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28 de febrero de 2015

Nos vamos a la cocina



De cocina va la cosa.

Sexy man kitchen
Hola, Patrick. ¿Un vinito?
Y es que la vida doméstica recién estrenada es lo que tiene, que lo que antes no hacías, ahora te toca hacerlo. Si quieres comer, te toca hacer la comida. Ha habido suerte y el AMQP se ha destapado como alguien muy ducho en el arte de las sartenes. Yo me defiendo muy dignamente y también me toca hacer algunas aportaciones entre los fogones y los calores del horno (Nota: ¿el horno se limpia cada milenio?). Ahora, en materia de postres (de todos, por si estabas malpensando), le doy mil vueltas…

Pero no temas, querido lector. Esta entrada no va a ir de mis peripecias culinarias (en las que los brûlé son tendencia, aunque sea involuntariamente). No. El recetario de la blogosfera ya está saturado. Sin irnos muy lejos, por este blog se pasea un-angel, que a la que te descuidas, con la sencilla ayuda de su silicoña (y la infraestructura de la progenitora), te elabora un menú o un postre requeteestupendo, con unas indicaciones siempre precisas y con unos comentarios y observaciones imprescindibles, además de sus amenizaciones varias. Y tampoco es de extrañar que Mr. Mocho (y su tx, al que tal vez haya que reconecer más de la mitad de la faena) se desmarque con unos post tarteros en los que salen unos resultados dignos de exposición universal.

Esta entrada va de novelas de cocina. Por algún misterio aún no revelado en el último par de meses he leído varias novelas de temática cocinera. La literatura de cocina debe ser algún nicho editorial, como las novelas de misterio o suspense (ainsss, ¡que se dice novela negra, antigua!), las novelas románticas de portadas erótico-pseudoporno (ya, tú nunca has mirado alguna de su portadas de reojo, no sean que te vean ojeando eso, tú que sólo lees a Kafka), los libros de autoayuda o los libros de César Vidal.

Harlequin
Ya me ha quedado la intriga de cuál será el deseo del jeque...
Así que ponte el delantal y ¡comencemos!

Delantal
Así, Tom, muy aplicado
Una chef con estrella es la primera novela de Jenny Nelson. En España, la ha editado Maeva, que tiene el acertado detalle de poner a disposición de todos los interesados el primer capítulo. A ver si cunde el ejemplo (cada vez más habitual, por suerte). Por si no lo sabías, Maeva tiene fama de editar novelas para señoras. Literatura femenina, si te quieres poner refinolis.

Jenny Nelson
Una chef con estrella, con cuchara de palo y tazas de lunares
De principio a fin, es una novela buenrollista. La portada me enganchó. Por lo alegre. Moceta morena sonriente y feliz, tacitas de colorines a lunares, cuchara de palo, un fondo azulado energético. Pues así toda la novela. Todos son dosis de energía y buenrollismo. Y se agradece, chico, que bastantes dramas tiene uno ya en sus dosis de realidad como para no darse una alegría lectora.

La buena de Jenny, a pesar de ser rubia, ha elaborado una novela sencilla valiéndose de unos buenos ingredientes.

  1. El primero es Georgia, la prota; una joven (no entremos en detalles de qué se considera joven y qué no; para mí, Georgia es jovena y punto) chef estadounidense que inmediatamente cae bien. La típica prota buenrollista de Maeva; frágil, a la vez que fuerte en la adversidad y echada para delante. ¡Cuánto vale esta chica! 
  2. El segundo ingrediente es una trama fácil, sin sorpresas, pero muy ágil y bien construída, a saber: chef estupenda en restaurante de éxito es despedida por culpa de un tercero el mismo día que corta con su prometido (y bien que hace); pero como Georgia vale un potosí, saca fuerzas de flaqueza y se embarca en busca de su sueño de tener su propio restaurante en Nueva York. ¿Qué hace Georgia para curar sus penas del corazón y rehabilitar su credibilidad como superchef? ¡Bingo, se va a un pueblecito toscano! Si no lo intuías, mendrugo, echa un ojo a la portada, porque era bastante evidente. Más típico y pintoresco, imposible. Porque, además, ¿qué aprovecha para hacer en la toscana? Evidente: hace amiguitos y se enrolla con un italiano tan requeteperfecto que ni el mejor italiano de tus sueños erótico-festivos. Vamos, que un clavo saca a otro clavo. ¿Regresará Georgia a Nueva York para cumplir su sueño a pesar de las noches que promete (a juzgar por la experiencia previa) el italiano? Ainssssss. No seré yo quien te destripe la parte final del libro, que tiene algunos giros, pero siempre dentro lo razonable y para bien.
  3. El tercero, por increíble que parezca, la extensión. Exacta. Porque estos libros corren el riesgo de hacerse demasiado. Demasiado empalagosos. Demasiado largos. Pero no es el caso. Exactamente lo que necesita la novela. Además, la edición de Maeva tiene el tamaño de letra adecuado y es más que correcta.

