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14 de octubre de 2015

Un billete de 10 euros no sirve para nada

Pensarás tú que un billete de 10 euros sirve para hacerse con muchas cosas.

En parte tienes razón.


Con un billete de 10 euros puedes pagar algunas (no muchas) cervezas o una copichuela (en un lugar que no esté de moda) o hasta comer en algún sitio con menú del día bien de precio (como en mi trabajo, el precio es muy bueno, la calidad igual no tanto; el AMQP no se ha vuelto a dejar invitar). Con un billete de 10 euros puedes atiborrarte a golosinas (o quedarte con las ganas de atiborrarte si estás en la tienda de chuches de los cines). Si eres goloso, con un billete de 10 euros puedes hacer realidad tus fantasías transitoriamente, durante lo que da de sí una palmera de chocolate. O dos. O incluso tres o cuatro palmeras de chocolate.

Chocolate sexy
Fantasía de chocolaaaaaate

No todo es comer o beber, no creas; un billete de 10 euros también te da para unos cuantos libros de segunda mano y algún minilibro o relato nuevo. O para una entrada no especialmente buena de varios teatros y, dependiendo del día y de la sala, para una entrada al cine (increíble pero cierto: el cine -aunque sea un bodrio de peli- está más caro que muchas obras de teatro). Incluso, con un billete de 10 euros puedes comprar la entrada para muchos conciertos (además de los gratuitos, obvio; pero tampoco esperes ver a Madonna).

Pero lo que no puedes hacer con un billete de 10 euros es... montar en el autobús.


Hace un par de semanas, tuve que ir a hacer un trámite en calidad de Sr. Cuesta (Ilmo. Sr. Presidente de la Comunidad de Propietarios) al Canal de Isabel II. Inesperadamente, después de un tira y afloja de más de dos años (en los que, de forma muy resumida, el Canal ha tirado y yo he aflojado), se logró resolver un problema, poner la factura del agua a nombre de la comunidad y, de paso, aleluya, domiciliar la factura. Emocionado, visiblemente emocionado (y si has tenido que hacer algún trámite con el Canal lo comprenderás), decidí volver a casa dando un pequeño paseo por el centro; la tarde era propicia y uno ya era consciente de que se va a convertir en pueblerino en breve. ¡Así que a empaparse de ciudad!

Paseando por Santa Engracia (Saint Engrance, de mis tiempos mozos del British), comprando una palmera de chocolate (sólo una), hasta Alonso Martínez para coger el autobús. Ahí estaba el 7, rutilante en su cabecera. De donde normalmente lo ves marchar mientras esperas en el semáforo en rojo de Almagro.

El día de autos no se escapó y logré subir. Pero debido al vicio de la palmera de chocolate, no llevaba más dinero que un billete de 20 euros y una moneda de 20 céntimos. Y el metrobús, guasón, agotado en la cartera. Así que a comprar el billete en el propio autobús mientras piensas en lo imposible "Que me toque un autobusero que esté buenorro tenga cambio de 20 euros".

Autobusero
Hola, Otto: no te ofendas, pero no eres mi tipo...

Y, claro, no. Lo imposible es imposible. "El cambio máximo es de 5 euros" me espetó, muy reglamentariamente. Que para eso hay un pegatina justo junto al autobusero informando de eso mismo.

¿Qué pasó? Lo que tenía que pasar: el autobús se puso en marcha (¡bien!) y yo me bajé en la segunda parada (¡mal!). Entré en un bar muy fashion (en Almagro todo es de fashion para arriba; este bar era muy fashion, pero sin llegar a super fashion) para pedir cambio, viendo de reojo el autobús, parado en un semáforo. Me dieron cambio de 20 euros en un billete de 10 euros y en cincuenta monedas de 20 céntimos. El celo del camarero con la cuenta de las cincuenta monedas es digno de elogio y el autobús se dio a la fuga.

¡Fuga temporal! Un par manzanas más adelante, el autobús estaba parado y se le iba a poner un semáforo en rojo en breve. Así que hice lo que hacen lo cobardes: correr. Cual gacela. Llegué a tiempo de coger el autobús en su tercera parada, con una sonrisa matadora, ensayada delante del espejo miles de veces (cosas de putacabrona). La cara del autobusero al verme de nuevo oscilaba entre la de superioridad absoluta y la de desprecio absoluto. Allí saqué ocho monedas del bolsillo. Su réplica fue una cara de asco absoluto, una moneda de 10 céntimos y un título de transporte absolutamente válido para un viaje. Por ese orden.

Efectivamente, en Madrid, los autobuses no tienen obligación de llevar cambio superior a 5 euros.

¿Te parece poco cambio? Pues ajo y agua. O sé un poquito previsor y ten un metrobús con viajes a mano. O cambia antes de subir al autobús.

Personalmente, me parece ridículo que el cambio se limite a 5 euros, habida cuenta de los 1,5 euros que te clavan por el billete sencillo y de que el metrobús cuesta 12,20 euros.

Es decir, un billete de 10 euros ni te sirve ni para subir al autobús ni para comprarte un metrobús. El billete de 10 euros se queda en tierra de nadie, en el territorio ignoto de los billetes de curso legal que no sirven para nada.


10 euro
Billete de 10 euros listo para imprimir y dar el pego por uno de verdad
Nunca un billete de 10 euros ha sido tan inútil.

9 de octubre de 2015

Y ahora... puesta al día rapidita

Ya sé que tengo muchas cosas pendientes de las que ponerme al día.

Porque ya hace un tiempo desde que escribí aquí por última vez. Pero no siempre se puede sacar tiempo para escribir (al menos no si eres un tanto lento al escribir, como me pasa a mí) y otras veces no apetece parar y sentarse a escribir.

