claustro no me importaba gran cosa. Me alegro de haber salido, pero ya está. Iba propuesto en una lista cuasioficial de entre la que había que elegir, así que tampoco tiene tanto mérito, Glinda.

Lo que sí me sorprendió es que, también ayer mismo, en unas charlas de innovación docente, me fuera tan bien en una presentación que tuve que dar sobre un proyecto que ya en su inicio era pequeño y que se quedó en algo chiquito durante el desarrollo. Vamos, que fue una cosa que nos llevó poco más de un rato (aunque luego tuve que pedir al AMQP que me echase una mano en cuestiones de audio).

Pues, oye, el proyecto acabó gustando y la presentación, posiblemente la más sencilla que haya hecho en muuuuuucho tiempo ¡también! ¡Si me lo dijo hasta una compi, miembro del equipo del minitrabajo, que suele ser bastante crítica con mis presentaciones!

A mí con lo de algo pequeñito siempre se me va la cabeza a otras cosas...

Además, está el tema de la casa, etc. Pues mira, buscando, buscando y rebuscando (para desesperación del AMQP)... las cuentas salen, los presupuestos salen y todo por un precio mejor del inicialmente previsto.

 Las cosas salen tan bien que hasta Daniel Diges se ha dejado barbita y se nos ha puesto interesante...

Sexy
Mucho mejor, sí, Jean Valjean

 ¡Viento en popa a toda vela!

8 de noviembre de 2015

40

Hoy, día de San Godofredo y San Adeodato, me convierto oficialmente en...

Principalmente


CUARENTÓN
Lavar con Mimosión
¡40 años!
Toda la vida esperando al 40...


¡Un señor!
Hola, tocayo; así me ve el Sr. Ingebrethsen, que me ve con muy buenos ojillos y con aire British
¡Un gentleman!
Rehola, tocayo; siempre leyendo...
El número impone un poco pero... ¡me siento estupendísimamente!
Un jovencito de 40
Y en unos meses también cumple los 40 esta sin par canción...

Así estoy yo, en plan acaparador de besos... Save All Your Kisses For Me...

I Love You!

14 de octubre de 2015

Un billete de 10 euros no sirve para nada

Pensarás tú que un billete de 10 euros sirve para hacerse con muchas cosas.

En parte tienes razón.


Con un billete de 10 euros puedes pagar algunas (no muchas) cervezas o una copichuela (en un lugar que no esté de moda) o hasta comer en algún sitio con menú del día bien de precio (como en mi trabajo, el precio es muy bueno, la calidad igual no tanto; el AMQP no se ha vuelto a dejar invitar). Con un billete de 10 euros puedes atiborrarte a golosinas (o quedarte con las ganas de atiborrarte si estás en la tienda de chuches de los cines). Si eres goloso, con un billete de 10 euros puedes hacer realidad tus fantasías transitoriamente, durante lo que da de sí una palmera de chocolate. O dos. O incluso tres o cuatro palmeras de chocolate.

Chocolate sexy
Fantasía de chocolaaaaaate

No todo es comer o beber, no creas; un billete de 10 euros también te da para unos cuantos libros de segunda mano y algún minilibro o relato nuevo. O para una entrada no especialmente buena de varios teatros y, dependiendo del día y de la sala, para una entrada al cine (increíble pero cierto: el cine -aunque sea un bodrio de peli- está más caro que muchas obras de teatro). Incluso, con un billete de 10 euros puedes comprar la entrada para muchos conciertos (además de los gratuitos, obvio; pero tampoco esperes ver a Madonna).

Pero lo que no puedes hacer con un billete de 10 euros es... montar en el autobús.


Hace un par de semanas, tuve que ir a hacer un trámite en calidad de Sr. Cuesta (Ilmo. Sr. Presidente de la Comunidad de Propietarios) al Canal de Isabel II. Inesperadamente, después de un tira y afloja de más de dos años (en los que, de forma muy resumida, el Canal ha tirado y yo he aflojado), se logró resolver un problema, poner la factura del agua a nombre de la comunidad y, de paso, aleluya, domiciliar la factura. Emocionado, visiblemente emocionado (y si has tenido que hacer algún trámite con el Canal lo comprenderás), decidí volver a casa dando un pequeño paseo por el centro; la tarde era propicia y uno ya era consciente de que se va a convertir en pueblerino en breve. ¡Así que a empaparse de ciudad!

Paseando por Santa Engracia (Saint Engrance, de mis tiempos mozos del British), comprando una palmera de chocolate (sólo una), hasta Alonso Martínez para coger el autobús. Ahí estaba el 7, rutilante en su cabecera. De donde normalmente lo ves marchar mientras esperas en el semáforo en rojo de Almagro.

El día de autos no se escapó y logré subir. Pero debido al vicio de la palmera de chocolate, no llevaba más dinero que un billete de 20 euros y una moneda de 20 céntimos. Y el metrobús, guasón, agotado en la cartera. Así que a comprar el billete en el propio autobús mientras piensas en lo imposible "Que me toque un autobusero que esté buenorro tenga cambio de 20 euros".

Autobusero
Hola, Otto: no te ofendas, pero no eres mi tipo...

Y, claro, no. Lo imposible es imposible. "El cambio máximo es de 5 euros" me espetó, muy reglamentariamente. Que para eso hay un pegatina justo junto al autobusero informando de eso mismo.

¿Qué pasó? Lo que tenía que pasar: el autobús se puso en marcha (¡bien!) y yo me bajé en la segunda parada (¡mal!). Entré en un bar muy fashion (en Almagro todo es de fashion para arriba; este bar era muy fashion, pero sin llegar a super fashion) para pedir cambio, viendo de reojo el autobús, parado en un semáforo. Me dieron cambio de 20 euros en un billete de 10 euros y en cincuenta monedas de 20 céntimos. El celo del camarero con la cuenta de las cincuenta monedas es digno de elogio y el autobús se dio a la fuga.

¡Fuga temporal! Un par manzanas más adelante, el autobús estaba parado y se le iba a poner un semáforo en rojo en breve. Así que hice lo que hacen lo cobardes: correr. Cual gacela. Llegué a tiempo de coger el autobús en su tercera parada, con una sonrisa matadora, ensayada delante del espejo miles de veces (cosas de putacabrona). La cara del autobusero al verme de nuevo oscilaba entre la de superioridad absoluta y la de desprecio absoluto. Allí saqué ocho monedas del bolsillo. Su réplica fue una cara de asco absoluto, una moneda de 10 céntimos y un título de transporte absolutamente válido para un viaje. Por ese orden.