Guapo
Ciao, bello Marcello


¿Y está bien escrito? Digamos que está muy bien llevado. Que nadie espere encontrar una prosa profunda, que la Jenny no es Tolstoi, pero sí una novela muy amena, divertida y previsible (no hay que ser un lince), en la que, por supuesto, todo acaba saliendo bien. Sí, hay final feliz. Así que te apetece algo ligero y agradable o si quieres un libro que te haga ver lo estupendo que es el mundo, es una opción más que buena. Si quieres esperar, es cuestión de tiempo que haya una película basada en la novela. Próximamente, en Antena 3.

Alguna contraindicación: sólo una. Cocina, lo que se dice cocina… poca. Vamos, que Georgia podría ser chef, fregona de restaurante, librera, pastelera o cualquier cosa que tenga un establecimiento de venta al público. Porque de cocina, comidas, etc. poquito.

La novela de Saira Shah, Una cocina a prueba de ratones, viene a pecar de lo mismo. Cocina… poca, salvo la del título y poco más. Editada por Salamandra en español, estamos ante otra primera novela de una escritora. Paralelismo con la Jenny: 99%, porque Saira es morena. Si quieres, aquí tieneslas primeras páginas de la novela, también puestas a disposición del público por la editorial.

Saira Shah
La portada de la novela
¿Más coincidencias? Sí, aquí también hay un viaje de por medio. En este caso, una inglesa, la prota, Anna, con su chorbo, Tobias, ponen rumbo a la France. Porque la Provenza es el lugar soñado por toda escritora inglesa romanticoide que se precie… Así que si el viaje de Georgia te parecía architípico, la querencia que tiene Anna por la Provenza no le va a la zaga. Pero…


Pero a Anna las cosas no le salen tan bien como a Jenny (si lo hubiera editado Maeva, hubiera sido harina de otro costal). Para empezar, Anna no acaba yendo a la Provenza, sino a una finca-granja-casa que es una ruína en el más áspero y profundo Languedoc. Está claro, con esa ruina de maison que se ha agenciado Anna, ¿qué iba a haber? ¡Bichos! Entre otros, ratones en la cocina. ¿Te acuerdas de la peli “Esta casa es una ruina”? Pues algo parecido pero en versión francesa. Por no tener, no tienen ni agua corriente. El sitio eso sí, debe ser preciosísimo, pero, a nivel infraestructuras, Mozambique sale mejor parada que el Languedoc y la France.
 

Se puede decir que media novela va sobre la casa y los vecinos “cercanos” porque la choza está en el más allá. Entre los vecinos, hay tipos muy pintorescos, ¡incluída una lofestori! que tiene sorpresa (y cornamenta; ainssss se me ha escapado). Algo exagerado, la verdad. Y un tanto flojo. Recuerda mucho a Entre limones, de Chris Stewart (sí, el de Génesis), pero en copia poco lograda. Entre la casa y el vecindario (y la burrocracia franchute), ¿conseguirá Anna abrir un restaurante campestre? Ahhhhh. Media novela va de eso y no te lo pienso adelantar… entre otras cosas, porque se vuelve algo casi irrelevante.