Y como decían Los Panchos (hay cosas que no cambian, siempre tan actual en cuestiones musicales)... así pasan los días... Y tú desesperando.



Desesperando y, tal vez, pensando que este blog se había cerrado. Sin poner el cartel de "Cerrado por defunción", un detalle.

No. Aunque lo parecía un poco.

No habré escrito en semanas, pero sí he tenido momentos y detalles que quería compartir y escribir. Incluso los he redactado mentalmente. Pero ahí se han quedado esos comentarios, dentro de mi cabeza. Ideas, paridas mentales, ocurrencias, anécdotas... Tal vez tendría que tomar notas rápidas para evitar que las ideas se evaporen. ¿Para que está el maricuaderno si no?

Handsome guy writting
Haddoquín, inspirado por Talía
Porque desde que comenzó el verano han pasado muchas cosas. Y siguen pasando. De hecho, a veces pienso que demasiadas.

Como ya no puedo esperar más, prepárate, porque voy a soltarte unas cuantas novedades para ponerte al día. Sin miramientos, a quemarropa, que tiempo habrá para dar detalles:

1. ¡Nos compramos casa! Lo que oyes. Casa, casa; no piso; ni apartamento; ni loft. Y casa, en Madrid, significa que o tenemos una millonada o nos vamos al quinto pino. Nos vamos al quinto pino. Con lo bueno y lo malo que eso supone, sobre todo considerando que ahora vivimos bastante céntricos (que nadie tenga la brillante idea de comentar las malas, que esas ya llegarán solitas). Ya tenemos las arras firmadas y el visto bueno del banco. De aquí a poco más de un mes, mudanza (sí, planazo). La Navidad la vamos a pasar allí casi seguro.

Casa rosa
La maricasa (vista posterior)

2. Suenan campanas de boda (a lo lejos, pero suenan). O no. Porque el AMQP piensa que quien se tiene que poner de rodillas (arrastrarse, según él; a mí, lo de ponerme de rodillas como que tampoco me importa) soy yo. Y yo pienso que lo suyo sería al revés, que es él quien debería pedírmelo (y ponerse de rodillas, ya puestos, también). Y a quien le gustaría pedirle la mano a mi padre es al AMQP... Vamos que no nos ponemos de acuerdo en quien tiene que soltar eso de "¿Quieres casarte conmigo?". La verdad, a mí la mariboda (la mía, no la de Maroto) me hace ilusión. Al AMQP... psa, siendo generoso.


3. He comenzado una web-aventura. Pero no termino de concretarla. Me lie con WordPress y tuve que salir escopetado. El diseño actual de la web me gustaba, pero ahora no me convence por ser demasiado formal. Las editoriales son unas rancias y generar contenidos en un mundo con mucha competencia es muy complicado. En todo caso, no hay excusas: tengo que encerrarme y darle un empujón. Poco a poco (muy poco a poco), el proyecto va mejorando (ya se puede ver pero, por ahora, prefiero no darle publicidad porque no está muy presentable, aunque sí ha arrancado porque, si no, no lo haría nunca) y tengo las cosas más claras. ¡Pero no sé si sé hacerlas! Y si no sé, ahora mismo, con un préstamo descomunal por delante para comprar la casa, no me parece apropiado darme el lujazo de pagar a un ilustrador y a un diseñador de páginas web. Igual tengo que volver a replantearme el objetivo inicial: pasármelo bien hablando de libros y pasar un poco del aspecto visual (que se me da mal, pero también mola perder horas y horas con los códigos HTML y CSS).

Marilyn Monroe reading
Hola, Marilyn, guapa
4. Ha cerrado el bar de los musicales. Justo a la vuelta del verano. Como tantos bares, que no duran más de dos años. Éste duró tres años, pero los caminos de los dueños se han ido separando; primero personalmente; luego sus exigencias profesionales les han llevado a cerrar. Y me ha dado pena. Porque es donde empecé a conocer al AMQP. Porque es donde hemos ido muchísimos viernes: el AMQP a cantar y yo a presumir de churri y, a veces, a llorar un poco de la emoción con sus "This Is The Moment", "Stars" y "Bring Him Home"; los dos a pasarlo bien. Y porque también teníamos allí a un grupillo de amiguetes muy majos a los que, siendo realista, se hará difícil seguir viendo. Y ahora la pregunta es ¿dónde vamos a ir ahora?

Bambalinas Bar Musicales
Sombrero de copa con prupurina dorada, te voy a echar de menos

5. He ido al casting de un concurso de la tele. Y pasé el primer casting. Y pasé el segundo casting, con prueba de cámara y todo. Y me llamaron para ir a grabar. Y no grabé porque fui de suplente y no hizo falta. Y me volvieron a llamar para ir a grabar. Y volví. Y grabé. Pero tuve una actuación decepcionante (sí, así de duro merece ser el adjetivo). Y me fui a casa después de unos 20 segundos aproximadamente. Paso efímero por la tele. Claro que con ese papelón que hice, mejor que se me vea poco. No te molestes en preguntar porque, salvo en la más estricta intimidad, he firmado un contrato que me obliga a mantener en supersecretísimo lo que sucedió.


6. Me han cesado. Tranquilo. No me han echado a la calle. Solamente se ha llevado a cabo mi cese (efectivo desde el día de hoy, además). Llevaba con ganas de dimitir de un cargo accesorio desde mayo o junio de 2014. ¡Por fin! Ha habido cosas buenas, pero ya no quería seguir. Y sin querer dedicar esfuerzos a algo, no se debe seguir ocupando un cargo. ¡Libre! De vuelta a mi escondrijo-despacho. Con capacidad de decidir qué hacer con mi tiempo.

Básicamente, esto vendría a ser una buena puesta al día, ¿no te lo parece?



¡Muy buen finde!
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