Efectivamente, en Madrid, los autobuses no tienen obligación de llevar cambio superior a 5 euros.

¿Te parece poco cambio? Pues ajo y agua. O sé un poquito previsor y ten un metrobús con viajes a mano. O cambia antes de subir al autobús.

Personalmente, me parece ridículo que el cambio se limite a 5 euros, habida cuenta de los 1,5 euros que te clavan por el billete sencillo y de que el metrobús cuesta 12,20 euros.

Es decir, un billete de 10 euros ni te sirve ni para subir al autobús ni para comprarte un metrobús. El billete de 10 euros se queda en tierra de nadie, en el territorio ignoto de los billetes de curso legal que no sirven para nada.


10 euro
Billete de 10 euros listo para imprimir y dar el pego por uno de verdad
Nunca un billete de 10 euros ha sido tan inútil.

9 de octubre de 2015

Y ahora... puesta al día rapidita

Ya sé que tengo muchas cosas pendientes de las que ponerme al día.

Porque ya hace un tiempo desde que escribí aquí por última vez. Pero no siempre se puede sacar tiempo para escribir (al menos no si eres un tanto lento al escribir, como me pasa a mí) y otras veces no apetece parar y sentarse a escribir.

Y como decían Los Panchos (hay cosas que no cambian, siempre tan actual en cuestiones musicales)... así pasan los días... Y tú desesperando.



Desesperando y, tal vez, pensando que este blog se había cerrado. Sin poner el cartel de "Cerrado por defunción", un detalle.

No. Aunque lo parecía un poco.

No habré escrito en semanas, pero sí he tenido momentos y detalles que quería compartir y escribir. Incluso los he redactado mentalmente. Pero ahí se han quedado esos comentarios, dentro de mi cabeza. Ideas, paridas mentales, ocurrencias, anécdotas... Tal vez tendría que tomar notas rápidas para evitar que las ideas se evaporen. ¿Para que está el maricuaderno si no?

Handsome guy writting
Haddoquín, inspirado por Talía
Porque desde que comenzó el verano han pasado muchas cosas. Y siguen pasando. De hecho, a veces pienso que demasiadas.

Como ya no puedo esperar más, prepárate, porque voy a soltarte unas cuantas novedades para ponerte al día. Sin miramientos, a quemarropa, que tiempo habrá para dar detalles:

1. ¡Nos compramos casa! Lo que oyes. Casa, casa; no piso; ni apartamento; ni loft. Y casa, en Madrid, significa que o tenemos una millonada o nos vamos al quinto pino. Nos vamos al quinto pino. Con lo bueno y lo malo que eso supone, sobre todo considerando que ahora vivimos bastante céntricos (que nadie tenga la brillante idea de comentar las malas, que esas ya llegarán solitas). Ya tenemos las arras firmadas y el visto bueno del banco. De aquí a poco más de un mes, mudanza (sí, planazo). La Navidad la vamos a pasar allí casi seguro.

Casa rosa
La maricasa (vista posterior)

2. Suenan campanas de boda (a lo lejos, pero suenan). O no. Porque el AMQP piensa que quien se tiene que poner de rodillas (arrastrarse, según él; a mí, lo de ponerme de rodillas como que tampoco me importa) soy yo. Y yo pienso que lo suyo sería al revés, que es él quien debería pedírmelo (y ponerse de rodillas, ya puestos, también). Y a quien le gustaría pedirle la mano a mi padre es al AMQP... Vamos que no nos ponemos de acuerdo en quien tiene que soltar eso de "¿Quieres casarte conmigo?". La verdad, a mí la mariboda (la mía, no la de Maroto) me hace ilusión. Al AMQP... psa, siendo generoso.


3. He comenzado una web-aventura. Pero no termino de concretarla. Me lie con WordPress y tuve que salir escopetado. El diseño actual de la web me gustaba, pero ahora no me convence por ser demasiado formal. Las editoriales son unas rancias y generar contenidos en un mundo con mucha competencia es muy complicado. En todo caso, no hay excusas: tengo que encerrarme y darle un empujón. Poco a poco (muy poco a poco), el proyecto va mejorando (ya se puede ver pero, por ahora, prefiero no darle publicidad porque no está muy presentable, aunque sí ha arrancado porque, si no, no lo haría nunca) y tengo las cosas más claras. ¡Pero no sé si sé hacerlas! Y si no sé, ahora mismo, con un préstamo descomunal por delante para comprar la casa, no me parece apropiado darme el lujazo de pagar a un ilustrador y a un diseñador de páginas web. Igual tengo que volver a replantearme el objetivo inicial: pasármelo bien hablando de libros y pasar un poco del aspecto visual (que se me da mal, pero también mola perder horas y horas con los códigos HTML y CSS).

Marilyn Monroe reading
Hola, Marilyn, guapa
4. Ha cerrado el bar de los musicales. Justo a la vuelta del verano. Como tantos bares, que no duran más de dos años. Éste duró tres años, pero los caminos de los dueños se han ido separando; primero personalmente; luego sus exigencias profesionales les han llevado a cerrar. Y me ha dado pena. Porque es donde empecé a conocer al AMQP. Porque es donde hemos ido muchísimos viernes: el AMQP a cantar y yo a presumir de churri y, a veces, a llorar un poco de la emoción con sus "This Is The Moment", "Stars" y "Bring Him Home"; los dos a pasarlo bien. Y porque también teníamos allí a un grupillo de amiguetes muy majos a los que, siendo realista, se hará difícil seguir viendo. Y ahora la pregunta es ¿dónde vamos a ir ahora?

Bambalinas Bar Musicales
Sombrero de copa con prupurina dorada, te voy a echar de menos

5. He ido al casting de un concurso de la tele. Y pasé el primer casting. Y pasé el segundo casting, con prueba de cámara y todo. Y me llamaron para ir a grabar. Y no grabé porque fui de suplente y no hizo falta. Y me volvieron a llamar para ir a grabar. Y volví. Y grabé. Pero tuve una actuación decepcionante (sí, así de duro merece ser el adjetivo). Y me fui a casa después de unos 20 segundos aproximadamente. Paso efímero por la tele. Claro que con ese papelón que hice, mejor que se me vea poco. No te molestes en preguntar porque, salvo en la más estricta intimidad, he firmado un contrato que me obliga a mantener en supersecretísimo lo que sucedió.