Y de qué va la otra mitad de la novela, te preguntarás. Ya he dicho que a Anna no todo le va bien. Anna y Tobias tienen un bebé a la que llaman Freya. De hecho, así comienza el libro. Y Freya es distinta. Como la contraportada se encarga de destripar medio libro, no voy a decir nada nuevo aquí: Freya tiene una discapacidad muy importante.

Es aquí, en las reacciones de Anna y de Tobias, en cómo evolucionan, en el comportimiento de la madre de Anna, de la hippie que tienen en casa… donde la novela gana muchos enteros. El punto fuerte de la novela son las relaciones personales, especialmente Anna-Freya, Anna-Tobias, Tobias-Freya y Madre de Anna-Anna y Madre de Anna-Freya. Sólo por esta parte la novela vale la pena y justifica toda la tontería de vicisitudes en el Languedocç, no en vano, Saira sabe muy bien de qué habla, por experiencia propia, y lo ha volcado muy bien en el libro.

La novela está bien escrita y se lee a gusto, aunque ya digo, la historia personal eclipsa a una trama aventuresca algo pobre. Hay tramos que se pueden hacer algo durillos, pero hay que reconocer que Saira trata de evitar los trucos de lágrima fácil y opta por mostrar el avance de Anna, en todos los aspectos.

A mí me ha parecido una novela interesante. Mejorable también (la fuerza que tiene la historia de Freya no necesita de todas las historias paralelas de los vecinos del Languedoc para funcionar). Pese a todo, por muchos detalles, me alegro de haberla leído.

¿Y había algo de cocina? Prácticamente nada. Se supone que Anna era una chef estupendísima en el guayomuní. Pero por lo poco que prepara en el libro, muy avezada no parece… vamos, que el arroz con socarrat que me ha salido a mí, le da mil vueltas.

Entonces, ¿nada de cocina en las novelas de cocina? Pues no, no en estos dos libros. Pero sí en un tercero del que hablaré en la próxima entrada.

Jo Weil
¡Hasta aquí por hoy!

¡Buen finde y feliz marzo!

23 de febrero de 2015

El terremoto, la camisa rosa y un retorno (o no)

Hoy, que venía a hablar de cosas más variadas y surtidas que una caja de galletas danesas, resulta que hay un terremoto que me hacer perder la noción. 

Galletas de corazón
Surtido de marigalletas danesas
¡Un terremoto! Ahí es nada, María Fuencisla.

¿Tú lo has notado? Yo, no. Sólo he sentido como si estuviesen moviendo un archivador grande o cajoneras o algo así en alguno de los despachos próximos. Pero eso no podía ser, amigo Watson, porque, a esas horas, no quedaba ya ni el tato en el trabajo. Que qué poquito trabajan algunos y cuánto se quejan de lo que cobran... pero esa es otra historieta.

Total, que ya no sé si hablar del terremoto o no. Porque, a todo esto, ¿qué se dice en un blog puntero, leído por miles de millones de fans en el mundo entero, sobre un terremoto en Albacete?

Porque yo, de verdad, venía a hablar de mis cosas. Por ejemplo, de la camisa rosa que me he agenciado.

Pink shirt
¡Qué bien me queda la camisa rosa, amigos!
¡Una camisa rosa!

Que es algo así como lo más mariquita que te puedas echar a la cara. Lo sé. Pero es que, nenos, la tela es muy agradable (algodón bueno) y estaba tirada de precio (menos de 10 euros). Pero... porque siempre hay un pero...

¡Pero nunca había tenido nada rosa! 

¿Prejuicios? Pues igual sí.

El hecho es que nunca había tenido nada rosa. Nunca. Así que tenía mis reparos, no creas. Pero mi madre, hermana y sobrina mayor acabaron por decidirme. No es que vaya habitualmente a comprar con toda la <i>family</i> en la <i>fregoneta</i>, no, pero sí que una vez al año (o dos; que hay temporada de invierno y de verano) vamos a Las Rozas a un baratillo de tiendas de marca (de marca cara, se entiende) a pasar el día distendidos y disfrutar de la compañía. Vamos, a lo que viene a ser un <i>outlet</i>, aunque <i>la Mamma</i> se empeñe en llamarlo <i>ukelele</i>.

