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La hora de la muerte

¿Qué harías si supieses cuanto te queda de vida? Con exactitud. En días, horas, minutos segundos. Toma pregunta. ¡Para que luego se diga que estamos en un blog frívolo!

La semana pasada el AMQP (si a estas alturas de la vida no sabes que estamos hablando del Algo Más Que Pretendiente y actual marido, apaga y vámonos) estaba tumbado, pertrechado con el ganchillo y viendo en la tele una película de miedito llamada Countdown: La hora de tu muerte.

El cartel de la peli. Y aquí tienes el enlace al trailer, pero si luego tiene pesadillas...

A mí, las pelis de miedito no me gustan. Si dan sustos, porque son un sinvivir. Si son de sangre y vísceras, porque son malongas y desagradables. Sólo las encuentro un aliciente: hace unos años, ya no recuerdo dónde, leí o escuché que, en contra de lo que muchos creíamos, ver una peli de miedo con tu churri (en el nivel de avance que sea) aumenta las posiblidades de fiesta más que una peli romántica. Y ante ese hecho científico, chato, cabe reconsiderar el papel de las pelis de miedo en tu vida.

Dejando al margen mis espectativas (e incumplidas, ainsss) amorosas postpeliculeras, como en esta casa es el AMQP quien tiene (y sabe manejar, detalle esencial) los mandos de la tele, no me quedó más remedio que ver la película. Así, como resumen, te la resumo: una rubia (y gilipollas redomada) se baja una aplicación en el móvil para que le diga cuanto le queda de vida. Solerda, ¿qué esperas haciendo eso? Problemas. Si es que no debes bajar cosas raras en el móvil... Pues eso. Y su hermana, igual de mamarracha, también. Y uno, que se convierte en su medio amigo, novio, también. La peli es mala, por supuesto. Y una subtrama que tiene con un jefe acosador, también. Por supuesto, no falta el momento, en el que uno está a punto de acabar con alguien y se entretiene hablando y, adiós plan... Por supuesto, la prota acaba dando esquinazo a la muerte con una justificación cogda muy por los pelos, pero como es una peli y tiene que acabar, tampoco pidas mucha coherencia a la cosa. La peli no te va a dejar ninguna huella, ni ningún poso...

Tom Segura (¿algún primo de Santiago?) es lo único de la peli que te podría dejar un poco de poso


Ningún poso... salvo que te pase como a mí, que unos días después, cogiendo el bólido, viendo la hora en el salpicadero, me vino a la mente la película y me puse a pensar en qué haría yo de saber cuanto tiempo me queda de vida. Porque que nos vamos a morir, lo sabemos todos, pero (salvo excepcioes) no el cuando.

Y yo, que tardo cero coma en ponerme a perder el tiempo, me puse a divagar y llegue a las siguientes conclusiones:

1. Saber que me queda un periodo de tiempo moderado, pongamos entre un par de semanas y medio año, creo que no me gustaría. Es verdad, pensarás, que así te da tiempo a poner en orden alguna cosa pendiente y tal. Pero en mi caso, creo que no. Los papeles los tengo todos bastante en orden y creo que no tengo nada que me exija tanto tiempo para hacer nada (o para hacer algo que merezca la pena). En cambio, la certeza de una muerte más o menos próxima me causaría mucha zozobra; y como no me lo callaría, creo que también a mi entorno. Vamos, que el saldo lo veo negativo.


Saca la mariagenda y anota la fecha, cari

2. Saber que me quedan tropecientos años... Si me lo fías a tan largo plazo, no creo que saber la deadline me aportase gran cosa, salvo la circunstancia de tener que pasar por el periodo de tiempo moderado de espera/preparación del punto 1 que no me atrae nada.

3. Si el plazo de caducidad venciese en un día o unas horas... Ahí, sí, a día de hoy, lo tengo claro: sí me gustaría saberlo; es un plazo corto que habría que utilizar con diligencia, de manera efectiva, pero lo vería como un privilegio.

¿Que qué haría? Igual me podía haber dado por no privarme y darme algún supercapricho o lujazo, pero, no, lo tuve (y tengo) claro: a los que quiero y están lejos (algunos amigos y compis de trabajo), les llamaría por teléfono para decirles que les quiero (lo del que "Hola, me muero en un rato", se lo diría o no dependiendo de lo que se pueda poner de pesado el interlocutor, que el tiempo no estaría para derrocharlo con lamentos). Y sobre todo, aprovecharía ese tiempo para estar en paz con quienes quiero y están al lado: AMQP, padres, hermanos y algún amigo. Para estar tranquilos con ellos y decirles que me he sentido (al menos hasta ahora) siempre muy querido y afortunado.

Lloraría, sí, mucho, pero espero que llegaría a algun momento de serenidad y entonces es lo que haría; estaría con ellos (y con los chuchos que hubiera por casa en ese momento), y me dejaría ir, tranquilo y feliz.

Comentarios

  1. Ay que tema más chunguerooo...pues yo al igual que tú dependería del plazo. Como fuese corto, pasado el periodo de acojonamiento -con perdón- no me quedaría otra que morirme, porque el mentado acojone iba a ser tanto-tanto-tanto, que no me iba a dar tiempo a entrar en la cosa esa de paz interior y tal a tiempo de hacer nada más antes de palmarla. Pero supongamos que tengo la suficiente entereza y fuerza de voluntad necesarias para afrontar el trago con serenidad y valentía: ( ¡noooooo, no las tengoooooo!) creo que en esas circunstancias todas las pequeñas cosas de la vida a las que normalmente no damos importancia cobran un atractivo especial porque ya NO vas a poder disfrutarlas más, así que yo creo que................que pensándolo bien, ¿porqué tener que pasar por el trago de saber cuanto estiro la pata para sacarle el partido a todo eso?
    ¡A disfrutar desde ya la vida a cascoporro se ha dicho, jajaja!
    ¡Un abracete!
    PD: Y añadiré que a mi las pelis americanas malonas de miedo no-sanguinolientas donde post-adolescentes tontainas las pasan canutas me suelen encantar, por aquello de que el encefalograma plano hay que entrenarlo, jajajaja. Que no van a ser todo esfuerzos intelectuales y transcendencias, como supongo diría Belén Esteban.

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    Respuestas
    1. Sabiendo el plazo o sin saberlo, el resultado en buena parte es el mismo: que cada minuto que pasa, cad hora que pasa, cada día que pasa... es pasado, así que, sí, un poco de Carpe Diem.
      PD. Por lo menos, en esas pelis, no te engañan: sabes que van a ser malas, malas, malas desde el principio; pero las que tienen pretensiones más profundas, o las que se basan en hechos reales...

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  2. No me gustan las pelis de terror, no disfruto con los sustos y soy aprensivo con la sangre ajena (pero curiosamente no con la propia), así que lo más terrorífico que me he tragado con gusto es Elvira, Reina de las Tinieblas.

    Sobre la idea, no es una cosa que se me haya ocurrido pensar. Y eso que el año pasado cumplí los 40, que viendo que la esperanza de vida media ronda los 80 ya es mejor descontar los años que quedan para mí muerte que contar los que han pasado desde mi nacimiento. Quizás lo único que haría es poner en mi testamento las contraseñas de cuentas de correo y redes sociales varias para que las den de baja.

    Un saludo.

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