6. Me han cesado. Tranquilo. No me han echado a la calle. Solamente se ha llevado a cabo mi cese (efectivo desde el día de hoy, además). Llevaba con ganas de dimitir de un cargo accesorio desde mayo o junio de 2014. ¡Por fin! Ha habido cosas buenas, pero ya no quería seguir. Y sin querer dedicar esfuerzos a algo, no se debe seguir ocupando un cargo. ¡Libre! De vuelta a mi escondrijo-despacho. Con capacidad de decidir qué hacer con mi tiempo.

Básicamente, esto vendría a ser una buena puesta al día, ¿no te lo parece?



¡Muy buen finde!

14 de julio de 2015

Premio extraordinario

Últimamente, con lo difusa, imprecisa y subjetva que es este adverbio, han sucedido tres cosas del todo extraordinarias y anómalas en mi vida cotidiana. Propongo dar un premio (extraordinario, claro está) a la que consideres más extraordinaria y anómala.

Primera cosa de índole extraordinaria y anómala: el risotto de setas

Motivo número 1 de extraordinariez: el domingo teníamos la nevera bastante perjudicada pero estaba todo lo necesario para hacer risotto de setas. Hormiguita a hormiguita, ya me había hecho con todos los ingredientes de la cosa, lo que traducido al mundo real significa:
a) que llevaba ya unos días con ganas de hacer el risotto (totalmente cierto, desde que probé la receta en casa de mi señora madre),
b) que por no llevar lista de la compra, había repartido los ingredientes en tres o cuatro visitas al super (porque en esta casa, querida, la compra la tenemos externalizada en Haddoquín, SA; mientras las compras las lleva el departamento de compras, encabezado por el AMQP)
y c) que aún no nos habíamos comido los ingredientes por separado, ni los habíamos usado para a saber qué (en esencia, lo tenía todo medio escondido en los profundos recovecos que guarda cualquier cocina que se precie: detrás de la caja de corn-flakes).

Risotto de setas
Mi risotto tenía un aspecto similar
Pero nunca tendría un mantel de flores grises... ¿para que existe el rosa?
Motivo número 2 de extraordinariez: cocinaba yo y no se quemó nada. Ni sé achicharró nada. Ni se carbonizó nada. Ni hubo que llamar a los bomberos (la conveniencia de esto habría que repensarla en según qué circunstancias). Ni hubo intoxicación por humos. Y esto, señores, era algo totalmente anómalo hasta hace cuatro días, pero parece que en los meses más recientes comienza a ser norma habitual. ¿Habré perdido definitivamente el toque brûlé que le daba a mis exquisiteces culinarias?

Gay Firefighter
Haddoquín, si hay que acudir a tu rescate, ¡yo voy!
Motivo número 3 de extraordinariez: estaba para chuparse los dedos (por algún sitio hay que empezar a chupar). Lo nunca visto. Ya tengo otra opción más de menú para cuando los progenitores vengan a comer a casa.

Total puntos de extraordinariez: 9 sobre 10.

Segunda cosa de índole extraordinaria y anómala: el coro

Primer motivo de extraordinariez: llevaba tiempo amenazando con dejarlo y, finalmente, lo ha hecho. El AMQP dejaba el coro después de la pausa del coro que siguió a la paliza de conciertos navideños. ¡Pero si al AMQP le chifla cantar! Pues sí, pero el canta en cualquier situación y circunstancia y es  igual de feliz catando en la ducha que en el Lope de Vega. 

Segundo motivo de extraordinariez: el AMQP se ha cabreado porque le han expulsado del grupo de Whatsapp de tenores del coro. Cosa que a tí, lector, como a mí (escritor), te parecerá del todo lógica y natural: si te vas del coro, te quitan del grupo de tenores para no darte la barrila. Pues no. El AMQP se lo tomó a la tremenda: "¡Tiempo les ha faltado para echarme del chat de tenores!". Por lo visto, no lo esperaba. O no lo esperaba tan pronto. Y lo que también esperaba es que le llamasen para ir a algún concierto (¿como estrella invitada, pensaría el AMQP?)...

Tercer motivo de extraordinariez: no le han llamado para ningún concierto porque no ha habido ninguno desde que lo dejó. Por lo visto, ha habido más bajas y el coro no está en condiciones de cantar, así que ha suspendido los conciertos que tenía hasta la vuelta del verano.

A mí, esta historia me da pena. Por un lado, y principalmente, por el AMQP. Porque a él le gusta cantar, porque en el coro se lo pasaba bien cantando y, además, porque se lo pasaba bien con la gente, con el grupito suyo. Por otro lado, también me da pena que el coro se haya quedado estado de ruina inminente; quieras que no, como espectador y como madre de la Pantoja churri del AMQP ese coro también me ha dado muchas alegrías, así que ojalá refichen a los perdidos o a nuevos cantantes para que el proyecto siga adelante.

Y al mismo tiempo me surge una duda: ¿qué piensa hacer ahora el AMQP? ¿Se me hará autónomo de la canción? ¿Se intentará meter en el Coro de Hombres Gays de Madrid?

Gay Choral
El AMQP con pajarita tiene que estar muy guapo... y son majos
Total puntos de extraordinariez: 8 sobre 10.

Tercera y última cosa de índole extraordinaria y anómala: Chamartín

Siempre digo que ir la estación de tren (y el hotel) de Chamartín es como meterse en la máquina del tiempo y viajar al pasado por lo anticuada que está. En lugar de haber reformado los baños de cruising de Atocha ya se podían haber gastado algún euro en bombillas para Chamartín. Salvo por la cascada de luz que tiene el vestíbulo principal del Metro (que me quedaría mirando horas y horas; soy muy básico), el resto de la estación está como para permitir pruebas bombas nucleares. Algún día, allá por el siglo LXII enterrarán las vías y reformarán la estación.