En definitiva, que ya tengo mi maricamisa rosa y ya sé cuando la voy a estrenar. Que ya era hora de ganar algún maripunto.

También venía a hablar de algunos libros que he leído últimamente. Porque hace tiempo que no hago ninguna reseña personal, pero sigo leyendo. Pero eso ya casi lo dejamos para mañana, que, por hoy, ya has tenido suficiente.

Guapo
Lector feliz ante el inminente retorno de la sección literaria del blog

15 de febrero de 2015

Hache

Una tarde dominical de invierno, bajo el cobijo siempre acogedor del office del piso de Mariaeduvigis, y al calor del fabuloso Pu Erh Imperial en el que se diluye el sueldo de Haddoquín. El momento idóneo para que los amigos se pongan al día; es tarde para confidencias.

- Ainsssss, Haddoquín, ¡cómo me alegro de lo bien que te va! Con el AMQP se te ve exultante. ¡Pletórico! Sólo comparable a Rocío Jurado al cantar "Como una ola".


- Gracias, Mariaeduvigis, no lo hubiera expresado mejor. ¿Sabes una cosa? -pregunta retóricamente Haddoquín, procurando no dudar del intelecto de su buena amiga-. En el fondo, todo ha sido un poco imprevisto. Casi precipitado, diría

- Pues mira que es raro eso, cielo, porque con lo cuadriculado y racional que tú eres -suelta sin pensar demasiado (al fin y al cabo, pensar no es su punto fuerte), la buena de Maríaeduvigis-... que no mueves un dedo sin haberle dado antes mil vueltas a todas las implicaciones cósmicas que pueda suponer cualquier cosa... Porque, mi rey, es que lo tuyo...

- Sí, tal vez un poco -concede Haddoquín, interrumpiendo la carrerilla que va cogiendo la vecina-. Y todo, por una letra. Hache.

- ¿Por una letra? ¿Del banco? -pregunta, curiosa, Maríaeduvigis.

- No, de bancos nada -contesta Haddoquín-; por Hache.

- ¿Por una hache? No entiendo nada. ¡Si las haches son mudas!

- Pues sí; Hache -Haddoquín se hace el interesante-. Ni más ni menos. Hache.

- Haddoquín, esto de la hache, ¿de qué va? -pregunta Maríaeduvigis, ya sin manicura, ya sin uñas-. ¿Hache de hijos? ¿Vas a adoptar hijos con el AMQP!

- No, nooooo; para las cinco niñas birmanas todavía queda -responde con una sonrisa indulgente y provocadora en la mirada, también tierna, porque Mariaeduvigis siempre inspira ternura-. Sigue probando. Hache.

- Pues, así, lo único que sé de la hache es que se trata de la novena letra del abecedario... ¡Me rindo!

- Ainsssss, querida -sonríe con aire de suficiencia Haddoquín-. Hache. El gato del AMQP.

* * * * * * * * * * 
Hache era el nombre del gato del AMQP. Un gato común, con el pelaje atigrado. Bonito. Muy tranquilo.

Y digo era porque ya no es. No es desde finales de octubre. Un viernes hubo que llevarlo al veterinario y no volvió. Vaya pena. Vaya llorera.

Lo cierto es que, siendo objetivo, no había tenido demasiado trato con Hache. En las visitas a la casa del AMQP, a los pies de la cama. De forma más intensa, en verano, durante las vacaciones, cuando fuimos a una casa rural en Portugal y a Manhattan Kitsch.

Manhattan Kitsch
Playa de Manhattan Kitsch



Hace un tiempo, parecía que el AMQP tenía un zoo en su casa. Que si varios gatos. Que si varios perros. Que si pájaros. Que si una tortuga... ¡Todos juntos! Hache era, junto a la tortuga (que dio a una amiga, para el hijo de un amigo suyo), el último superviviente. Así que, de algún modo, la muerte del Hache venía a suponer el final de una época para él.

Ese día, al volver del veterinario y tomar algo, recuerdo que le comenté a mi madre que, sin Hache, se acelerarían los acontecimientos. ¡Y tanto que lo han hecho! Ahora vivimos juntos, los dos en mi casa.

Por la muerte de Hache, en gran parte. Así, como suena.
 