Pues bíen, ayer, lunes, 13 de julio de 2015, en mi periplo habitual hacia el trabajo me confundí de tren (por ir leyendo un libro en lugar de fijándome en los carteles de los trenes; que ya se sabe, leer es muy peligroso), tuve que hacer cambio en Chamartín y... ¡viaje en el tiempo!

Viaje en el tiempo... a un tiempo en el que debió llover de lo lindo porque en uno de los subterráneos, entre los andenes 3 y 4 ¡había goteras! ¡Tal y como lo lees, Maríaeduvigis! Goteras en el techo del subterráneo. Que si ya de por sí es un poco cochambre, con goteras se convierte en cochambre resbaladiza.

Goteras
La foto no es mía y es de marzo... pero como si fuese de ayer
Si es 13 de julio, si lleva sin llover desde el pleistoceno medio y si hace un calor que está todo más seco que la mojama... Si es imposible que haya goteras... Pues sí, pero había goteras.

Total puntos de extraordinariez: 11 sobre 10.

Por lo tanto, para mí, el ganador del certamen de cosas extraordinarias es Chamartín. Porque hace que lo imposible sea posible.

Ahora, querido lector, te pregunto: ¿qué es lo más extraordinario y anómalo para ti?  ¿Qué merece un premio extraordinario? ¡Vota!

6 de julio de 2015

A rey muerto, rey puesto

¡No me digas que se nos ha muerto Felipe VI!

¡No! No mientes la bicha. Que Felipe sigue vivito y (espero) coleando.

Felipe
Con chaqueta de verano, que tengo el reino sofocado con estos calores veraniegos
Además, no pienses en segundas lectura ni lea entre línea; por lo visto, parece que en un añito de trabajo, ha mejorado la (buena) imagen que los súbditos del reino tenemos de nuestro Jefe de Estado.

Si es que Felipe es muy mono. Muy ideal.

En general, los royals son todos ellos muy monos y muy ideales, porque Federico de Dinamarca también tiene su punto. Ainsss. Esa barbita. Ainssss. Ese flequillo rebelde. Ainsssssssss. Ríete de Hamlet.

Frederik of Denmark
Entre sus títulos figura el de Royal Monérrimo

¿Y lo de rey puesto? Haddoquín, ¿nos vas a hablar del recién entronizado Rey de Tonga?

No, no tenía intención. Porque Tupou VI (mira, VI, como Felipe) no me ha invitado a los fastos de la celebración. Si no, lo habría hecho. Porque si te invitan a una fiesta, hay que hablar de ella (aunque sea tarde o muy tarde; Mr. Mocho no me mate usted, todo llegará).

Tonga
Alguna excepción a la regla monérrima e ideal de los royals hay...
Entonces, ¿llevas ni se sabe cuánto tiempo desaparecido y nos vienes con un título que no quiere decir nada?

No. Rotundamente, no.

Querido lector, todo tiene su explicación.
- Mi desaparición de este mundo blogosférico. Al menos como activo, porque como pasivo ya había reaparecido (vamos que uno es lo que se dice un bloggero versátil). Ya te contaré algo de lo ocurrido en estos tiempos).
- Mi reaparición con este tema, tiene una causa justificada. Y si no me crees, sigue leyendo (si me crees, ingenuo, sigue leyendo también; por si acaso).

Hace dos sábados, volviendo a casa a comer, con la solana encima y en estado mental licuado y pensante, ya estuve a punto de coger el teclado. Pero me iba a salir algo muy melancólico y dramático relacionado con las malas decisiones y sobre como cualquiera está expuesto a acabar vendiendo sus pertenencias en la calle. Algo me dijo que no iba a ser trending topic, así que lo pospuse para los fríos invernales.

Hace pocos días, también estuve a punto de retomar la escritura en el blog, pero de nuevo la historia que iba a salir era tremebunda. Vamos, que estaba alicaído por una circunstancia que se veía venir desde hacía ya tiempo y tiempo (sigue leyendo). Y en esa situación, mejor no coger la pluma (ya, toma recurso estilístico literario).

Hoy, pasada una conversación dominical junto a la piscina con la Marquesa (aja Hermanísima) y el AMQP... cobra todo su sentido la expresión a rey muerto, rey puesto. 

Pool
Piscina del Marquesado

Veamos:

El rey muerto
Una idea de negocio que tuve hace año y medio y que, sin mucho empeño, empecé a llevar a la práctica en abril de 2014. Sin ningún éxito en lo mercantil y, a juzgar por lo que me dijeron el AMQP y la Marquesa, tampoco en lo personal (discrepo).

La idea no era mala y contaba con una selecta clientela: con un cliente na'más. Tal vez decir cliente sea exagerar porque no llegue a cobrar (más allá de un pago en especie: Así empieza lo malo, de Javer Marías); por decirlo suavemente, realizaba mi (escasísima) actividad de forma algo opaca al fisco (simplificando; no me iba a dar de alta en la Seguridad Social por un cliente que, de pagar, me hubiera pagado unos 60€ al mes). Hubo más clientes en mente, pero no llegaron a buen puerto.

Cosas que pasan. Si sólo quería poner este negociete en marcha para hacerme rico riquísimo y permitirme el lujo de poner una librería (anhelo).

Hace ya unos meses avisé a la clientela del cierre de actividad, cosa que acogió con cierto disgusto. Y el jueves (exacto, ese día que casi escribo en el blog en circunstancias poco propicias) le entregué todo lo que tenía pendiente y puse el The end a ese capítulo de mi vida. Anisssss. Y aunque lo disimulé, un poco bocadito sí estuve, tanto cuando decidí acabar, como cuando acabé de facto.

El rey puesto
Al tiempo que el naufragio de mi empresa anterior era algo cada vez más evidente, mi cabecita (loca) empezaba a pensar en nuevas (y por supuesto, brillantes) ideas. De una, en especial.

El domingo les hice partícipes al AMQP y a la Hermanísima de la idea y, vale, siendo algo optimista, diría que tuvo una acogida razonable. No mala. Pero sí razonable. No lanzaron cohetes pero no la vieron mal. Incluso diría que me animaron y también aportaron algunos detalles interesantes.

Tengo que darle más vueltas a la idea. Que está muy verde que te quiero verde, pero me gustó eso de "Como esperes a tener la idea perfecta con todos los detalles atados y todo controlado, igual no llega nunca".