* * * * * * * * * * 


Cuando tienes una relación con alguien tienes que saber que hay cosas que van en el lote. Y o lo tomas entero o lo dejas. En el caso del AMQP, en su lote van la música y los animales. Él AMQP necesita cantar y necesita algún animal en casa. Es así.

Y en casa, los únicos animales son dos ositos: el AMQP y yo...

El AMQP y su osito Haddoquín
En definitiva, no fue ninguna sorpresa que un buen día de vacaciones (finales de diciembre), desayunando, el AMQP, que ya había dicho varias veces, como quien no quiere la cosa, que volvería a tener perro, dijera, muy sentido él, que echaba mucho de menos tener un animal en casa (además de nosotros dos, se entiende).

Unas semanas más tarde, el 5 de enero (olvídate del concierto en la cabalgata), nos entregaron a dos cachorros de chucho. Sí, a falta de uno, dos

¡Tercer notición para comenzar el año!

Con todos ustedes, Trasto y Gerundio.

Cachorros
Trasto y Gerundio (5 de enero)
Los Chuchis, el día que llegaron. ¡Todavía teníamos alfombras en casa! Y plantas a ras de suelo. Y olía a limpio.

Así que ya sabes cómo he empezado el año:
 1. Viniendo a mi casa, cerrando un capítulo que, aunque superado, estaba pendiente.
 2. Empezando a vivir con el AMQP, con muchísima ilusión. Casi sin creérmelo.
 3. Con dos cachorros, la fregona todo el día en la mano y la cara llena de las babas de sus besitos.

6 de febrero de 2015

Ya lo decía Robert Palmer

¿Pensabas que el descontrol que tengo últimamente se debe a instalarme en mi casa? Frío, frío.

Tu piensa que la casa ya la tenía amueblada (ya me tocó jugar a las casa de muñecas unos añitos antes). Con de todo

Maricocina
Posible modelo de maricocina en Ca Haddoquín
Además, uno es apañado en las labores domésticas (lo que no significa que no deteste planchar).

Hombre plancha
Haddoquín y su camisa easy iron
¿Entonces?

Fácil. Muy fácil.

Haz memoria, recuerda, detente en los detalles que te contaba al principio... 

¿Con quién estaba Haddoquín el día 26 de diciembre? Con el AMQP.

Señoras, señoronas y señores, antes ustedes, el segundo bombazo para comenzar el año:

¡ESTOY VIVIENDO CON EL AMQP!

Pues sí; casi sin querer. El día 26 de diciembre también se vino el AMQP a casa...

¡Y aquí sigue! ¡No se ha ido! ¡Ni le he echado!

Que llegando a unas edades provectas, uno no está para perder ni hacer perder el tiempo nadie, así que, a veces en serio, a veces en broma, ya habíamos hablado de la posibilidad de vivir juntos, ver cómo nos iba... ¡pero no tan pronto!

Para ser sinceros, fue algo imprevisto, pero así ha sido. ¡Y lo que me alegro! El AMQP siempre decía que tendría que vivir unos meses sólo antes de que viviésemos juntos. Pues ya ves...

¡Irresistible que es uno! ¡Está claro!

Ya lo decía Robert Palmer.
 

De la convivencia con el AMQP, ¿qué quieres que te diga?

Hay cosas por las que haría una refinada tortura china. ¿Se pueden tener más cosas por medio? Con lo fácil que es que cada cosa tenga si sitio y tener un sitio para cada cosa, digo yo.

Tortura
Ya me he agenciado el kit tortura a tu AMQP
Pero a veces tiene unos detalles de esos por el que te lo comerías a besos (ainssssss) y piensas (y dices, porque a mí se me escapan esos pensamientos): "Me quiere un montón".

Beso gay
Momento "biquiño" de Haddoquín y el AMQP
Imagino que a él le pasará algo parecido porque no se ha ido...

3 de febrero de 2015

En casa

Sería el 26 de diciembre. Viernes. Sólo puede ser el día 26. Porque después, ya sería tarde. Y el 25 no era, desde luego. Así que sí, seguro, el 26 de diciembre.