Como sucedió con la experiencia fallida, debo decir que el AMQP, en esas situaciones, demuestra que es un santo. Porque podría decirme que soy como Antoñita, la Fantástica. Pero no. Me apoya y todo. 

Borita Casas
Haddoquín pensando
Si avanzo, te tendré al tanto, porque la cosa tiene que ver con estos mundos de internet. Puede que no llegue a ninguna parte. O puede que sí. Pero lo voy a intentar y, por una vez, me lo voy a pasar bien por el camino...

Guapo
Así voy a lucir cuando me lluevan los premios



9 de marzo de 2015

Acorralado

Seguro que te estás preguntando qué fue del estreno de la camisa rosa. Seguro, que nos conocemos. Sobre eso venía a escribir ahora pero... 

Elegante a la par que rosa
Camisa rosa con elegante corbata a rayas, un acierto
Pero hay una noticia de última hora.

¡Una serie de sucesos paranormales se han adueñado de mi casa este fin de semana!

Como lo lees, Maríaeduvigis.

Era de esperar, la verdad. Con lo mucho que le gusta al AMQP el Cuarto Milenio ese era cuestión de tiempo que los espíritus del más allá vinieran a manifestarse aquí. ¡Con lo bien que se manifiesta uno en la Puerta del Sol, leche! Pues no, porque al AMQP le pirra dejar la tele puesta para dormirse con Cuarto Milenio de fondo. A mí, como que me repele ver la tele en la cama y menos dormir con la tele puesta. Pero la semana tiene siete días, así que toca ceder algunos días, que otros ya cede él. Así que mientras el AMQP duerme plácidamente y ronca como un dinosaurio, uno, que querría estar dormido, escucha de fondo cómo convocan a los demonios, fantasmas y demás fauna de otros mundos.


Carmen Porter e Iker Jiménez
Con minifalda y a cazar demonios, cahti
Tanto ver Embrujadas que lo raro era no tener a todos los bichos malvados del inframundo pululando a sus anchas por la cocina y el salón. Embrujadas, sí, las del poder de tres. En donde salía Brenda, la de Sensación de vivir. La que tiene un ojo en otra dimensión. Al AMQP le ha dado por revisualizar las ocho temporadas... y así llevamos ya más de un mes. Que mientras tanto, Trasto y Gerundio siguen haciendo pis por media casa. ¡Qué poder de tres ni que gaitas; lo que cuenta es la fregona y punto en boca!


Charmed
Malo malísimo guaperas que anima la serie unas cuantas temporadas
Total, que el sábado, a eso de las 3 de la madrugada, andaba pululando por casa y... ¡Alto! ¿Qué hacía a esas horas pululando? Básicamente, tener un catarro del copón y echar esputos y más esputos por la boca en el cuarto de baño. Entre ataque y ataque de tos, en pleno remover los higadillos más profundos, se escucha un ruído (misterioso, lo que se dice misterioso, no fue) en la cocina. Un clinc. Como un golpecito de cristal. "Jodo, vaya potencia de tos; si hasta he tirado un vaso en la cocina", pensé.

Pues no. Que uno podrá ser potente, pero su tos no mueve vasos.

Al día siguiente (un rato más tarde, no creas, es lo que tiene no respirar y que fueran las tantas de la mañana), dos vasos del fregadero aparecieron rotos. Rotos, rotos. Totalmente partidos. No hechos añicos, pero sí rotos en sentido horizontal en dos partes grandes.

Muy raro, ¿verdad?

El AMQP juraba y perjuraba que él no rompió los vasos al fregar. Y le creo. Yo tampoco fui. Y me cree. Porque romper un vaso, vale, pero dos... Aquí estaba pasando algo...

Lo peor es que, un día después, ya con la mosca detrás de la oreja, atento a los ruidos de la noche, como un ave rapaz... ¡se repite la historia! Esta vez, sólo fue uno de los dos vasos del fregadero, que se agrieto por la parte superior.


¿Será mi fantasma Ainhoa Arteta?

Total, que no hay más que hablar: un ser paranormal se dedica a romperme los vasos por la noche. ¡Tres vasos en dos noches! Ya veo que no me da el sueldo para reponer tanta cristalería, aunque sea del ajuar de regalos del banco.

Así que, ahora que se acerca la noche, me voy a tomar mi pastilla para el catarro. Que hasta que no sea de día, no pienso pisar la cocina. Las fuerzas oscuras me tienen totalmente acorralado.


Acorralado por las fuerzas oscuras; así estoy yo
A ver si los fantasmas y el catarro me dejan vivir.

3 de marzo de 2015

El chef y un postre especial

Todo llega. Hoy sí toca un libro de cocina que hable de cocina. Porque si los dos libros de la entrada anterior tenían algo que ver con la cocina en sus títulos, en cuanto a contenido, muy poco. Un chasco.

Así que vamos a remediar el desaguisado anterior... Con ustedes, El chef, de Simon Wroe. Si un libro titulado El chef no va de cocina, apaga y vámonos, ¿no? Pues sí, aquí sí hay cocina.

Simon Wroe
¿Chef o pescatero?
Esta portada me pone un poco brutote… en fin, a lo que vamos…

El chef es la primera novela de Simon Wroe, un ex-chef, ahora periodista y escritor. Por si no te has dado cuenta, las tres novelas de cocina que llevamos son primeras obras de sus autores. Esto no puede ser casualidad. Iker Jiménez ya está avisado porque esto es muy pero que muy paranormal.

La novela está editada en español por Salamandra, lo que a priori ofrece cierta garantía. Como las buenas prácticas se comparten en seguida (vulgarmente, se copian), la editorial te ofrece aquí la posibilidad de leer las primeras páginas. ¡Bien! Tampoco puede ser casualidad que Salamandra lleve una buena temporada traduciendo las primeras obras de autores anglosajones, intercaladas con sus autores de cabecera (Camilleri, un filón con su Montalbano; los recuperados y fabulosos Marai y Némirovsky). Eso debe ser algún tipo de línea editorial que obedezca a alguna estrategia de mercado del Grupo Planeta. A mí se me escapa porque, a veces, los resultados de las primeras novelas son algo regulares. Y mucho me temo que, con El chef, tenemos un buen ejemplo de ello.

Luca Zingaretti
Este Montalbano es otra buena razón para ver las adaptaciones de la RAI
¿De qué va El chef? Lumbrera, ¿de qué crees que va a ir? ¡Sí! De las cosas que le pasan a un chef y… ¡sorpresa! De las cosas que le pasan en la cocina. Sin necesidad de ir a la Toscana, a la Provenza o al Languedoc. Esta novela transcurre básicamente (pero no exclusivamente) en un restaurante llamado Swan.

El Swan es un restaurante londinense que goza de un éxito considerable. Da la sensación de ser un restaurante de cierto copete, lo que no me termina de encajar con el Camden que uno conoce de su turismo londinense básico. Igual pegaba más en Mayfair, Chelsea o Kensington.

En el Swan trabaja el prota, que es quien narra la novela en primera persona. “Monóculo”, apodo que le ponen sus compañeros (no siempre tan compañeros) de cocina, es muy jovencito, tiene apenas veintipocos años, está recién titulado en la universidad y encuentra su primer trabajo en el Swan, donde empieza haciéndose cargo de los trabajos más ingratos de la cocina (excepto el fregadero, que ya tiene a dos inquilinos fijos), aunque él quiere ser escritor de éxito. Quieras o no, es inevitable pensar en el mismo Wroe como prota.

Simon Wroe
Simon Wroe, que bien podría ser "Monóculo"
Los primeros capítulos del libro, todos con una denominación muy acertada, se suceden a buen ritmo y nos muestran el funcionamiento, muy exigente y estresante, tiránico, de un restaurante de éxito. Si te quejas de tu trabajo, éste te parecerá mucho peor. Así que, ya sabes, virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Literalmente, esta gente no tiene vida. Tal vez Simon haya exagerado su cocina porque le da mucho juego, pero no me extrañaría demasiado que novela y realidad no estén muy lejanas.

Capítulo a capítulo, también se ofrecen las historias resumidas de Bob, Dave, Ramilov, Dibden y Harmony, digamos los compis. Aquí no hay nadie normal, por lo visto. También encontrarás un pequeño diccionario culinario que utiliza el personal del Swan, teóricamente encargado por Ramilov. Porque Ramilov y Dave (el racista) supuestamente han revisado el borrador del libro de “Monóculo”. El enfoque es divertido y ocurrente. Hasta aquí, muy recomendable…

Pero… ¿Ya estamos con los peros, Haddoquín? Pues sí.

Hay un pero muy grande. A mitad de libro, las historias del Swan se agotan y ya se ha descrito a todos los personajes. ¿Qué hacer? Empezar a contar la historia personal del prota. Y quien dice historial personal dice drama vital (tranqui, no es un gay que salga del armario; de hecho, ¿para qué te crees que está el personaje femenino de Harmony? ¡Cómo no iba a haber una lofestori!).

La historia del Swan no da más de sí, así que algo le pasa al Swan. Algo muy fuerte, muy fuerte. Y como no quiero arruinarte la lectura de la novela, no te lo voy a revelar; porque soy güeno (¡qué le vamos a hacer!). Pero que sepas que, después de ese algo, el restaurante pasa a ser algo totalmente secundario en la novela y cede todo el protagonismo a la historia-drama personal. Vamos, que la novela deja de ser una novela de cocina. Craso error, Simon.

Si antes del cambio, la funcionaba bien, a partir de este momento, la novela pierde fuelle y el enfoque original que tenía se va al traste; la historia se desinfla como un bizcocho con levadura rancia. Y ya no se recupera, no seas optimista.

¡Qué decepción!
¡Pero qué has hecho, Simón! ¡Craso error! ¡Ni verlo quiero!
La segunda parte de El chef es flojita, muy flojita; hay que reconocerlo. En mi opinión, se debe principalmente a que el amigo Simon no sabe bien cómo terminar y se hace la picha un lío. Si te quieres poner profundo, Simon, escribe otro libro, pero no mezcles cosas. Que siempre se ha dicho que mezclar es mala cosa…

¿Recuerdas que te había dicho ya que era su primera novela? Pues mucho me temo que se nota. Y se nota en esa segunda parte. Una pena porque hasta entonces, la novela estaba bastante bien. Aún así, recomendable.

Ya lo decía Ana Botella: hay cosas que no se pueden mezclar, Simon

Pues vaya chasco más grande, ¿no? ¡Para una novela de cocina que sí va de cocina y se echa a perder! Igual es que la cocina y la literatura se llevan mal; no sé, podría ser. Visualmente es fácil encajar cocina y cine y las pelis de cocina pueden ser muy atractivas e interesantes. Pero en el caso de la letra escrita, las cosas son algo más difíciles, porque despertar el sentido del gusto a través de un texto no lo veo fácil. Seguro que algo tiene que ver.

Sea como sea, como no quiero que te quedes con mal sabor de boca… ¿qué sigue a una buena comida? ¡Un café (o un té Puh Erh con canela o vainilla con leche)!

¡Aquí tienes tu café, obsequio de la casa!

La pirámide del café, de Nicola Lecca, es una novelita que, sin duda, catalogaría como la sorpresa más agradable de la temporada otoño-invierno.

Nicola Lecca
Simpática portada
¿Qué se ve en la portada? Está claro: ¡Londres! ¿Cómo me iba a resistir a una portada como esa? ¡Imposible! La compré pensando que sería algo muy tipo MAEVA, ligera y agradable; algo de eso que se está llamando últimamente literatura para mujeres.

Pues de eso nada, monada.

Sintetizando, diría que La pirámide del café es una fábula moderna. Con unas historias preciosas, muy tierna. Y al mismo tiempo, con unas historias muy duras. Muy reales. Y has leído bien, en plural. Porque en esta novela, breve, hay una historia principal y varias historias pequeñas paralelas.

La historia principal es la de Imi, diminutivo de Imre, un húngaro recién llegado a Londres. ¿Y qué se puede decir de Imi? Que es muy joven, que es muy bueno, que es muy listo, que llega a Londres con toda la ilusión del mundo. Que es muy ingenio. Y que es adorable. Imi encuentra trabajo en una cafetería y... comienzan a pasar cosas. Todo real y próximo, nada te sorprenderá. Y sufrirás con Imi. Por cómo el mundo puede ser cruel con alguien tan bueno y bien intencionado. Porque el mundo ha sido cruel con Imi y se empeña en seguir siéndolo.