El AMQP llevaba ya unos días de vacaciones, yo también; así que habíamos decidido pasar unos días juntos en mi casa. Una especie de vacaciones juntos en Madrid. Hasta el fin de las vacaciones el 7 u 8 de enero. Nada especial, ningún plan especial; o sí, todo especial, nosotros solos, compartiendo vida por unos días en mi casa.

Así comenzó. Como algo puntual que se convirtió en algo permanente. Igual que sucede en el sistema tributario español, donde lo transitorio se perpetúa y lo que nace con vocación de permanencia no resiste los cambios normativos más allá de un ejercicio.

Por lo tanto, está claro, desde el día 26 de diciembre de 2014, estoy viviendo en mi casa.

Mi casa.

Suena raro. Si pones la voz de ET suena aún más raro.


Mi casa.

Me gusta mi casa. Me gustó la primera vez que la vi, hace siete años. A pesar de no tener terraza. Y me gusta más desde que terminé las obras que hice poco después, una vez comprada. Y mucho más después de haberla amueblado a mi gusto; como si de una casa de muñecas se tratase, aunque a escala 1:1.

Mi casa.
 
También me gustaba cuando me mudé a ella hace ya casi seis años. Ese mes de agosto. Los peores días de mi vida (paciencia, los habrá peores, pero tarden en llegar). Bendita llegada de septiembre, con sus rutinas de trabajo, lo único que me obligó a salir del refugio en el que se había convertido la casa de mis padres. Porque había regresado a ella a los pocos días. Tocado. Hundido.

Sí, también entonces me gustaba mi casa. Pero no me gustaba yo. Tardé en entenderlo. Y tardé más todavía en saber cómo solucionarlo. Pero, poco a poco, y a veces también con algún cambio algo drástico, las cosas fueron tomando otro rumbo. No en línea recta, pero sí cambiando. A mejor, casi siempre.

No me arrepiento de mi vida hasta entonces. Fui yo mismo quien eligió sus prioridades, quien disfruto de los éxitos de ese periodo (en buena medida, hoy vivo como consecuencia de esas decisiones) y también quien pagó la factura cuando llegó la hora de hacerlo y rendir cuentas. Pero tampoco me arrepiento de haber cortado, de haber fijado nuevas prioridades que también han traido sus cosas buenas y sus cosas malas

Se puede decir que, formalmente, el 26 de diciembre de 2014 doy por cerrada la herida que se abrió el 8 de agosto de 2010 y que ya había comenzado a cicatrizar cuando comencé a celebrar cumpleaños y festividades familiares aquí, cuando decidí afrontar los últimos recelos y miedos que me quedaban en compañía de una psicóloga y cuando comencé a venir los fines de semana a dormir hace un año y medio ya.

Así comencé el año. En mi casa.

2 de febrero de 2015

Descontrol

¡Ya es febrero! Si es el que los días se pasan volando. Ya lo decía Kiko Veneno. Volando...


Y yo por el camino me entretengo de lo lindo. Tanto que se ha pasado enero y ni he sacado un ratillo para escribir.

¿Tan liado estás, Haddoquín?, pensarás, no sin cierta suspicacia. Que nos conocemos y tu vena MM sale a relucir a la mínima...

¿Liado? No sé si es la palabra. Si te contará... pero casi ni sé por dónde empezar. Así que empezaré por el principio, si te parece. ¡Feliz 2015!

No sé cómo llevarás el año pero lo que es yo... increíble. Es como si todo enero lo hubiera pasado en un péndulo. De emociones, principalmente.


Imprescindible en tu videoteca... basada en Poe y con una marihistoria, promete
Un mes con muchos extremos y, toca reconocerlo, con bastante descontrol.

Si ya lo decía Soraya... You Take My Self Control!

 
Ya, la petarda de Laura Branigan lo dijo antes...

 

A ti, no sé; a mí me parece que la valentina suena mejor, pero el vídeo ochentero de Laura es lo más, con lo modosita que parecía... Minipunto para las dos.

A lo que iba, que me entretengo por el camino... ¡Vaya inicio de año descontrolado!

Pero, tranquilo, todo tiene su explicación, ¿o no?
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