Dániel Gyurta
Un joven húngaro en Londres; pero no es Imi, es Daniel
Como el libro es una fábula, se puede permitir acabar bien. Y disfrutarás ese punto optimista, a pesar de todo; de esa justicia universal en la que interviene, ni más ni menos, Margaret Atwood, para poner a todos en su sitio. Un toque humorístico, el de Atwood perfectamente hilvanado con el resto de la novela. Porque la composición de La piramide del café está muy lograda.

Buena parte de ese logro se debe a las múltiples historias que acompañan al relato de Imi. Porque Imi sale, al cumplir la mayoría de edad, de un paupérrimo orfanato en Landor, un pueblo ficticio fronterizo con Austria; pero allí se quedan otros niños, con sus historias, con sus neni cuidando de ellos. Las historias de estos niños son, como te puedes figurar, desgarradoras. Y a pesar de todo, estos niños sueñan: cada uno tiene su sueño, sólo uno, para que se cumpla (el de Imi, ir a Londres); a pesar de la adversidad de esta situación, siempre hay esperanza. Y gracias a las neni, estos niños son felices, ingenuamente. Ya sabes que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Las historias sobrecogen.

De una manera muy lograda (sobre todo si consideramos que también es la primera novela de su autor), Nicola Lecca logra combinar estas historias con las peripecias londinenses de Imi. Logra que la tristeza no se apodere del relato (y hay algunas partes que se las traen) y siempre prevalezca un punto optimista. El final, algo inesperado, es el colofón a una novela muy amena e interesante que, en mi opinión, debería haber recibido más atención.

¿Por qué ha podido pasar desapercibida?

  • Tal vez por una portada que lleva a pensar en una novela ligera, cuando es mucho más que eso.
  • Tal vez por la editorial. La pirámide del café está editada por el sello Alevosía, que no es especialmente conocida (se creó en 2012), a pesar de que su hermana mayor lo es y mucho: Siruela, que te deja leer las primeras páginas -aunque no sean las mejores- para ver qué te parece.
  • Tal vez porque, por increíble que parezca en estos tiempos, está plagada de erratas. No hubiera pasado nada por pasar el corrector ortográfico... Llega a ser algo casi desesperante, aviso. Con suerte hay más ediciones y las corrigen a tiempo.
Lo dicho, la sorpresa positiva de la temporada. Muy recomendable y seguro que te hace reflexionar un poco.

Reflexión
Aquí, de reflexión

28 de febrero de 2015

Nos vamos a la cocina



De cocina va la cosa.

Sexy man kitchen
Hola, Patrick. ¿Un vinito?
Y es que la vida doméstica recién estrenada es lo que tiene, que lo que antes no hacías, ahora te toca hacerlo. Si quieres comer, te toca hacer la comida. Ha habido suerte y el AMQP se ha destapado como alguien muy ducho en el arte de las sartenes. Yo me defiendo muy dignamente y también me toca hacer algunas aportaciones entre los fogones y los calores del horno (Nota: ¿el horno se limpia cada milenio?). Ahora, en materia de postres (de todos, por si estabas malpensando), le doy mil vueltas…

Pero no temas, querido lector. Esta entrada no va a ir de mis peripecias culinarias (en las que los brûlé son tendencia, aunque sea involuntariamente). No. El recetario de la blogosfera ya está saturado. Sin irnos muy lejos, por este blog se pasea un-angel, que a la que te descuidas, con la sencilla ayuda de su silicoña (y la infraestructura de la progenitora), te elabora un menú o un postre requeteestupendo, con unas indicaciones siempre precisas y con unos comentarios y observaciones imprescindibles, además de sus amenizaciones varias. Y tampoco es de extrañar que Mr. Mocho (y su tx, al que tal vez haya que reconecer más de la mitad de la faena) se desmarque con unos post tarteros en los que salen unos resultados dignos de exposición universal.

Esta entrada va de novelas de cocina. Por algún misterio aún no revelado en el último par de meses he leído varias novelas de temática cocinera. La literatura de cocina debe ser algún nicho editorial, como las novelas de misterio o suspense (ainsss, ¡que se dice novela negra, antigua!), las novelas románticas de portadas erótico-pseudoporno (ya, tú nunca has mirado alguna de su portadas de reojo, no sean que te vean ojeando eso, tú que sólo lees a Kafka), los libros de autoayuda o los libros de César Vidal.

Harlequin
Ya me ha quedado la intriga de cuál será el deseo del jeque...
Así que ponte el delantal y ¡comencemos!

Delantal
Así, Tom, muy aplicado
Una chef con estrella es la primera novela de Jenny Nelson. En España, la ha editado Maeva, que tiene el acertado detalle de poner a disposición de todos los interesados el primer capítulo. A ver si cunde el ejemplo (cada vez más habitual, por suerte). Por si no lo sabías, Maeva tiene fama de editar novelas para señoras. Literatura femenina, si te quieres poner refinolis.

Jenny Nelson
Una chef con estrella, con cuchara de palo y tazas de lunares
De principio a fin, es una novela buenrollista. La portada me enganchó. Por lo alegre. Moceta morena sonriente y feliz, tacitas de colorines a lunares, cuchara de palo, un fondo azulado energético. Pues así toda la novela. Todos son dosis de energía y buenrollismo. Y se agradece, chico, que bastantes dramas tiene uno ya en sus dosis de realidad como para no darse una alegría lectora.

La buena de Jenny, a pesar de ser rubia, ha elaborado una novela sencilla valiéndose de unos buenos ingredientes.

  1. El primero es Georgia, la prota; una joven (no entremos en detalles de qué se considera joven y qué no; para mí, Georgia es jovena y punto) chef estadounidense que inmediatamente cae bien. La típica prota buenrollista de Maeva; frágil, a la vez que fuerte en la adversidad y echada para delante. ¡Cuánto vale esta chica! 
  2. El segundo ingrediente es una trama fácil, sin sorpresas, pero muy ágil y bien construída, a saber: chef estupenda en restaurante de éxito es despedida por culpa de un tercero el mismo día que corta con su prometido (y bien que hace); pero como Georgia vale un potosí, saca fuerzas de flaqueza y se embarca en busca de su sueño de tener su propio restaurante en Nueva York. ¿Qué hace Georgia para curar sus penas del corazón y rehabilitar su credibilidad como superchef? ¡Bingo, se va a un pueblecito toscano! Si no lo intuías, mendrugo, echa un ojo a la portada, porque era bastante evidente. Más típico y pintoresco, imposible. Porque, además, ¿qué aprovecha para hacer en la toscana? Evidente: hace amiguitos y se enrolla con un italiano tan requeteperfecto que ni el mejor italiano de tus sueños erótico-festivos. Vamos, que un clavo saca a otro clavo. ¿Regresará Georgia a Nueva York para cumplir su sueño a pesar de las noches que promete (a juzgar por la experiencia previa) el italiano? Ainssssss. No seré yo quien te destripe la parte final del libro, que tiene algunos giros, pero siempre dentro lo razonable y para bien.
  3. El tercero, por increíble que parezca, la extensión. Exacta. Porque estos libros corren el riesgo de hacerse demasiado. Demasiado empalagosos. Demasiado largos. Pero no es el caso. Exactamente lo que necesita la novela. Además, la edición de Maeva tiene el tamaño de letra adecuado y es más que correcta.

Guapo
Ciao, bello Marcello


¿Y está bien escrito? Digamos que está muy bien llevado. Que nadie espere encontrar una prosa profunda, que la Jenny no es Tolstoi, pero sí una novela muy amena, divertida y previsible (no hay que ser un lince), en la que, por supuesto, todo acaba saliendo bien. Sí, hay final feliz. Así que te apetece algo ligero y agradable o si quieres un libro que te haga ver lo estupendo que es el mundo, es una opción más que buena. Si quieres esperar, es cuestión de tiempo que haya una película basada en la novela. Próximamente, en Antena 3.

Alguna contraindicación: sólo una. Cocina, lo que se dice cocina… poca. Vamos, que Georgia podría ser chef, fregona de restaurante, librera, pastelera o cualquier cosa que tenga un establecimiento de venta al público. Porque de cocina, comidas, etc. poquito.

La novela de Saira Shah, Una cocina a prueba de ratones, viene a pecar de lo mismo. Cocina… poca, salvo la del título y poco más. Editada por Salamandra en español, estamos ante otra primera novela de una escritora. Paralelismo con la Jenny: 99%, porque Saira es morena. Si quieres, aquí tieneslas primeras páginas de la novela, también puestas a disposición del público por la editorial.

Saira Shah
La portada de la novela
¿Más coincidencias? Sí, aquí también hay un viaje de por medio. En este caso, una inglesa, la prota, Anna, con su chorbo, Tobias, ponen rumbo a la France. Porque la Provenza es el lugar soñado por toda escritora inglesa romanticoide que se precie… Así que si el viaje de Georgia te parecía architípico, la querencia que tiene Anna por la Provenza no le va a la zaga. Pero…


Pero a Anna las cosas no le salen tan bien como a Jenny (si lo hubiera editado Maeva, hubiera sido harina de otro costal). Para empezar, Anna no acaba yendo a la Provenza, sino a una finca-granja-casa que es una ruína en el más áspero y profundo Languedoc. Está claro, con esa ruina de maison que se ha agenciado Anna, ¿qué iba a haber? ¡Bichos! Entre otros, ratones en la cocina. ¿Te acuerdas de la peli “Esta casa es una ruina”? Pues algo parecido pero en versión francesa. Por no tener, no tienen ni agua corriente. El sitio eso sí, debe ser preciosísimo, pero, a nivel infraestructuras, Mozambique sale mejor parada que el Languedoc y la France.
 

Se puede decir que media novela va sobre la casa y los vecinos “cercanos” porque la choza está en el más allá. Entre los vecinos, hay tipos muy pintorescos, ¡incluída una lofestori! que tiene sorpresa (y cornamenta; ainssss se me ha escapado). Algo exagerado, la verdad. Y un tanto flojo. Recuerda mucho a Entre limones, de Chris Stewart (sí, el de Génesis), pero en copia poco lograda. Entre la casa y el vecindario (y la burrocracia franchute), ¿conseguirá Anna abrir un restaurante campestre? Ahhhhh. Media novela va de eso y no te lo pienso adelantar… entre otras cosas, porque se vuelve algo casi irrelevante.

Y de qué va la otra mitad de la novela, te preguntarás. Ya he dicho que a Anna no todo le va bien. Anna y Tobias tienen un bebé a la que llaman Freya. De hecho, así comienza el libro. Y Freya es distinta. Como la contraportada se encarga de destripar medio libro, no voy a decir nada nuevo aquí: Freya tiene una discapacidad muy importante.

Es aquí, en las reacciones de Anna y de Tobias, en cómo evolucionan, en el comportimiento de la madre de Anna, de la hippie que tienen en casa… donde la novela gana muchos enteros. El punto fuerte de la novela son las relaciones personales, especialmente Anna-Freya, Anna-Tobias, Tobias-Freya y Madre de Anna-Anna y Madre de Anna-Freya. Sólo por esta parte la novela vale la pena y justifica toda la tontería de vicisitudes en el Languedocç, no en vano, Saira sabe muy bien de qué habla, por experiencia propia, y lo ha volcado muy bien en el libro.

La novela está bien escrita y se lee a gusto, aunque ya digo, la historia personal eclipsa a una trama aventuresca algo pobre. Hay tramos que se pueden hacer algo durillos, pero hay que reconocer que Saira trata de evitar los trucos de lágrima fácil y opta por mostrar el avance de Anna, en todos los aspectos.

A mí me ha parecido una novela interesante. Mejorable también (la fuerza que tiene la historia de Freya no necesita de todas las historias paralelas de los vecinos del Languedoc para funcionar). Pese a todo, por muchos detalles, me alegro de haberla leído.

¿Y había algo de cocina? Prácticamente nada. Se supone que Anna era una chef estupendísima en el guayomuní. Pero por lo poco que prepara en el libro, muy avezada no parece… vamos, que el arroz con socarrat que me ha salido a mí, le da mil vueltas.

Entonces, ¿nada de cocina en las novelas de cocina? Pues no, no en estos dos libros. Pero sí en un tercero del que hablaré en la próxima entrada.

Jo Weil
¡Hasta aquí por hoy!

¡Buen finde y feliz marzo!
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Pinterest